Hay lazos que se van aflojando hasta soltarse y otros que, sin embargo, se hacen más fuertes cuando vives fuera. Hablo de lazos con personas y también de lazos con rincones y sensaciones. Paradójicamente, al estar lejos se hace más intenso el lazo con tu país de origen, que acaba siendo el cordón umbilical de todo emigrante. No te das cuenta de lo increíble que es (ni de lo mucho que necesitas estar unido a él de alguna manera) hasta que lo observas desde el extranjero.

Cuando vives en el extranjero, lejos de tu país, casa, familia, amigos y también del queso manchego, echas de menos cosas que nunca imaginaste… Mi marido, por ejemplo, sueña con unos buenos mejillones en escabeche de los de la lata redonda, y yo echo de menos salir de trabajar y cruzar el paseo de la Castellana de noche y el primer trago de una caña muy fría y bien tirada bajo el increíble cielo de Madrid, con unas tapitas, mis amigos llorando de la risa y todos hablando en voz muy alta.

Expat Osorno

Y eso que es más fácil estar lejos hoy en día que años atrás. Las redes sociales acortan las distancias y puedes estar-sin-estar. Pero hasta que llegue el día en que te puedan pasar una caña por Skype o darte un abrazo por Facebook, echaremos de menos muchas cosas porque todavía conservamos el cordón umbilical que nos ata a nuestros orígenes.

He preguntado a 100 españoles que viven en Chile qué es lo que más añoran (más allá de familia y amigos). Y esto es lo que me han dicho:

¡Los bares!

Son los claros ganadores de este ránking, por goleada… Para el 80% de los encuestados, lo que más se echa de menos estando fuera son los bares, con todos sus complementos: salir a tomar una caña con los amigos, el bullicio, las terracitas, el tener un bar en cada esquina donde tomarte una caña o una café. Las barras de los bares, y, en definitiva la vida en torno a ellos (“no hay como el calor del amor en un bar”…):

  • Marta echa de menos “las cañas después del curro en baretos con el suelo lleno de servilletas y pieles de gambas… y los chiringos playeros”.
  • Jorge, mi vecino, echa de menos salir a la calle y tener un bar en cada esquina donde tomar una caña o un café, en la barra. Y echa de menos la gente, porque “en España, siempre hay gente en la calle”.  Y Ana, mi salvavidas, echa de menos “simplemente España”.
  • Maria Jesús: “Quedar con los amigos en un bar, tomar unos vinos o unas cañas y que cualquiera hable contigo o te sonría porque sí”.
  • Francisco Javier: “Los bares donde desayunas, almuerzas, cenas, tomas un café con una tostada, una caña con aceitunas…ese punto de encuentro”.
  • Patricia sueña con una copa en vaso de balón con mucho hielo y bien preparada.

El ambiente

…en todas sus formas. El olor, el cielo, el aire, las calles, las carreteras, los pueblos y, sobre todo, la forma de vida y el carácter, todo lo típico español y que no aprecias hasta que no está a tu alrededor ni disponible. Casi todos echamos de menos la vida en las calles y la alegría de vivir.

  • Bea echa de menos el ambiente, la naturalidad de la gente, y, cómo no viniendo de alguien que se dedica a la moda, el estilo.
  • Daniel y Agata: “¡Las carreteras! Y el ambiente, la calle, la animación de la vida en España”.
  • Miguel y Susana echan de menos “callejear por Madrid o por cualquier ciudad” y “salir a andar sólo por pasear, sin tener que ir a ningún sitio”.
  • Gema: “El humor y las conversaciones divertidas”
  • Maria José: “Hablar y hablar”
  • Ana: “La alegría, el positivismo; la actitud ante la vida”.
  • Jose Ramón añora el olor, porque “España huele distinto…”.

La comida

…en todo su esplendor y en todas sus formas: Comidas, productos, el supermercado, las tapas, los restaurantes… porque, como decía Ludwig Feuerbach, “somos lo que comemos”. Bocadillos de jamón con tomate, gambas de Huelva (con cabeza), la paella, los quesos, el café, el chorizo, las croquetas, el cocido montañés y el madrileño, las anchoas, las gulas, el Trina, el Cacaolat, el pisto riojano, la sidra, un buen cubata en copa grande, el olor de la comida casera, las tapas, las aceitunas, los guisotes y un largo etcétera.

  • María dice que echa en falta “las latas de pimientos y la variedad de quesos a un precio asequible” (en Chile son prohibitivos).
  • Jose Ramón: las panaderías, los Donuts y los cuernos de chocolate. Él e Irene se abalanzan sobre galletas María, Fontaneda, Marbú y Príncipe en cuanto pisan suelo español, justo antes de salir de copas hasta las mil.
  • Roberto, Laura y Eva echan de menos… ¡el supermercado! Y es que muchos (casi todos) vuelven de las vacaciones con las maletas llenas de todo tipo de productos escondidos en la maleta… Pasar la aduana es un riesgo que se asume sin dudar ante la satisfacción de organizar una cena “typical Spanish” con los amigos.

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Echamos de menos también cosas tan curiosas como las persianas, el transporte público, el empedrado de las calles, las carreteras, la sanidad, la atención en los comercios, la profesionalidad en el sector servicios, la libertad de dejar o no propina, la gente que dice las cosas a la cara, las noches de verano sin chaqueta…

Pero lo que más se echa de menos es estar y vivir España, y a los españoles, escuchar un ¡hola! lleno de alegría bajo el cielo de casa, con el olor y el sabor de lo tuyo y con todas nuestras eses, uves, ces, eñes y zetas.Y es que España, cuando se siente desde fuera, se hace todavía más tu casa.

 

Blanca Rodríguez Laínz es emigrada en Chile desde febrero 2016 y autora del blog www.unpuntodevista.es