Nadie te entiende como quien ha vivido tu misma situación. Y por eso, los expats necesitamos a otros expats. No es que el resto no sean tus amigos, no. No es que con tus amigos en España no tengas conexión, ni que falte feeling con los locales de tu país de acogida. Pero es que con otros extranjeros que, como tú, van cambiando de destino… creas un vínculo increíble.

Si no, ¿Cómo se explicaría que mantengas tanto contacto con otras personas que viven en el extranjero, a miles de kilómetros del país en el que estás? ¿O que cuando estáis en el mismo lugar, no os desenganchéis? ¿Por qué en apenas unas semanas sois como hermanos separados al nacer?

Con este tipo de amigos extranjeros se comparten muchas circunstancias. Con ellos, se da por sentado que los viajes son cansados, que hay momentos de bajón, que no tienes un plan de vida a varios años vista, que volver a casa por vacaciones es genial pero hay bastantes “peros” agridulces y no- pasa-nada-por-admitirlo, que el síndrome post-vacacional se multiplica por tres, que las pequeñas victorias del día a día te saben a gloria, que tu vida en el extranjero no sólo te interesa por el trabajo, que eres capaz de hacer un viaje de 7 horas para ver a unos amigos que están en la otra punta del país…

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Expat-busca-a-expat porque se entienden, porque comparten plan de vida, porque saben lo que es adaptarse a un país y adaptarse a otras personas, entienden lo que es acompañar a alguien a la otra punta del mundo, te apoyan para empezar de cero y saben lo que es vivir los mejores momentos de tu vida tan lejos de donde se supone que deberías estar. Sólo otro como tú puede entender que odies Skype y al mismo tiempo lo ames (y ya sólo lo uses con aquellos más importantes). Alguien que también vive en otro país sabe lo que son las despedidas y los reencuentros y entiende que unas semanas puedas tener un nuevo amigo del alma, porque las relaciones se intensifican.

Los extranjeros construimos nuestras vidas y nuestras casas en el lugar de acogida, con ilusión pero sabiendo que no serán para siempre. No nos hemos casado con ningún país. No somos inmigrantes establecidos en un nuevo país, somos inmigrantes que estamos una época en un país pero es probable que saltemos a otro, y eso es precisamente lo que nos une. Descartamos llamarnos turistas porque nosotros nos quedamos, somos residentes hasta que otros proyectos nos lleven a otro destino. Compartimos acentos extraños, nos reímos de las mismas cosas y a menudo nos interesamos por temas similares. Bebemos mucho juntos.

Sin embargo, por muy adaptados que estemos y por mucho que hayamos hecho nuestro ese lugar, se nos ve en la cara la temporalidad… y los locales saben que nuestra permanencia acaba con un billete de avión y que en algún momento nos ayudarán a hacer la mudanza. Por eso es complicada la relación local-extranjero
Y por eso, los que como nosotros son inmigrantes-de-unos-pocos-años-en-cada-país, saben lo que es no ser de ninguna parte: de tu casa por supuesto que ya no eres, pero con toda probabilidad tampoco serás de otro sitio. Serás una persona que acumule lugares especiales y casi-casas. Y tendrás la suerte de que te acompañen otros acumuladores.

De un extranjero como tú, que cambia de país, te despedirás sabiendo que será complicado que os volváis a ver pero lo que os unió fue crucial para ambos. Pero si lográis reencontraros, será como si nunca os hubierais separado. Así es la amistad de extranjero a extranjero.

Nina Tramullas es ex emigrada y editora de 0034 Código Expat