Cuando vivimos en el extranjero, nuestra forma de viajar cambia radicalmente.

De pronto vamos a pasar el fin de semana a sitios de los que nunca antes habíamos oído hablar, no nos importa explorar, planeamos paseos por barrios de nuestra ciudad que ni si quiera habíamos cruzado y organizamos rutas algo alternativas en busca de… lo auténtico.

Por eso, cuando vemos a nuestros amigos en España irse de viaje, cargando con ellos una ambiciosa lista de cosas que tienen-que-ver-sí-o-sí en su viaje, nos entran los calores. Se ponen demasiadas tareas, paradas y vivitas…. con el objetivo de aprovechar al máximo, claro. Pero a nosotros nos suena agobiante. Y no es que no los entendamos. Es normal que trabajando en España durante todo el año, aprovechen sus días de vacaciones para poder viajar. No condenamos sus ganas, sino su manera de hacerlo.

Cuando vivimos en el extranjero, nuestra forma de viajar cambia radicalmente.

Hemos aprendido que no sólo es cuestión de variedad y cantidad, sino de conseguir entender más.

Estando lejos (y probablemente sin el apoyo de las personas que nos han conocido por más tiempo), buscamos airearnos de nuestra rutina y nos apuntamos a los planes más inimaginables logrando casi sin darnos cuenta una inmersión en todas las capas de nuestro país de acogida. Para profundizar en él, recuperamos el verdadero sentido del viaje y planificamos escapadas menos típicas, menos atiborradas y menos estresantes que -paradójicamente- nos permiten ver mucho más.

¿Cómo si no seríamos capaces de pasarnos cuatro días en un pueblo que -según la guía de viaje que por alguna razón sigues consultando- no merece más que medio día de visita? ¿Cómo cogeríamos diferentes medios de transporte, con transbordos y todas las incomodidades habidas y por haber para ir a un lugar que ni siquiera sabemos si es interesante? ¿Cómo si no fuéramos flexibles podríamos modificar nuestra ruta a nuestro antojo y según lo que nos encontremos por el camino?.

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Cuando vivimos en el extranjero, nuestra forma de viajar cambia radicalmente. Estamos en contra de ese turismo de ‘tachar de la lista’, turismo de check and done, sin tener en cuenta las experiencias que nos encontramos al viajar. No contamos monumentos, sino cuánto nos hemos metido en su historia.

Los que vivimos fuera tenemos la oportunidad de estar ahí y trasladarnos a lugares a corta o media distancia sin cruzar medio mundo, lo que juega a favor de la sostenibilidad y evita aumentar la huella de carbono del sector turístico

Durante nuestras visitas somos más conscientes de que hay que cuidar el entorno porque -de otra forma- estaríamos dañando nuestra nueva ‘casa’. Vivimos ahora muy cerca de ese sitio, lo sentimos en parte nuestro y lo queremos proteger. Sabemos más cosas de la cultura local y por lo tanto sabemos interactuar mejor con locales, preguntarles sobre sus hábitos diarios, profundizar sobre sus costumbres, interesarnos por ellos y saciar nuestra curiosidad. Intentamos huir de esos hoteles que enfatizan las murallas entre locales y turistas y las desigualdades entre ambos.

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Visitamos proyectos sociales y nos preocupamos por fomentar la economía local. No, no subas a ese elefante domesticado. Haz la excursión caminando y visita luego un orfanato de elefantes. ¿Ves la diferencia?.

Sí, hemos decidido que no sirve de nada ir con la lengua fuera para visitar cuantos más sitios mejor y acumular cientos de fotos, si luego no nos acordaremos ni dónde fueron tomadas. Preferimos tener una serie, un reportaje con imágenes de tonos similares y que la información nos la den los matices de una mirada pausada, antes que un mosaico de impresiones muy contrastadas. No queremos un collage de ideas triviales que sólo duran el disparo de un flash.

 

Ion es Socio de In2Light, empresa de servicios en India (entre ellos el turismo)