A pesar de las dificultades que el escenario económico, social y político presentaba, Brasil cerró este domingo los primeros Juegos Olímpicos celebrados en sur América dejando muy buen sabor de boca tanto a los participantes como a los visitantes y espectadores.

Días antes de la inauguración del macro evento deportivo, muchas eran las dudas acerca de la capacidad organizativa de este país para sacar adelante un acontecimiento de semejante envergadura. Se registraron problemas con las instalaciones, el transporte, las infraestructuras básicas, etc. Y, sobre todo, un malestar ciudadano que, a pesar del evento, salió a la calle para rechazar las medidas del gobierno interino de Michel Temer.

Las primeras sorpresas llegaron durante la ceremonia de inauguración, que dejó a los espectadores boquiabiertos por su arte y simbolismo y, además, realizado con un presupuesto menos desorbitado que en ediciones anteriores. Poco a poco, la prensa internacional cambió su discurso sobre el país y no tuvo más remedio que corregir sus propias palabras. Tanto atletas, como turistas y espectadores han disfrutado del campeonato de más alto nivel y se han ido satisfechos y felices.

Una encuesta realizada por la prensa nacional señala que a un 87% de los turistas que ha recibido Brasil le gustaría volver, y el 83% declaró que su visita superó sus expectativas. Los visitantes extranjeros calificaron de manera positiva la organización general de los Juegos y el transporte, mientras que la alimentación estuvo entre los servicios peor valorados.

De acuerdo con datos oficiales, 541.000 turistas extranjeros entraron al país desde el 1 de julio hasta el 15 de agosto. Sólo en la primera quincena de agosto, los visitantes fueron 231.000.

El medallero

Estados Unidos dominó el podio con 46 medallas de oro, exactamente la misma cantidad con la que encabezó los Juegos de 2012 en Londres. La sorpresa la dio Gran Bretaña, que con 27 oros desplazó a China del segundo lugar por sólo una dorada de diferencia. Sin embargo, en total fueron 12 menos que hace cuatro años.

España, por su parte, cerró el campeonato con siete medallas de oro, más que en ninguna otra cita olímpica si se excluye Barcelona 92, donde la cifra casi se dobló (13).

Finalmente, el anfitrión fue el país de latinoamericano que consiguió más medallas. La más representativa, quizás, la de la selección de fútbol comandada por Neymar que logró la primera medalla olímpica para su país en esta disciplina. Para Brasil, el evento termina con un balance más que positivo, no sólo por las medallas sino también por haber recuperado su imagen internacional y evaporado el pesimismo que destilaba. Este domingo tomó el relevo Tokio, que celebrará la próxima cita olímpica en 2020.

De vuelta a la realidad

El sueño olímpico dura poco. Años de preparación que terminan en 15 días. Este semana el pueblo brasileño ha vuelto a la realidad, y no a una cualquiera. Hoy jueves comienza en el Senado la etapa final del juicio político contra la presidenta apartada de su cargo, Dilma Rousseff.  Si los votos de la oposición terminan relegándola definitivamente, el hasta ahora presidente interino, Michel Temer, gobernará el país hasta el próximo 2018.