Corría 2009 cuando Brasil se convirtió en el país elegido para acoger a los Juegos Olímpicos que arrancan el próximo 5 de agosto. En aquel entonces el país suramericano vivía un optimista momento político y económico, que situó al país entre los mejores del cono sur.

Sin embargo, la celebración del evento deportivo, que implicará la llegada de unos 500.000 extranjeros, se dará en un Brasil muy distinto; un anfitrión que, lejos de convertirse en una nueva potencia económica mundial, se perdió en una profunda crisis política y social.

Los brasileños y brasileñas han visto como -en pocos meses- su presidenta, Dilma Rousseff, quedaba suspendida del cargo, relegada, a la espera de que se celebre un juicio político por una presunta violación de las normas fiscales con el objetivo de maquillar el déficit presupuestario. Para algunos es un golpe” de Estado camuflado; para otros, un juicio en clave política. Pero lo cierto es que, más allá de las críticas a la presidenta y a su gestión, la corrupción es todo un tema en el país. El escándalo de la estatal Petrobras ha salpicado a políticos tanto de derecha como del Partido de los Trabajadores y, en este contexto, se sospecha también que parte del presupuesto destinado a las obras olímpicas y a la preparación del evento, que el Comité de Organización en Río calculó en casi nueve mil millones de euros, haya sido destinado a otros propósitos. Hace tan sólo unas semanas, Río se declaró en estado de emergencia financiera.

Los trabajos para finalizar las obras en la Villa Olímpica han tenido que realizarse a contrarreloj para tenerla lista para acoger a los más de 10.500 atletas de los 207 países participantes. Este acelerón de los preparativos se ha producido después de que los primeros deportistas en llegar a Río criticaran el estado de las instalaciones apuntando a problemas de agua, electricidad, gas y suciedad.

La Embajada de España en Brasil ha actualizado sus recomendaciones de viaje  a este país, con motivo de la celebración de los Juegos. Un total de 306 deportistas representarán a España en 25 especialidades, sin contar los equipos de profesionales que viajan con ellos (ni los muchos otros que trabajan para otros equipos olímpicos), ni otros implicados que van al margen de las delegaciones, como medios de comunicación, publicidad, traductores, etc.

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Protestas en la calle

La macro competición coincidirá en el país con un intenso período de protestas. Movimientos sociales y políticos preparan una gran jornada de movilización contra el gobierno interino de Michel Temer. La manifestación se llevará a cabo en Río de Janeiro el mismo día en el que comenzará la competición de los Juegos Olímpicos.

Además, el desafío político no es el único que afrontan los brasileños y brasileñas. La epidemia del virus Zika y la amenaza terrorista, que hasta la semana pasada no había afectado a ningún país de la región latinoamericana, se convirtieron en nuevos focos de preocupación. Las autoridades brasileñas anunciaron que en la capital se desplegarán unos 85.000 efectivos de seguridad.