La popular fiesta de la cerveza, el Oktoberfest de Múnich, arrancó el sábado con el despliegue de un total de 600 agentes de seguridad, cien más que en la anterior edición y 450 ayudantes, 200 más que el año pasado. El popular evento, que se llevará a cabo hasta el 3 de octubre, prevé contar con más de seis millones de asistentes.

Las autoridades han decidido extremar las medidas de seguridad a raíz del tiroteo al centro comercial en la ciudad durante el pasado mes de julio, así como los ataques sucedidos en la región: la explosión suicida de Ansbach y la agresión con un hacha a pasajeros de un tren regional de Würzburg.

Por este motivo, desde el pasado sábado se prohíbe el acceso al recinto con mochilas y bolsas grandes y se realizan estrictos controles a los visitantes en los puntos de ingreso. Igualmente, se ha vallado el recinto en el que se instalan las carpas de la feria y se han instalado bolardos para evitar la entrada de automóviles o camiones. Asimismo, se ha incrementado en una decena el número de vídeo-cámaras de seguridad, pasando de las 19 actuales a un total de 29 vídeo-cámaras.

El plan especial de seguridad fue presentado por el vicepresidente de la Policía de Múnich, Werner Feiler, durante de una rueda de prensa en la que manifestó que aunque se parte de la base de que hay “un riesgo abstracto elevado”, no hay “ningún indicio que apunte a un peligro concreto”, según recogieron varias agencias de información.

El primer fin de semana, el Oktoberfest congregó a medio millón de personas que, equipadas con paraguas e impermeables, y a pesar de la lluvia y las temperaturas frescas, formaron largas colas desde antes de las 7 de la mañana (hora de apertura al público de la fiesta) para poder ingresar en el predio.