Los Castells, uno de los símbolos más célebres de la cultura catalana, comenzó en Valls (Tarragona) hace más de 200 años. Ahora, esta tradición de construir torres humanas en las plazas se ha empezado a extender por el resto del mundo, sobre todo en ciudades donde el número de emigrantes catalanes es elevado. Londres, París, Montreal o Copenhague son algunas de las capitales donde han proliferado las “colles castelleres” (agrupación de personas que forman los Castells).

Con el objetivo de unir fuerzas y darse más a conocer entre los extranjeros, los próximos días 17, 18 y 19 de junio tendrá lugar en Londres la primera “Diada Castellera Internacional”, un encuentro que reunirá a las “collas” de París y de la capital inglesa. Durante todo el fin de semana tendrán lugar actividades en diferentes localizaciones de la ciudad relacionadas con el mundo de los Castells, tradición que en 2010 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Esta primera edición del encuentro también servirá para abordar los retos de las “collas” fuera de Cataluña. Entre las principales dificultades figuran tener que llevar adelante sus actividades en un país donde el desconocimiento de la tradición castellera es total o donde no hay apoyo por parte de las instituciones, informa el diario Naciódigital. Cada agrupación vive una realidad distinta según el país en el que se encuentra. Algunas “collas” en el extranjero hacen talleres esporádicos mientras que otras logran levantar Castells de manera más o menos regular.

Según Naciódigital, el objetivo es hacer que la cita se celebre de forma anual y que vaya trasladándose por diferentes ciudades del mundo donde haya una “colla castellera”.

Sobre los Castells

Los Castells son torres humanas levantadas tradicionalmente en las plazas donde se encuentra el Ayuntamiento de la ciudad o del pueblo para celebrar alguna festividad en Cataluña. Colocándose sucesivamente unos encima de los hombros de los otros, los “castellers” forman torres humanas de seis a diez pisos. Los grupos de “castellers” se diferencian por su indumentaria, y más concretamente por el color de sus camisas. Antes y después de que se forme el Castell, los músicos ejecutan diversas melodías populares con una dulzaina llamada “gralla”, que acompaña también el ritmo de construcción de la torre a medida que se va levantando.