El Tratado de Libre Comercio e Inversión entre la UE y Estados Unidos (TTIP, por sus siglas en inglés) y que actualmente se está negociando está recibiendo más críticas que nunca. Aunque siempre ha estado rodeado de polémica, cada vez son más países los que piden que se cancele. El último en sumarse ha sido Francia. El presidente galo, François Hollande, anunció ayer que pedirá formalmente a sus socios europeos que se ponga fin a las conversaciones.

Hollande solicitará el fin “puro, simple y definitivo” de las negociaciones porque considera que no están equilibradas. “Las posiciones no se han respetado, el desequilibrio es evidente”, lamentó Hollande. Hasta ahora, siempre se ha pretendido que las negociaciones se pacten antes de que acabe el mandato del presidente estadounidense, Barack Obama. No obstante, y pese a que en la última cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del pasado junio los líderes europeos apoyaron de forma unánime mantener las conversaciones, ahora ni París ni Berlín lo tienen tan claro.

“Francia prefiere mirar las cosas de frente y no cultivar la ilusión de que se podría concluir un acuerdo antes del fin del mandato del presidente estadounidense”, declaró Hollande. El Secretario de Estado del Comercio Exterior del mismo país, Matthias Fekl, secundó las palabras del presidente francés, lamentando que desde el comienzo, las negociaciones siempre se han llevado a cabo “con opacidad” y han generado “mucha desconfianza y miedo”.

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Francia pondrá su postura sobre la mesa en la reunión informal que mantendrán los ministros de Exteriores y Comercio de los Estados miembros en Bratislava (Eslovaquia) próximamente. No obstante, no se descarta que esta cuestión también planee en la próxima reunión de líderes europeos que tendrá lugar también en la capital eslovaca el 16 de septiembre, en que abordarán el futuro de la UE tras la salida del Reino Unido.

Fekl ha defendido el papel hasta de la Comisión Europea y considera si las negociaciones fracasan es porque “los estadounidenses nos dan nada o nos dan migajas”. “Así no se negocia entre aliados” y “las relaciones entre Europa y Estados Unidos no están a la altura”, ha añadido.

Las declaraciones desde París se unen a las del vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, quien aseguró anteriormente que el proceso de negociación se da “de facto por fracasado”. Estas palabras fueron luego matizadas por la canciller alemana, Angela Merkel, quien se mostró aún optimista en las negociaciones. Sin embargo, nunca se ha mostrado una entusiasta del acuerdo a causa de la fuerte oposición de la población alemana y ya ha admitido “diferencia de opiniones” entre Washington y las capitales europeas.

Por qué el TTIP es importante

El acuerdo entre Estados Unidos y la UE siempre ha estado rodeado de polémica. Cuando Bruselas y Washington anunciaron el inicio de las negociaciones ahora hace tres años, muchas organizaciones temieron que se redujeran los estándares europeos que, en muchos casos, sobre todo en derechos laborales o el medio ambiente, son más estrictos. El acuerdo pretende reducir la presión arancelaria, permitir el acceso al mercado de ambos lados del Atlántico y la regulación de las normativas. Ambas potencias ya tienen relaciones comerciales favorables, pues los aranceles a los productores norteamericanos no sobrepasan el 2%.

No obstante, el acuerdo movilizaría el capital de dos potencias que representan casi la mitad del PIB mundial intercambian bienes y servicios por un valor de 2.000 millones de euros anuales

Según cálculos de un estudio de la organización londinense Centre for Economic Policy Research, los hogares medios europeos obtendrían cada año un beneficio de 545 euros, y un impulso de la economía europea del 0,5% del PIB, lo que supondría 120.000 millones de euros al año al aplicarse plenamente el acuerdo.

Según el Secretario General español de Comercio, Jaime García-Legaz, el tratado generaría en España la creación de hasta 143.000 puestos de trabajo nuevos en el medio plazo y un aumento de la renta por cápita del 6,6% a largo plazo. Pese a ello, muchos expertos y organizaciones no se ponen de acuerdo cuán positivo puede llegar a ser un acuerdo, ya que hasta ahora las posiciones entre ambas potencias se han mantenido muy alejadas en cuanto a las condiciones.