Los líderes de Tailandia y Malasia acordaron el viernes impulsar una cooperación de seguridad y considerar la construcción de una valla en su porosa frontera con el objetivo de combatir la delincuencia transnacional.

Durante años ha florecido el tráfico de personas, así como el contrabando de gasolina y medicamentos, a lo largo de su frontera común. Otra de las cuestiones que mantiene en vilo a ambos países es el terrorismo, ya que según los analistas, los insurgentes que operan en el extremo sur de Tailandia utilizan Malasia como base para lanzar y planificar sus ataques.

La visita a Bangkok del primer ministro malasio, Najib Razak, llega tras los tres atentados con bomba en el sur de Tailandia del mes de agosto. La policía tailandesa ha vinculado estos ataques a los separatistas musulmanes de las tres provincias del sur (Pattani, Yala y Narathiwat) que formaban parte de un sultanato musulmán malayo independiente hasta que Tailandia los anexó en 1909.

Desde 2004 los separatistas musulmanes que operan en la zona han librado una insurgencia que ha acabado con la vida de alrededor de 6.500 personas. Los atentados sin embargo no son comunes fuera del extremo sur de Tailandia.

Los detalles sobre la construcción de la valla fronteriza, sobre la que ambos países discuten desde el año pasado, todavía no han sido resueltos. El asunto “está bajo consideración” dijo el primer ministro de Tailandia Prayuth Chan-ocha. Todavía queda determinar las dimensiones físicas de la valla y el reparto de los costes.