Si hay un lugar en Chile donde uno puede sentirse como en España ese es el ‘Bar de La Ostia’. Basta con echar una ojeada rápida a su carta: patatas bravas, pulpo a la gallega, croquetas de jamón, callos a la madrileña o pinchos que combinan fórmulas típicas españolas con ingredientes propios de la cocina chilena son algunas de las propuestas gastronómicas que ofrece este restaurante de tapas españolas situado en pleno Santiago de Chile. Todas ellas pueden ir acompañadas de bebidas que van desde la tradicional sangría hasta la popular cerveza Estrella Damm, pasando por el pacharán como digestivo. Eso sí, para vino, el chileno, que goza de alto reconocimiento y es amigo del buen paladar.

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Ubicado en un céntrica calle peatonal, en pleno barrio de Providencia, uno de los más repletos de locales para tomar copas, el establecimiento ha fidelizado a un público muy diverso en sus doce años de historia. Desde trabajadores que se pasan a por algo rápido al mediodía a aquellos que necesitan evadirse un rato después de nueve horas en la oficina. Y no faltan las familias que aprovechan el fin de semana para saborear alguna de las tapas del restaurante.

El artífice de todo esto es Edgar Litran, barcelonés de 43 años, con estudios de teatro y producción en cine y también gran amante de la cocina. Salió de España hace 19 años para disfrutar de un año sabático en la otra parte del mundo. Chile fue su destino porque tenía parientes lejanos allí. Desde que decidió dar el paso de emigrar, su vida ha girado prácticamente en torno a la gastronomía. Sólo cuando llegó se dedicó unos años a ejercer como productor en la televisión nacional, pero las malas condiciones laborales lo empujaron a emprender su propio negocio en el ámbito de la restauración.

La primera experiencia que Edgar tuvo en el mundo de la restauración, cuatro años después de su llegada a Chile fue la de montar un bar: ‘El Barcelona’, en homenaje a su ciudad de origen. “Fue el primer local de tapas en Chile. En Santiago, siempre había habido restaurantes españoles con algunas tapitas pero nunca un bar exclusivo de tapeo”, apunta Litran.

Lugar de encuentro entre españoles

Uno se da cuenta a simple vista de que si tienes ganas de conocer nuevos compatriotas, el ‘Bar De La Ostia’ es siempre una buena opción. De hecho, más allá de la gente con la que uno pueda llegar a coincidir -que es mucha porque suele estar a rebosar-, el local tiene otros dos elementos importantes para el español de bar y que son muy difíciles de encontrar en otros locales: la enorme barra y la amplia terraza en forma de ele.

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“El taburete en la barra y el poder tirar la servilleta al suelo son las cosas que más me gustan de este bar. Te sientes como en casa”, opina Alberto, un vasco que lleva 16 años en Chile y que se convirtió en fiel cliente de las tapas de Edgar “desde el primer día”, reconoce.

El ‘Bar De la Ostia’ tiene muchas particularidades que atraen a los españoles que viven en Santiago en ese afán, tan normal a veces, de matar la nostalgia de casa. Para empezar, la música que se escucha es siempre española

Depende del momento del día, se puede escuchar desde Manel a Ketama; Lluís Llach a la hora de comer; hasta Antonia Font, Lax’n’Busto o Love of Lesbian. Ahora, “eso, sí, -subraya el propietario- en los baños solo suena Albert Pla”.

Edgar se encargó de plasmar en muchos detalles sus orígenes catalanes. Más allá de la música, el local luce un vistoso mensaje de bienvenida en catalán, ha popularizado al ‘pa amb tomàquet’ y, además- es la sede oficial del FC Barcelona en Chile.

Trayectoria

El proyecto ha pasado por cuatro etapas distintas: la primera más “exaltada y loca”, según explica el propietario; una segunda que “no fue tan bien porque fue cuando abrimos el segundo piso y no lo llenamos del todo y ahí nos asustamos”; la tercera llegó con la ampliación de la terraza, ya en plena consolidación; y la cuarta con la puesta en marcha de una segunda cocina.

Junto con el local, también creció el equipo. El restaurante hoy cuenta con 44 trabajadores entre camareros, cocineros y equipo de gestión. Para Edgar, las claves de su éxito son claras: “constancia y perseverancia”, asegura. “Y siempre aprender de las metidas de pata para mejorar -añade sonriendo- porque el trabajo acá nunca se termina”. Preguntado por el futuro del establecimiento, no duda en apostar por la misma receta: “seguir mejorando”.

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