Socializar. Hacer amigos. Conocer gente nueva. Este tipo de actividades están ya muy asociadas al alcohol. Parece que una botella de vino desencadenará en una buena conversación. Hay muchas creencias asociadas al consumo del alcohol en sociedad y, en la vida de todo expatriado, salir a tomar algo (o reunirse en casa para tomarlo) pasa a ocupar un papel tan importante como incluso el propio trabajo. Los afterworks son una moda que parece que ha llegado para quedarse. “Es muy importante como expatriado asistir a eventos o a quedadas después del trabajo; es la manera en la que te crearás tu nuevo círculo de amigos y de contactos”, explica Marina Tarrago, expatriada en Santiago de Chile. Laura Mellado, desde Bruselas, también recalca la importancia de ir a tomar algo después de la jornada laboral para “hacer networking“. Lo que pasa en muchas ocasiones es que “una cerveza acaban siendo dos o tres”, apunta.

Y es que cuando llegas solo a una ciudad nueva aparecen muchos retos que tienes que enfrentar. Y entre éstos está el de crear un nuevo círculo de amistades y de contactos para poco a poco ir reduciendo la soledad que genera tener un hogar alejado de los tuyos. Los compañeros de trabajo son posiblemente uno de los círculos más importantes, tanto por el tiempo que compartes con ellos cada día como por la posibilidad de conocer gente a través de ellos. “En EEUU la gente trabaja muy duro durante la semana, y acudir a afterworks y a eventos es vital para hacer nuevos amigos y conocidos”, opina Arantxa Jordán, expatriada en Miami.

Este tipo de hábitos y ganas de hacer amigos en la nueva ciudad hace que muchos expatriados beban con más frecuencia de la que lo harían en España. “Yo no diría que bebo más, pero sí con más frecuencia”, admite Inés Van de Walle, que vive en Nueva York.

En cambio, Clara Díaz admite: “Seguramente sí, bebo bastante más desde que vivo fuera. Entre semana beber más de una cerveza al día se ha convertido en un hábito”. “Compartes muchos más momentos con personas nuevas, estás constantemente rodeado de gente que se encuentra en la misma situación que tú y en esos momentos siempre hay alcohol de por medio, no nos engañemos”, explica

Además, no sólo son las ganas de conocer a gente nueva sino la necesidad de desestresarse, ya que el trabajo en el extranjero suele suponer nuevos desafíos que necesitan toda nuestra atención y -por lo tanto- también de una descomprensión de vez en cuando. Al estar muchas veces sin familia en el extranjero, acabas haciendo más planes de ocio con amigos.

Según la psicóloga Lola de Miguel, hay un importante factor que puede disparar el consumo de alcohol entre emigrantes y se trata de la soledad que en ocasiones se siente al irse al extranjero. “No es lo habitual pero, para no sentirte excluido, puedes acabar bebiendo”, señala de Miguel. O al revés: gracias al acohol puedes sentirte más incluído:

“Con el alcohol desaparece la barrera de la tensión y el emigrante puede sentir que está más integrado”, explica la psicóloga. No obstante, alerta de que “el consumo de alcohol, aunque sea en pequeñas cantidades, se puede convertir en un apoyo, un compañero habitual”

Así, ¿cómo de condicionado está el expatriado a la hora de beber alcohol? ¿Existe esa presión social? Según Olga Brea, emigrante en Bruselas, en la capital europea hay una clara “convención social” basada en el afterwork. “El hecho de ir a tomar algo después del trabajo es una práctica habitual y especialmente suele ser cerveza”, explica. “Claramente, tu entorno laboral y social provoca que consumas alcohol”, añade Olga. Para Lucía Marino, expatriada en Milán, en Italia la situación suele ser ligeramente distinta. “Aquí también hay costumbre de quedar para tomar café, como en España. No necesariamente tienes que tomar cerveza o vino”, dice Lucía.

Pero en países en los que el consumo de alcohol no está tan extendido ni tan integrado en las actividades sociales, también es habitual consumirlo en el ámbito privado y reunir allí a los amigos y compañeros del país de acogida. “En mi caso, siempre que vuelvo de estar unos días de vacaciones en España, me llevo en la maleta algunos vinos y alcohol”, explica Ana, emigrante en Nepal, compartiendo su modus operandi. “Parece mentira pero esa copita de vez en cuando la necesito más a menudo estando en el extranjero. Además, compartirla con buenos amigos que están en la misma situación no tiene precio. Valoramos mucho poder tomarla juntos y…  dosificamos el consumo para que no nos falte en las ocasiones especiales”, admite.

¿Riesgo potencial?

No vamos a ponernos alarmistas. Beber una copa de vino al día dicen que incluso es sano. Beber más alcohol entre semana no tiene que desencadenar en alcoholismo ni mucho menos. Los emigrados, en general, beben más porque es una forma socialmente aceptada de conocer gente nueva y de ampliar la red de contactos. Sin embargo, no hay que dejar de mencionar el riesgo, ya que, aunque pueda ser en un porcentaje muy pequeño, hay personas que son más vulnerables que otras para caer en la adicción al alcohol si aumentan de manera continua el consumo.

Los factores son tres: “genéticos, individuales y sociales”, explica la psicóloga Lola de Miguel, y es la combinación de ellos la que puede generar alcoholismo. Cuando aparecen los problemas, las frustraciones, la sensación de vacío o de soledad, el alcohol es un refugio mucho más común de lo que nos pensamos, algo que ocurre indiferentemente de si vives en el extranjero o en tu propia ciudad. Aun así, “en el extranjero las inseguridades y la soledad pueden aumentar porque estás lejos de los tuyos”, dice de Miguel. “Hay que sumarle el miedo al fracaso, a no dar la talla, a no saber adaptarnos a la nueva sociedad…”, además acentuado por la exposición de las redes sociales, cuenta la psicóloga. El alcohol se puede convertir en una nueva compañía por el bienestar psicológico que nos produce en un principio. Pero hay un placer psíquico que modifica la conducta y “por eso puede convertirse en una adicción”, explica la experta.

Preguntada por los riesgos del alcohol, Ana, desde Nepal, admite que necesita “airearse” más a menudo seguramente por el hecho de vivir en un país muy diferente y duro, pero no cree que suponga un problema de adicción para la mayoría que, como ella, disfrutan tomando una copa. “Al revés, en mi opinión es bueno tener estos momentos. Generan intimidad con las personas con las que la compartes y te ayudan a despejarte de la rutina y de tu día a día, que no siempre es sencillo”