Por fin has tomado la decisión. Coges la maleta y te vas a Estados Unidos. Porque está lejos, porque allí se habla inglés, porque te han ofrecido un trabajo, porque vas a reunirte con tu pareja, porque (dicen) se vive bien… Sea cual sea el motivo o la motivación, una vez que te has decidido a hacerlo, prepárate porque no es que vengan curvas, lo que viene es la burocracia, ¡que es peor!

Lo primero, ¿tienes visado? Porque sin visado no vas a ninguna parte… Según a lo que vengas, podrás acogerte a uno u otro. Si vas a estudiar, hay visados de estudiante, pero te limitarán si quieres también trabajar. Si vas a trabajar, necesitas una empresa que te patrocine o te transfiera de su filial española a la americana. Además, las autoridades estadounidenses tienen un cupo anual de visados que se sortean entre las empresas, y en los últimos años… hay bofetadas por hacerse con uno. Si vas a montar tu propia empresa, tendrás que presentar un plan de negocio a cinco años y, en algunos casos, demostrar una inversión de más de medio millón de dólares. Si vas a casarte con alguien norteamericano, te darán un visado de “compromiso”… Tú primero infórmate en la embajada, ya que sin papeles allí no podrás hacer mucho.

Una vez que llegas, sobrevives a la cola interminable de la aduana y te toman las huellas de rigor, welcome to America, ahora comienza lo bueno.

Lo primero, tendrás que esperar diez días para pedir tu número de la Seguridad Social. Y no, no te confundas, “Seguridad Social” aquí no tiene nada que ver con la Sanidad. Esto es un número, como tu DNI, que te abre las puertas del mundo laboral (porque, sin él, no podrás cobrar tu nómina) y fiscal (porque, con él, comenzarás a tener una “historia” en este país).

Para resolver el tema sanitario, necesitarás un seguro. Y uno bueno, porque los gastos médicos son de echarse a temblar. La mayoría de las empresas ofrecen su propio seguro a los empleados pero es muy importante que te enteres bien de lo que cubre y de lo que no, ya que la mayoría tienen franquicia. Teniendo en cuenta que, por un análisis de sangre, pueden pedirte más de mil dólares, yo que tú a este tema le daría la prioridad que se merece.

También tendrás que abrir una cuenta en el banco. Prepárate para echar la mañana. Son lentos, llévate algo que hacer; unos Sudokus, por ejemplo. Hay dos tipos de cuentas, la de Checking (o la cuenta corriente de toda la vida) y la de Savings (la cuenta de ahorros).

Además, al no tener historial de crédito en este país, te ofrecerán abrirte una cuenta asegurada. Esto significa que bloqueas una parte de tu dinero para que te puedan dar una tarjeta de crédito y tu límite será tu propio dinero. Es decir, que te prestas a ti mismo. Y si ven que te vas pagando bien a ti mismo, en cuestión de un año es probable que te desbloqueen tu dinero y pases a tener una tarjeta de crédito normal

Lo del historial de crédito es un auténtico misterio. Como un agujero negro en el espacio. Como lo que hace el ejército americano en el Área 51. Hay un millón de leyes no escritas sobre cómo mejorar tu crédito: que si es mejor no pagar toda tu tarjeta de crédito de golpe y pagar siempre una parte a plazos. Que si no puedes cerrar nunca la primera tarjeta de crédito que te hiciste, porque eso te resta puntos… Es probable que ni siquiera sepas nunca exactamente el crédito que tienes, porque mirarlo perjudica al propio crédito, así que es mejor vivir en la ignorancia. Tú paga tus deudas siempre y confía en que todo va bien. Cuando veas que tu buzón comienza a llenarse de cartas de bancos ofreciéndote tarjetas, la cosa va viento en popa. Pero no intentes comprenderlo del todo, es mejor no frustrarse.

Para mejorar tu historial, te recomendarán que compres un coche a través de leasing. A no ser que vivas en alguna de las grandes ciudades, seguro que lo necesitarás. Algunas marcas ofrecen este tipo de financiación para extranjeros sin historial y, al pagar mes a mes, te servirá para ir construyendo tu crédito. Aquí también son lentos, te recomiendo que sigas teniendo a mano esos Sudokus. Van a hacer una fotocopia de tu pasaporte y se demoran 20 minutos. Si te asomas, verás al comercial sentado en una silla haciendo tiempo, les gusta hacerte esperar. Así te desesperas y te compras el coche antes. Los españoles estamos acostumbrados a comprar el coche con calma: primero miras concesionarios, decides, lo encargas… Aquí funcionan más con el “llave en mano”, quieren que te lleves el coche en ese momento, sin pensártelo más.

Si tienes carnet de conducir español, tendrás que convalidarlo por el americano. Aquí hay malas y buenas noticias: las malas, que tendrás que hacer de nuevo el examen, tanto teórico como práctico. Las buenas, que está chupado. Para el teórico, en tu oficina de tráfico más cercana te darán un manual de conducir con varias preguntas al final de cada tema y esas mismas preguntas son las que suelen caer en el propio examen. Se hace en ordenador y hay oficinas que incluso te dejan repetir el examen tantas veces como necesites hasta que te salga como aprobado… Para el examen práctico, aún mejor: puedes examinarte en tu propio coche. Además, en Estados Unidos todo es amplio y no te piden siquiera que aparques en línea, así que si alguna vez has tenido que callejear por Toledo… esto te va a parecer un paseo.

Y, por último, tendrás que conseguir alojamiento… No te extrañes si nadie se fía de ti, es por culpa del dichoso historial de crédito inexistente. Te pedirán que pagues dos, tres o incluso cuatro meses por adelantado. Te pedirán una carta de tu trabajo y detalle de tu salario anual. Te pedirán tus cuentas del banco. Puede que te pidan incluso antecedentes criminales. No te piden un riñón de milagro.

Así que paciencia con los trámites y la burocracia. Con un poco de tiempo, verás que todo se va resolviendo… Los inicios nunca son fáciles pero, ¿y el gustirrinín que da cuando se consiguen superar?