Seguramente los hijos de emigrantes tienen una infancia muy diferente a la de otros niños. Cambiar de colegio constantemente o aterrizar de pronto en una escuela con niños brasileños, chinos o de cualquier otro país supone un reto y una gran oportunidad de aprendizaje a la vez. Entre otras cosas, esta situación suele permitir al niño desarrollar un carácter adaptable, que sea abierto de miras y plurilingüe, entre muchas otras ventajas. Pero también hay que tener cuidado con el impacto emocional que supone para un niño o adolescente estar en un flujo de cambios constante o dejar a sus amigos de siempre en España. Según la psicóloga especializada en expatriaicón Aminta Acosta, “para un adolescente suele ser más complicado que para un niño más pequeño. Por regla general, cuanto más pequeño, menos pérdida tienes y menor es el impacto del cambio”.

Los padres juegan un papel fundamental en la preparación del niño antes de llegar a su nueva ciudad y a su nuevo colegio. Un truco es empezar a mentalizarles antes de irse. “Nosotros les enseñábamos fotos de Sao Paulo, de sitios espectaculares para conocer en la ciudad o fotos del nuevo colegio”, cuenta María Pérez, que vive en Brasil con su familia. “Hay que sugestionarles positivamente con respecto a lo que va a ocurrir y reírse un poco de la situación, haciéndola divertida y animada para ellos”, dice María. Y es que imprimir una idea positiva en el niño es muy importante para que éste se sienta animado ante el cambio de entorno: la predisposición es fundamental. “Hay que hacerle ver que este paso para la familia es importante e implicarle en el proceso para que se sienta parte de él desde un principio”, explica la psicóloga.

En el caso de que el niño no se tome bien la noticia de la expatriación, los padres tienen que insistir en “las ventajas conjuntas del cambio de hogar”, cuenta Acosta. Por ejemplo, hacerle ver que va a aprender muchas cosas, que no tiene por qué perder a sus amigos actuales o que hará muchos compañeros nuevos. “Es muy importante escuchar a los hijos, que se sientan apoyados y entendidos, sobre todo con los adolescentes”, añade Acosta.

El nuevo colegio va a ser fundamental para la adaptación de los niños y es un paso que no suele ser fácil. Escoger la escuela adecuado puede suponer un reto para los padres, que normalmente suelen guiarse por el consejo de otros expatriados y de su nuevo círculo en el país de acogida.

En el caso de María, residente en Brasil, ella y su marido optaron por priorizar que en la escuela se enseñase bien el inglés y el brasileño, y que tuviese “un nivel de exigencia lo más parecido posible a los parámetros en España”

Los criterios para decidir el centro educativo son muy distintos dependiendo del país en el que estén destinados los padres, ya que hay lugares que cuentan con una oferta de educación más parecida a la española, mientras que otros no. Para Serena Washburn, directora de Admisiones del colegio internacional Benjamin Franklin en Barcelona, lo más importante para escoger escuela sería reducir al máximo el número de cambios: elegir un colegio que siga el mismo programa de estudios o la misma lengua vehicular que los del colegio anterior “puede ayudar a rebajar el grado de estrés en los niños”, opina Washburn.

Elena es una profesora española en un colegio internacional de la ciudad india de Bangalore y asegura que, para ella, el criterio principal al escoger colegio sería el de la comodidad de los niños. “No me gustaría que mis hijos tuviesen que coger un autobús durante cuatro horas para ir al colegio, sobre todo teniendo en cuenta que el tráfico aquí es horroroso y no hay transporte público”, señala. En cuanto al acurrículum académico, Elena opina que los colegios internacionales suelen ofrecer un programa más transversal que los colegios locales, una ventaja para alumnos que es probable que completen su formación en diferentes países.

Por su parte, Concha García, profesora en un colegio español en Bogotá (Colombia) explica que en el centro donde trabaja el programa es el mismo que en España, pero también se incorporan asignaturas sobre Colombia. Los chicos “salen del instituto con bachillerato español y colombiano”, aplaude Concha. “Algunos padres españoles aquí optan por llevar a sus hijos a un colegio inglés, pero en Colombia son carísimos”, matiza.

Los colegios internacionales ofrecen, por regla general, un programa distinto a los colegios de España o a los colegios locales de otros países. La principal diferencia es la lengua vehicular, pero también los estándares educativos.

Algo importante a tener en cuenta es la titulación que obtendrán los alumnos al concluir el ciclo escolar y si los certificados serán compatibles y convalidables con futuros estudios o incluso si estarán reconocidos en el mundo laboral de cada país

Un colegio internacional puede allanarles el proceso de adaptación e introducirles en un círculo multicultural de niños, padres y profesores, pero a la vez puede desembocar en un gueto de expatriados e impedir un conocimiento en profundidad de la cultura del país de acogida.

Lo que es cierto es que los niños se contruyen a partir de los materiales que les damos y pueden perfectamente acostumbrarse a otras alternativas. Hay muchos países con sistemas educativos envidiables y por lo tanto el ingreso en una escuela local sería una gran oportunidad académica, aunque un terreno más abrupto. Por otro lado, hay sistemas educativos menos exigentes de a los que estamos acostumbrados (o más diferentes), pero que no deberíamos desestimar sin valorarlos previamente. En muchas ocasiones se debe girar la cara a la moda de la ‘titulitis’ y aprovechar la circunstancia de estar en el extranjero para que los niños vayan a una escuela local y se integren completamente en la sociedad en la que están viviendo: idioma, amigos, calendario de fiestas y festivales, costumbres, comida…

Así lo decidió por ejemplo el reconocido periodista italiano Tiziano Terzani, que en sus libros explicó cómo fue vivir en Asia con su familia. Terzani, en El fin es mi principio, explica a su hijo Folco por qué eligió llevar a él ya su hermana a un colegio chino en la época postmaoísta: “Si hubiéramos hecho lo que hacía la mayoría de los extranjeros de nuestro tipo, ricos, del primer mundo, habríamos vivido en China sin estar en China. Os habríamos llevado al colegio francés o norteamericano y habríais tenido por amigos al hijo del embajador de Tombuctú y a la hija del primer secretario de la embajada alemana, hubieseis ido a sus fiestas de cumpleaños y no habríais visto China jamás. China hubiera seguido siendo algo externo”.

El papel del colegio será determinante en el proceso de adaptación del niño. Sin embargo, la llegada siempre va a ser lo más complicado. “Los tres primeros meses son los más difíciles, porque tienen fresco todo su mundo anterior”, considera María Pérez. “Pero aquí, en Sao Paulo, las profesoras son muy cariñosas y la acogida en el colegio fue espectacular”, añade. María asegura que para ella el cambio de entorno ha afectado a sus hijos muy positivamente. ¿Lo esencial? “Que los padres transmitamos confianza y alegría para que ellos se sientan bien”.