­De la misma manera que cuando se nos escapa una palabrota suele ser en nuestra lengua materna… no es lo mismo confesar nuestros miedos y sentimientos en -por ejemplo- un francés que vamos mejorando día a día, que en el idioma de casa. Las cosas como sean, ¡joder!. Es por eso que muchos residentes en el extranjero que requieren terapia puntual para tratar baches y dificultades recurren a la asistencia psicológica online, lo que exige cambiar de prioridades: mejor invertir en una conexión a internet que vuele, que hacerlo en un diván acogedor.

Un día, al buzón de la psicóloga Fátima Izquierdo llegó un correo electrónico de una antigua paciente. Le explicaba que hacía tiempo que se había mudado a Rabat, no estaba pasando un buen momento y, como en su día le ayudó la terapia en la que trabajaron conjuntamente, la volvió a contactar. Fue entonces cuando Izquierdo pensó en la necesidad de los españoles que viven fuera, y sobre este terreno fue construyendo su consulta online, Sin Diván.

“Trato a gente sana que puntualmente tiene un conflicto o una crisis. Para trastornos no graves, este método se muestra tan efectivo como la terapia que tiene lugar físicamente en el mismo sitio”
…asegura Izquierdo, que se centra en trabajar la psicología positiva. La paciente explica que acudió a ella en busca de “una terapia positiva y práctica”, para mejorar y crecer personalmente y -convencida- afirma que estas sesiones le hacen mejor persona. Y eso, incluso dominando el idioma extranjero, es difícil hacerlo en el país de acogida.

Es importante compartir un mismo idioma, pero también influye la cultura: “Tengo un paciente residente en Alemania que me contactó porque le había resultado difícil encontrar un terapeuta con el que estar cómodo entre esa personalidad más fría, y le costaba sentirse arropado y entendido”, explica Izquierdo. Justamente, Clara, una joven que vive en Berlín, quería continuar la terapia que estaba llevando a cabo años atrás antes de mudarse desde Barcelona y tuvo la suerte de contactar con una psicóloga medio alemana-medio española. “Un perfil como el suyo es lo que mejor me va. Es una profesional con la que puedo hablar en castellano pero que conoce a la perfección la realidad alemana: cómo son las relaciones, la cultura, como se siente ahí un expatriado, los largos inviernos…”, argumenta.

Perfiles variados. Cada uno, con su mochila

Aunque evidentemente cada uno tiene su pugna y carga con una mochila de cosas a mejorar sobre uno mismo, aquellos que residen en el extranjero comparten frecuentemente algunos conflictos. Joel Vilarrubla, psicólogo afincado en Bruselas que ofrece terapia tanto en su consulta como por videollamada a través de Psicocloud, resume así uno de ellos:

“El trastorno adaptativo es todo lo que comporta este tipo de cambios de residencia, de decir adiós y de tener que volver a empezar”

Entre ellas, por ejemplo, se encuentran las personas que dejan toda su vida por acompañar a su pareja a un nuevo lugar, sacrificando a veces factores en los que se siente reforzado, como familia, amigos, trabajo. “Suelen ser personas perfeccionistas, que se sienten poco integradas y dolidas por haber priorizado la carrera profesional del otro/a, lo que puede llevar a un juego de reproches del estilo lo he dejado todo por ti“, considera Vilarrubla.

No, no hay un prototipo de paciente expat. Pero muchos son recién llegados. “Al cabo de unos meses de haber aterrizado, una persona puede sentir que ya debería haber superado el periodo de adaptación pero, en cambio, detecta que tiene un conflicto” explica la psicóloga de Sin Diván. En este caso, se trabaja para que la persona procure cambiar la actitud y ser más flexible. Los especialistas destacan que es vital tener una actitud de aprendizaje y ver todo como una oportunidad para entender cosas en vez de verlo como un obstáculo.

La experta Aminta Acosta, que antes de tratar a pacientes españoles en el extranjero daba terapia a expats en España, coincide con este punto de vista: “Hay una primera fase en el que la persona que llega a un país tiene muchas ilusiones y energía. Pero al cabo de unos meses, puede que se dé cuenta de que no  ha resuelto algunos duelos y no se encuentran bien. Es normal, es alguien que de pronto sufre muchas pérdidas: familia, amigos, cultura… Todo depende de la capacidad de resiliencia”. Como todo es cuestión de práctica…

“a alguien que ha afrontado muchas dificultades o que está más acostumbrado a ello le resulta más fácil afrontar los cambios”
…y en cambio a alguien que ha tenido una vida muy lineal y ha vivido en una zona de confort, se le hacen una montaña”, asegura.

Hay veces que el paciente se traslada a un nuevo lugar y no se adapta. ¡Ojo!, puede ser que ya viniera con un conflicto de casa y que se acrecentara al instalarse en una nueva ciudad, advierte Izquierdo, quien tuvo un paciente que se vio obligado a regresar a la semana de viajar a Londres. Además, también hay residentes que llevan mucho tiempo viviendo fuera y que pueden requerir atención psicológica, “no por su condición de expat sino por lo mismo que podría necesitarla cualquier otra persona, aunque residiera en su país de origen”, añade.

Anecdotario de la pantalla

El hecho de prescindir del diván, del contacto, de esa mesa entre paciente y especialista da lugar a particularidades. Joel Vilarrubla destaca al respecto que “suele ser un servicio más barato para el paciente que la consulta física, permite que los más tímidos se atrevan a pedir ayuda, y también propicia poder avanzar fuera de la sesión vía email, por ejemplo rellenando fichas, tests…”. “He llegado a tener que mandar tutoriales de Skype”, para que aprendan a utilizar la herramienta, se lamenta con una sonrisa, detectada vía videoconferencia.

Aminta, por su parte, se esfuerza en darse a conocer entre un colectivo al que el boca a boca no llega de forma presencial… sino por la red. “Soy muy activa en las redes sociales. Hay mucho intrusismo en internet y quiero darme a conocer a través de internet para que me puedan buscar, leer, saber quién soy, lo que publico…”, y además de este modo puede estar informada de lo que les ocurre a los expats y así comprender mejor el contexto en el que se mueven. Consciente del poder del clic, se ha hecho con el intuitivo dominio www.psicologaexpatriados.com.

“Es cierto que durante la terapia online hay momentos difíciles, como cuando una persona llora y no puedo cogerle de la mano. Falta ese calor humano. Pero creía que la videollamada iba a resultar más extraña. La verdad es que los expats usan mucho Skype y están muy acostumbrados, es algo absolutamente normal para ellos, incluso alguno está con la manta y una taza de leche con cacao” durante la sesión, bromea Fátima Izquierdo. En su caso, lo próximo serán los cursos en streaming. Eso sí, de momento, para los que se encuentren en la misma franja horaria.