Llegan las segundas elecciones generales en menos de un año y, de nuevo, los españoles en el extranjero tienen que rogar su voto, una experiencia que casi parece una aventura de aquellas que no sabes cómo acabará. Muchos son los que expresan su incertidumbre ante el proceso electoral desde el extranjero, algunos por experiencia propia en las pasadas elecciones, otros por la “fama” (mala) que se ha ganado el votar desde fuera de España.

La propia administración ha reconocido en varias ocasiones el “fiasco” que ha supuesto la introducción del sistema del voto rogado para ejercer este derecho desde el exterior. Desde que se puso en marcha, el sufragio proveniente del extranjero se ha visto reducido y, en las elecciones del 20 de diciembre, solo rogó el voto el 6% de los electores inscritos en el extranjero.

Recientemente, uno de los think tanks más influyentes de España, presidido por el Rey Felipe VI, también instaba al gobierno a hacer una revisión en este sistema de voto, vistos los resultados que está dando. Algunos partidos políticos han hecho propuestas concretas para revocarlo. Y tan sólo unas semanas atrás, la Junta Electoral amplió el plazo para pedir el voto desde el extranjero hasta el seis de junio para los próximos comicios.

Desánimo, pereza, confusión, desilusión… Las impresiones de los españoles que viven fuera con respecto a este tema son muy variadas, aunque “no todo el panorama es tan negro” y también hay quien sí pudo votar al recibir la papeleta a tiempoen las pasadas elecciones. Es el caso de Jaime, un profesor español que vive en Bogotá (Colombia) y que recibió la papeleta en su casa, “a las 13 horas del último día en el que se podía ir al consulado a votar”, explica. Muy justo, pero logró emitir su voto.

Algo parecido le ocurrió a su compañera de trabajo, Concha García, también española residente en Bogotá. Tuvo que ir a votar a las 15h del último día del plazo para hacerlo. “A todos los funcionarios nos llegó el voto muy tarde, a pesar de que fuimos al consulado, cumpliendo los plazos y rellenando toda la documentación”, relata Concha. “No tienen nada de consideración con los emigrantes para favorecer que podamos votar”

En la misma ciudad, Mari Ángeles, no tuvo tanta suerte como sus compañeros. Esta malagueña no recibió la papeleta en casa hasta el 16 de enero, casi un mes después de las elecciones. “La experiencia fue muy decepcionante. Ahora para las generales de junio he vuelto a hacer todos los trámites para votar con tiempo. Qué te puedo decir… estoy a la espera”, comenta con resignación y desilusión.

Los plazos son uno de los mayores inconvenientes a la hora de ejercer el derecho a voto desde el extranjero. Pero otro de los obstáculos que se suelen nombrar es todo el papeleo que hay que hacer para poder rogar el voto. Sin embargo, hay algunas excepciones, como Ana, catalana afincada en Bruselas. “Para mí los trámites para rogar el voto han sido relativamente fáciles, aunque es cierto que he oído muchos comentarios entre mis compañeros españoles sobre el tema de los retrasos en el envío de papeletas en las pasadas elecciones”, cuenta Ana. En los comicios de junio será la primera vez que vote desde Bélgica y también se estrenará Lucía, gallega residente en Milán, que ha rogado su voto sin complicaciones.

Antelación y distancias

Hay algunos de los emigrantes con los que hemos hablado que sí consideran que los obstáculos para votar tienen mucho que ver con los trámites para poder rogar el voto. Andrea, gallega en Bruselas, solicitó el voto rogado por primera vez en las elecciones del 20D. Lo intentó hacia finales de septiembre -“dos o tres meses antes de las elecciones” recuerda-, pero la respuesta del consulado fue que se había cerrado el plazo para solicitarlo. “Me pareció indignante, casi tres meses antes es mucha antelación y ya habían cerrado el plazo”, señala. “Esa sí es una buena manera de promover que los jóvenes en el extranjero no votemos”, denuncia.

Las distancias también es otro obstáculo muy importante y que ha afectado a muchos emigrantes que han querido votar. En muchos casos, el problema suele venir cuando la persona tiene que darse de alta en el consulado antes de rogar el voto. En esas ocasiones, muchos consulados piden la presencia física de la persona para realizar el trámite, lo que se convierte en otro impedimento. Montse, que vive en Alemania, se ha mudado de Frankfurt a Goldbach (Baviera), por lo que ahora tiene que estar registrada en el consulado de Múnich para poder ejercer el derecho al sufragio. Para llevar a cabo este trámite, Montse tiene que ir en persona al consulado en Múnich, algo que no hará ya que “está a tres horas… así que no voto”, cuenta Montse.

Cristina, residente en Vancouver (Canadá), quería rogar el voto para las próximas elecciones de junio pero primero tenía que registrarse en el Consulado como no residente. Tras varios emails, la respuesta de la administración fue que, para poder ejercer su derecho al sufragio, tenía que ir “en persona” al Consulado General de España en Toronto, a 4.300 kilómetros. “Así que todos los que vivamos en Vancouver y en otras zonas de Canadá que no tengamos medios ni recursos ni tiempo para desplazarnos hasta Toronto (literalmente la otra punta del país), nos quedamos sin votar”, denuncia Cristina.