La emigración tiene una gran dosis de aventura, riesgo e incertidumbre. Los españoles que se han ido a buscar trabajo al extranjero tienen un buen componente de personas emprendedoras, ya que dejan su país para labrarse un camino en un entorno totalmente nuevo y a la vez incierto. Pero hay emigrantes que, además, deciden emprender un proyecto profesional en el extranjero, lo que seguramente aumenta las dosis de inestabilidad pero a la vez también de emoción por un proyecto propio.

Hemos contactado con dos emprendedores españoles que han decidido montar su proyecto en dos lugares de gran tradición emprendedora: Estados Unidos y Reino Unido.

Ben en Londres

Benjamín Romero llegó a Londres hace cinco años. De formación periodística y diseñador, viajó a la capital británica con la idea de mejorar su inglés y vivir una experiencia enriquecedora. Se dieron las circunstancias que le llevaron a crear su propio negocio con otro español y con dos británicos que conoció estando allí. Así es cómo nació Wibbu Education Studios, un videojuego de acción dirigido a hispano hablantes que quieran mejorar su inglés y que está disponible para smartphones y tabletas. “La idea llegó cuando yo mismo acudía a clases de inglés en una academia en Londres”, explica Ben. “Pensé en una herramienta que realmente ayudase en el aprendizaje de este idioma, sobre todo para estudiantes de habla hispana, que solemos cometer errores parecidos”, cuenta el emprendedor.

El proyecto despegó sobre todo gracias a que lograron entrar en una aceleradora de empresas. “Es muy difícil avanzar si no entras en una, ya que te ayudan a pulir tu idea y te dan muchos contactos”, señala. Ahora, su empresa cuenta con 8 empleados y tiene intención de ampliar el equipo en los próximos meses. El pasado diciembre cerró su segunda ronda de financiación con Business Angels (inversores privados). Ben asegura que emprender en Londres contando con dos socios británicos les ayudó mucho a la hora de negociar con inversores y de ganarse su confianza. “Dicen que hay un choque cultural y es verdad”, comenta. “Hay que entender cómo relacionarse con ingleses, ya que es una cuestión de credibilidad”. Aun así, Ben explica que, si tu inglés es muy bueno, entonces no habrá problemas por las diferencias culturales porque a los ingleses “les encanta España”. Ben también aconseja que si emprendes solo es ideal incorporar a un asesor británico. “Sin contactos, no vas a hacer nada”, asegura.

El clima inversor en Londres es muy diferente al de España, donde se han hecho avances pero “no los suficientes”, cuenta Ben. “En España todo va muy lento, hay demasiadas trabas burocráticas para los emprendedores”
En cambio, en este sentido, Reino Unido lleva muchos más años desarrollando leyes para facilitar la creación de compañías y para incentivar la inversión en start-up (empresas semilla del sector tecnológico). Por otro lado, es un sistema en el que hay muchos más inversores privados y fondos de capital riesgo. “Está bastante saturado de proyectos emprendedores, pero si tienes talento y un buen proyecto, consigues inversión”, dice Ben, que estima que las primeras rondas de inversión suelen ser de unas 100.000 libras. La relación con los inversores privados también suele ser más cercana que en España. “En las fases de negociación, suelen aceptar más tu valoración de la empresa si la justificas bien”, cuenta Ben. En este sentido, “hay menos picaresca que en España”.

Carlos en Silicon Valley

La historia de Carlos de la Lama Noriega empezó cuando decidió mudarse al corazón mismo del mundo emprendedor. Él quiso probar suerte con su proyecto empresarial en el lugar por antonomasia de las start-up: Silicon Valley. Carlos dejó Madrid en 2012, cuando su idea estaba en una fase todavía embrionaria.

“Llegué con la presión de que tenía que triunfar”, explica Carlos, cuya idea inicial fracasó por problemas con el equipo. Pero, en vez de desanimarse, al poco tiempo se implicó en otro proyecto emprendedor y montó Startup Embassy, una residencia para emprendedores de todo el mundo situada en Palo Alto. “Todo surgió porque yo tenía una casa y empecé a alquilar las habitaciones a emprendedores”, explica. Finalmente se empezó a llenar de gente y en tres años pasaron más de 1.300 personas que quisieron ir a Palo Alto para lanzar o hacer crecer sus proyectos o conocimientos. “Era una residencia con un ambiente emprendedor que tuvo mucho éxito gracias a las sinergias y a la energía que se creaba entre ellos”. Dice “era” porque Carlos decidió cerrar la residencia de Palo Alto en 2015 con la idea de abrir próximamente una con el mismo modelo pero en San Francisco.

“En Silicon Valley pasan cosas a diario que no esperas”, explica Carlos. “A primera vista no hay nada de especial allí, pero luego te vas dando cuenta de que absolutamente todo el mundo tiene un proyecto emprendedor”, y asegura que el ambiente está hecho por completo para que la gente emprenda.

“Hay pitch (presentaciones cortas e informales del proyecto ante un inversor) de una manera muy continua y natural”, dice. Muchos españoles van a Silicon Valley a inspirarse, ya que es una gran oportunidad para “emprender y aprender”. Según Carlos, el perfil de españoles en EEUU son de personas que “ya tienen un negocio montado y van para validar su modelo y aprender sobre cómo funcionan allí las cosas” y añade que “muchos van a Palo Alto para levantar segundas rondas de financiación”.

En cuanto al clima inversor, Carlos asegura que hay muchas más oportunidades para sentarte a hablar con un Business Angel que en España. “Hay una cultura de inversión mucho mayor”, reconoce. A priori, emprender en ciudades emprendedoras son todo ventajas, pero el desafío profesional de  sacar adelante un proyecto se suma al personal de integrarse y vivir en un nuevo lugar. Además, Carlos lanza un aviso para navegantes: “Levantar capital es más difícil porque hay mucha más competencia y los inversores están muy profesionalizados”. “Conocen muy bien el tema y van con unos parámetros muy claros”. Además, muchos inversores suelen estar especializados en sectores concretos.

Tanto Carlos como Ben aconsejan entrar en una incubadora o aceleradora de empresas si vas a con tu proyecto a estas ciudades, aunque también avisan de que eso no es tarea fácil. Pero Ben puntualiza que, aunque en un primer momento no te acepten, al menos te dan un feedback de los motivos por los que te rechazan, “lo que te ayuda a pulir tu idea y mejorar”, explica.