“Hola, me llamo Pepito y yo también he comido alguna vez en un restaurante español en otro país, he abusado de las cenas en casas de otros compatriotas, voy a todos los actos del Cervantes y no me pierdo una recepción en la embajada”. “¡Hooola, Pepito!”. Pepito, en efecto, es imaginario pero podría ser cualquiera de nosotros. La vida de un emigrante que empieza su aventura en otro país se ve muy influida por el nuevo círculo de amigos y conocidos que forja. En ellos se apoya, comparte ocio y viajes, trabajo, confidencias. ¿Quiénes son esas personas?, ¿cómo hemos llegado hasta ellas?, ¿son otros emigrantes o nacionales del país al que nos hemos mudado?, ¿son un obstáculo o una ventaja para la adaptación?.

Lo más frecuente cuando se establecen vínculos en un nuevo país de residencia es que el círculo de amistades sea mixto, especialmente a medida que pasa el tiempo. En esa nueva colección de amigos fácilmente habrá otros españoles que compartan vivencias parecidas, pero también personas de otras nacionalidades. La psicóloga especializada en la temática de los expatriados Aminta Acosta explica que, al aterrizar en un nuevo país, hay una serie de cuestiones de carácter pragmático como la búsqueda de vivienda, telefóno, papeleo o seguros que deben resolverse, y esos trámites son “más accesibles” si se consultan con personas que hayan vivido una situación similar. “Disponer de esas redes de españoles facilita el proceso”, asegura la experta, quien destaca que en un primer momento contar con ese apoyo puede ser muy útil. Para la psicóloga, se establece “un compañerismo, una solidaridad” típicos de las comunidades de emigrantes que resultan valiosos. En esos primeros compases, buscar a los compatriotas resulta lógico y a veces incluso “es cuestión de supervivencia”.

Durante los primeros días, el papel de las redes sociales tiene un peso muy relevante; se han convertido en una herramienta clave para las personas que cambian de país de residencia.

De la precaria agenda con el teléfono de algún amigo de un amigo que vive en el que será nuestro nuevo país, se ha dado un importante salto al establecimiento de contactos vía internet y a la planificación de la llegada antes de salir de casa.
Las nuevas tecnologías permiten entrar fácilmente en contacto con los grupos de españoles residentes en el nuevo lugar de residencia establecidos a través de las redes sociales. Esta suerte de tablones de anuncios telemáticos permiten consultar dudas y pedir ayuda para determinados trámites, pero además de socorrer al emigrante en sus primeros SOS, esta vía es uno de los mecanismos habituales para establecer vínculos y forjar amistades. Véanse foros, grupos de Facebook de “Españoles en…(insertar ciudad o país)” y conocidos a los que llegamos a través de las redes sociales.

Sara Villa es una de las administradoras del grupo de Facebook “Españoles en la India”. Lo primero que destaca de este tipo de comunidades es la ayuda en temas burocráticos y logísticos, especialmente útil para los novatos. Lo típico: alquilar un piso, declarar impuestos, registro en la oficina de extranjería… Sara recuerda que no todo el mundo vive en las capitales y para los que están en áreas remotas este canal es especialmente conveniente. Pero no todo son papeles y dudas tediosas. “También nos ayudamos unos a otros a comprender el país”, asegura. ¿Cómo?: comentando noticias de actualidad, por ejemplo. “El otro día una persona preguntó qué era adecuado regalar a unos novios en una boda india”, explica Villa. “Es interesante porque preguntan para poder integrarse mejor con lo que les rodea”.

En opinión de la psicóloga Aminta Acosta, la tendencia a tejer relaciones dentro de la misma comunidad es del todo natural y no sólo sucede a los españoles, sino que se da con todas las nacionalidades.
Sin embargo, también señala que relacionarse únicamente con las personas con las que se comparte pasaporte a la larga puede “restar oportunidades” y considera clave establecer un equilibrio en el que se combinen varios círculos. “Cuanto más amplio sea tu círculo social, mayores son tus oportunidades en todos los aspectos y más rica será tu experiencia”, asevera. A la práctica, no obstante, hay quienes caen en la rueda: una fiesta de españoles en casa de no sé quién, recepción en la embajada, quedada para abrir el embutido que le han traído a no sé quién, una presentación cultural en el Instituto Cervantes… todas ellas actividades positivas pero de las que no saldremos a no ser que hagamos un esfuerzo por buscar alternativas, porque son la opción más fácil y simplente están ahí. Repiamos juntos: se puede salir del círculo. Acosta rechaza ofrecer un único modelo como válido, huye de la categorización entre bueno y malo y se limita a considerar que los círculos de amistades dependen mucho de las características de cada persona.
“Lo ideal es estar cerca de todo aquel que nos pueda aportar cosas positivas. Todo lo que nos ayude a estar mejor”, añade, dejando claro que en cualquier caso es una “opción libre” de cada uno tejer sus lazos.

Para la consultora Begoña Santos, quien vive desde hace años en Sao Paulo (Brasil), la situación está bastante clara. “Creo que al inicio de la llegada a un país sirve para no sentirse muy aislado, pertenecer a algo (aunque sea una comunidad de compatriotas), ampliar contactos y compartir sensaciones, emociones, miedos, frustraciones. Pero a largo plazo creo que puede convertirse en un arma de doble filo. Lo ideal sería saber dosificar las relaciones entre los locales y tu comunidad”, reflexiona. Sin embargo, su experiencia personal dista bastante de esa receta combinada y ella se maneja a las mil maravillas con personas de su nuevo país de acogida, dejando atrás los primeros días de adaptación y la comunidad emigrante.

“El 90 % de mis relaciones en Brasil son con personas locales. Trabajo en Recursos Humanos, si no consigo entender cómo funcionan aquí, mal voy en el desempeño de mi profesión”, precisa. Esta joven se muestra claramente entusiasta en la enumeración de las ventajas que, a su juicio, conlleva relacionarse con nacionales del país de acogida. “Es más divertido y agradable.

Cuando la población local nota que tú tienes ganas de estar ahí, que has hecho esfuerzos por aprender bien el idioma, que respetas las diferencias, que no te pasas el día criticando y que haces por adaptarte se relajan muchísimo, te cuentan más cosas, es algo más auténtico”, agrega.

Para Santos es evidente que existe una tendencia natural relacionarte con personas de tu misma comunidad de origen pues “implica menos esfuerzo de adaptación al medio y a las personas” y considera que esta inclinación no es más acusada en el caso de los españoles que en otras nacionalidades, pero advierte de los peligros que conlleva: “He visto a mucha gente hacer de su vida un infierno en Brasil por no entender y no saber reaccionar ante situaciones bien simples porque no son capaces (o no quieren) ponerse en el papel de la persona local. El mayor error es no querer aceptar que el elemento extraño, extranjero, somos nosotros y exige un esfuerzo de adaptación. No se puede llegar a un país imponiendo costumbres, valores y puntos de vista”, concluye.