Aunque todavía tiene mucho que mejorar, España es considerado uno de los estados referentes en cuanto a legislación homosexual, libertad sexual y a su aceptación social. Sin embargo, cuando vamos a vivir a otro país nos presentamos ante nuevos círculos y debemos salir del armario por enésima vez… pero no siempre tenemos en cuenta que emigrar puede significar una regresión (¡o un avance!) en cuanto a derechos homosexuales se refiere.

– ¿Y ha venido con su mujer?

– No, no estoy casado.

– Perdón, pero tenía usted…

– Sí, 32 años….

– ¿Pero tendrá novia?

– (…)

Este diálogo se produjo durante una selección de personal en una universidad de Ecuador, hace menos de un año, y lo cuentan (con igual asombro) Ángel, uno de los varios seleccionadores, y Raúl, el finalmente seleccionado. Raúl -confiesa- era consciente de que tenía el mejor perfil entre los candidatos, así que no quiso mentir pero tampoco arriesgar: a la pregunta sobre la novia respondió un rotundo “no”. En realidad no estaba mintiendo, pues su pareja se llamaba Rubén. Los responsables de Recursos Humanos sabían que algo se les escapaba, y no sólo el hecho de que en España, a diferencia de Latinoamérica, la gente se empareja más tarde. El que iba a ser su jefe se iluminó y avisó: “Sólo espero que no se le note mucho”. A partir de ahí, todo fue mirar hacia otro lado y ponerse a trabajar, explican ambos amigos españoles.

Vamos, que se tomaron al pie de la letra eso de “lo que haga tu mano izquierda no lo sepa la derecha”, terreno en el que muchos están curtidos en ese país, pues en Ecuador hasta 1997 la actividad sexual entre personas del mismo sexo era delito. De hecho, hace tan sólo dos años aún se registraban casos de lesbianas tratadas en clínicas de deshomosexualización, supuestamente clausuradas por el gobierno en 2011. Además, en Ecuador, la familia tradicional y el matrimonio son pilares fundamentales; no en vano, el presidente, Rafael Correa, se reconoce a sí mismo como un ferviente católico de izquierdas que, como tal, está en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de niños en tales parejas. “Aunque después se dé la doble moral -como explica Raúl- de hombres casados que viven clandestinamente sus relaciones homosexuales”.

La legislación ecuatoriana, con todo, ha avanzado algo en los últimos años. Primero, permitiendo el registro civil de la unión de parejas del colectivo LGTB (Constitución de 2008) y este mismo año reconociendo, además, que estos registros figuren en las cédulas de identidad, de tal manera que pasa a considerarse un estado civil de pleno derecho, aunque no un matrimonio. Pero una cosa es la realidad jurídica, otra la social y otra el discurso de Correa, según explica Luís Espinosa Goded, profesor de Economía en la Universidad San Francisco de Quito y poeta frustrado, que lleva algo más de tres años en Ecuador. Él considera que la legislación es un poco papel mojado cuando “la sociedad todavía no está madura” para asumir con normalidad la realidad LGTB y cuando la salida de armario puede acarrear consecuencias tanto en el ámbito laboral como en el social. “Es impensable ir de la mano con tu pareja. Se niega el hecho y se vive de manera oculta”, lamenta en esta línea Raúl.

Es difícil encontrar un ecuatoriano gay tras el que no haya una historia trágica, por lo que la actitud del extranjero al llegar al país, normalmente, suele ser la de la ambigüedad. “Puedes ser gay abiertamente -matiza Luís- pero siempre que estés dispuesto a ser estigmatizado”
Por no hablar de los problemas de violencia a los que también se pueden enfrentar si, en lugar de hablar de Quito, hablamos de localidades más pequeñas o incluso de algunos barrios de la capital. Algo que le ha llamado especialmente la atención es que, al hablar con sus alumnos sobre la situación de la homosexualidad en España, a estos les parezca increíble que el hecho de reconocer tu homosexualidad no condicione tu puesto de trabajo ni la relación con tus amigos… “porque en este país [Ecuador] en realidad no está dentro de lo pensable que seas gay, aunque te acaben de ver dándote un beso con tu pareja”, añade. En el caso concreto de este profesor, el carácter liberal de su universidad sí le ha permitido ser más reivindicativo; de hecho, la institución ha empezado a colaborar con el colectivo gay Equidad, “y está funcionando muy bien”. Pese a los avances, Espinosa asegura que España sigue siendo “la bomba” comparándolo con muchos países latinoamericanos.

Europa

Andrés Rico, fotógrafo, decidió quedarse a un Ryanair de casa. Se marchó a Berlín para buscarse la vida, por las oportunidades profesionales que le ofrecía la ciudad. Andrés considera, por su experiencia, que casi nadie se plantea la legislación homosexual antes de marcharse a un país. Si bien es cierto, explica, que capitales como la alemana hacen que todo resulte más fácil: “Berlín es una ciudad muy diversa y hay una fuerte condena a la homofobia que aún no tenemos en España, donde falta una ley que recoja el delito de la homofobia como odio”. Andrés añade un detalle: “Entre los heterosexuales, para un alemán eres un amigo, mientras que en nuestro país, en muchos casos, sigues siendo el amigo gay“. No hay mala intención tras las palabras, pero la connotación es la demostración de que, más allá de las normas, aún hay mucho camino para avanzar.

Miguel Maldonado, artista visual emigrado a Londres hace poco más de año y medio, insiste en esta perspectiva sobre España: “Sí, existen leyes y derechos, pero en la calle y dependiendo de en qué zonas aún se respira mucha homofobia y miradas acusadoras”. De hecho, por su experiencia, la capital inglesa “está más avanzada que otras ciudades de Europa e incluso del mundo en este sentido”. Como ciudad gay friendly, Londres es “ejemplar”, por tanto, él también lo ha tenido bastante fácil e incluso ha supuesto un avance respecto a España. Bromea con el hecho de vivir, además, en una warehouse (almacén) donde la mayoría son artistas hace que “lo de ser marica sea menos acusado”. Compatibiliza su trabajo de creador con otro a media jornada en una tienda en el barrio de Camden, donde tiene un jefe homosexual, “lo que también es una ventaja para muchos temas”.

¡Y eso que no exprime barrios como el Soho o lugares explícitamente de ambiente!: “Prefiero sitios donde estoy a gusto siendo lo que sea y la mayoría de mi entorno, en el que hay gays y heteros, no tienen problema con mi homosexualidad”.

Asia

Jorge Soliveres, que ha vivido en Japón, Bruselas, Martinica (Caribe), Montpellier y la India, donde está actualmente, admite que “socializar” con otros gays en según qué países es “complicado”. En el caso de la India, donde predomina una sociedad tradicional y patriarcal en que la homosexualidad es un fuerte tabú, internet ha supuesto una potente vía de comunicación. “Hay que conocer cómo funcionan las cosas en cada país. En algunas ciudades de la India se llevan mucho  las fiestas privadas que se convocan a través de Facebook, pero para estar invitado tienes que conocer a alguien”.

Este nómada, con experiencia en las presentaciones, aconseja: “Yo, cuando voy a un país primero respeto la cultura en la que me voy a sumergir”. Por eso, de primeras no dice nada sobre su homosexualidad, pero en cuanto le preguntan por su novia, dice abiertamente que tiene o ha tenido novio. “Las reacciones son muy diversas pero siempre hay que darle una oportunidad a la gente”. A veces, puede haber sorpresas y personas que aparentemente eran retrógradas se muestran muy abiertas y aprovechan para preguntarle sobre un mundo que desconocen porque se ha mantenido encubierto. En estos casos, “se establece un vínculo muy diferente, de confianza, que nunca se hubiera dado si no les hubiera dicho que soy gay”.

Hay que recordar que “vayas donde vayas, sea pueblo o ciudad, siempre hay gays, dentro o fuera del armario”, y que por lo tanto “el extranjero no va a descubrirles una invención occidental”; lo que cambia es la manera de afrontarlo, explica Jorge
Sin embargo, ha habido ocasiones en que su sensatez no ha sido bien recibida. Jorge cuenta que a algunos de sus interlocutores (le ha pasado en la India y en Japón) esa información les ha incomodado y han reaccionado “borrándolo inmediatamente de su mente”. “Ellos pueden elegir cómo tomárselo y hay quien decide hacer como si no hubiera pasado nada; pero yo ya lo he soltado y ya me he quedado a gusto”.

Jorge admite a veces estar cansado de dar explicaciones sobre su persona, pero ciertamente tiene un perfil atípico: emigrante, homosexual, vegano, profesional multidisciplinar… aunque reconoce que vale la pena hacer el esfuerzo. Ahora, como profesor en la Universidad de Hyderabad (sur de la India), ha decidido ir de cara -como siempre- con sus compañeros y alumnos. Explica que, después de tratar el tema con los estudiantes, ellos mismos han reclamado a otros profesores que no esquivaran el tema cuando ha aparecido. En contraposición, menciona el caso de una pareja de profesores en una universidad que esconden su relación aunque todo el mundo sabe lo que hay. A su juicio eso es “tenso y poco natural”. Además –añade- “como profesor en el extranjero enseñas también la cultura y sociedad en la que vives”.

No es que sea fácil, obviamente. Jorge admite que -aunque él ha tenido mucha suerte en este aspecto-, salir del armario puede condicionarte laboralmente en según qué países.

“Pero pretender que tienes una vida heterosexual me parece ridículo. Hay que pensar en la comunidad: para que hayamos llegado donde estamos ahora mucha gente ha tenido que soportar ser discriminado. Hay que arriesgarse, si no nunca avanzaríamos”

 

Nota: Se han atribuido nombres ficticios a los testimonios de Ángel, Raúl y Andrés para preservar su anonimato