Explicarle a tu familia que trabajas en el ámbito online ha sido difícil. Tras varias simplificaciones del concepto, has conseguido que entienda que a pesar de no ser abogado, médico o ingeniero de puentes y caminos, estás en un sector con buena perspectiva profesional y salarial (“Que sí, abuela, que tiene mucha salida, que no es nada raro…”).

Y cuando habías conseguido que no te lo reprocharan, llega el momento de hacer entender a las personas de tu entorno que puedes trabajar desde donde quieras y que no por ello deja de ser un trabajo serio (“Que no, mamá, que no me van a despedir por trabajar en la otra punta del mundo”). Es la difícil y constante justificación de una nueva especie: los nómadas digitales.

Las nuevas tecnologías han revolucionado el mercado laboral y han dado lugar a esta nueva figura. El nómada digital, cual artista circense, pasa parte de su juventud (y/o vida adulta) recorriendo el mundo no como mero turista sino pasando largas temporadas, casi como un local.

Los nómadas digitales son profesionales generalmente autónomos del sector online que pueden realizar su trabajo desde cualquier punto del globo (eso sí: con buena señal de wifi). Hay tantos perfiles de nómadas digitales como trabajos que no dependen de una entrega física a una hora determinada: programadores informáticos, diseñadores, ilustradores, blogueros, traductores…

¿Qué significa ser un nómada digital?

“La verdad es que es la primera vez que oigo hablar de este término”, asegura Pere Rovira y sonríe. “En mi caso, se trata de ganarse la vida trabajando a través de internet, sin ningún lugar físico concreto”. Rovira trabaja dando clases en un postgrado online y decidió -junto con su pareja- dar la vuelta al mundo mientras trabajaba a distancia. Y, en parte, es lógico que no haya oído hablar de esto concepto ya que, a pesar de que siempre ha habido quien ha trabajado a distancia, las nuevas tecnologías, y la facilidad y bajo coste del transporte internacional han facilitado esta práctica, que se ha convertido recientemente en tendencia global. De hecho, muchas herramientas de trabajo se adaptan ya a este tipo de profesionales, que tienen unas necesidades organizativas y de comunicación específicas. Antoni Serra, treintañero que trabaja como consultor de marketing digital y especialista SEO/SEM (posicionamiento y publicidad en Google) explica que, para él, ser nómada digital “es poder desempeñar mi trabajo completamente por Internet de forma remota, sin depender de una oficina física o una localización habitual. Este tipo de trabajo puede ser desde operar tu propio negocio online, como trabajar prestando servicios como autónomo para otros negocios o agencias”.

Antoni ha vivido temporalmente en la India, Malasia, Filipinas, Australia, Tailandia y Emiratos Árabes Unidos y tiene claro que “lo más positivo de este estilo de vida es la posibilidad de conocer gente de todo el mundo mientras viajas y poder visitar nuevos lugares a la vez que aprendes nuevos idiomas y nuevas culturas. Además, la libertad de horarios y flexibilidad me permiten administrar el tiempo de un modo en que compatibilizo los viajes y mi vida laboral mientras disfruto haciendo lo que me gusta”. Sólo echa de menos de España la familia, los amigos y la comida. “Pero se lleva bien”, asegura.

José Sáez, director ejecutivo de Elevenyellow,  opina que todo “nace a partir de la deslocalización del trabajo. Si el trabajo es 100% digital, se abre la puerta a poder vivir donde uno quiera. Un porcentaje pequeño de los teletrabajadores deciden echarse la mochila a la espalda y viajar… esos serían los nómadas digitales”.

José ha viajado ya por Singapur, Bali, Filipinas y Grecia. “Solemos cambiar cada seis meses o un año, dependiendo de la calidad de vida, lo bien que trabajemos allí, etc.”. En la empresa empezaron tres personas y ahora son doce. Algunos siguen viajando juntos pero otros ya han emprendido caminos por separado y viven distribuidos por el mundo. La sociedad clásica nos ha acostumbrado a dejar los viajes para las vacaciones. “El tener la capacidad de explorar un sitio sin prisa es, para mí, la mayor ventaja”, apunta.

Por su parte, Mila trabaja como ilustradora y también se ocupa de desarrollar estrategias de comunicación y marketing para redes sociales desde Similarte. Para ella, ser nómada digital “consiste en tener la suficiente flexibilidad laboral para poder realizar mi trabajo desde cualquier lugar”. Aunque no vive permanentemente en el extranjero, se escapa siempre que puede para vivir en otro país entre uno y tres meses: “La experiencia de vivir y empaparse de la cultura de otro país y conocer a gente maravillosa es, sin duda, lo más positivo de este estilo de vida”.

Tomar la decisión

Quizás el momento más transcendental en la vida de un nómada digital es aquel en el que toma la decisión de arriesgarse por primera vez a explorar el mundo con un portátil bajo el brazo. Ese momento de mirarse al espejo y decirse: puedo ser un nómada digital.

“Sin duda, lo que me llevó a seguir este camino es la libertad de poder realizar tu trabajo sin depender de una localización. Me encanta viajar y al mismo tiempo me encanta mi trabajo, por lo que el hecho de poder realizar mi trabajo mientras doy rienda suelta a mi pasión por conocer nuevos lugares lo convierte en la unión perfecta y ahora mismo en el equilibrio de mi vida”, asegura Serra.

También Rovira, que va dejando su testimonio en el blog Viajandos, decidió seguir el impulso que sentía: “Con mi pareja decidimos dar la vuelta al mundo. Buscamos algún ingreso para financiar parte del proyecto y lo más fácil fue trabajar por internet. Ambos tenemos experiencia en marketing digital, por lo que era un paso bastante lógico”.

“Internet proporciona una flexibilidad muy grande en muchos trabajos. Es una lástima que no siempre se aproveche, porque es un gran paso hacia la conciliación de la vida laboral y personal, hacia una vida más plena”, argumenta Rovira

López también siguió su instinto y decidió cambiar su rutina: “Estábamos en Madrid, habíamos vendido una parte de una compañía y queríamos marcharnos. Hicimos varias pruebas de estar separados -éramos sólo 3 en el equipo-, salieron bien y simplemente nos marchamos; primero a Singapur y luego a Bali”.

Carácter y psicología de los nómadas digitales

El hecho de que los nómadas digitales puedan hacer realidad sus sueños personales y compatibilizarlos con los profesionales es una ventaja que generalmente repercute en su bienestar e incluso en un mejor desempeño laboral. Ya se sabe que las empresas buscan ahora trabajadores felices. Como su personalidad es la que ha promovido este tipo de vida, rara vez aparecen conflictos.

“El nómada digital consulta mucho menos al psicólogo que el emigrado tradicional y cuando lo hace es porque está atravesando una etapa de crisis vital en la que empieza a sentirse demasiado solo en su aventura y/o dejando de disfrutar de lo que hace”, asegura la psicóloga online Patricia Córdoba, de Tupsicologia.com

En cambio, los expatriados y emigrantes que no tienen este perfil, son algo más proclives a padecer algunas patologías. “Los expatriados [no nómadas] que me consultan suelen necesitar ayuda emocional en su fase de adaptación al nuevo contexto socio-cultural del país al que han emigrado”, explica Córdoba. Aparece sensación de tristeza, desmotivación y apatía debidas a la nostalgia de haber dejado atrás a familia y amigos, ansiedad por el miedo al fracaso y a la soledad, y ausencia de pertenencia a un grupo o culpabilidad por haber abandonado a su familia o pareja en el país de origen, entre otros.

Pero el perfil del nómada digital es el de una persona que hace de lo desconocido un reto y que además se ha decantado por este tipo de vida voluntariamente.

“En general, es una persona flexible, resolutiva y que responde bien ante los imprevistos. Busca el cambio y el salir de su zona de confort como opción de vida. En resumen, tiene sus prioridades y objetivos muy claros y lo que hace es invertir mucho en experiencias y muy poco en cosas materiales, las cuales considera más bien un medio para conseguir su fin: explorar y aprender.”, apunta la psicóloga

El gran reto para un nómada digital es adaptarse a los cambios y enfrentar el hecho de que hay vínculos que se rompen o se suspenden temporalmente, que se pierde el entorno de seguridad y se debe adaptar a cambios que a veces son muy bruscos y radicales. Pero es la moneda de cambio y su recompensa también es grande, ya que desarrollan habilidades y experimentan sentimientos que hacen que salgan fortalecidos de cada viaje.

A fin de que la experiencia sea un éxito, la psicóloga ofrece unas pautas a tener en cuenta a la hora de plantearse cambiar el estilo de vida. “A alguien que decide vivir viajando le recomendaría que tenga siempre en mente que esa es su opción y que lo hace desde su absoluta libertad, así que si vive así es para disfrutarlo. También, que debe asumir que habrá quien no le entienda, ni le apruebe, pero que no se desgaste buscando esa aprobación: se puede explicar, pero no hay que justificarse o convencer”. A la hora de afrontar el viaje, para Córdoba es importante “despegarse de lo material. Hay que ser minimalista tanto con la maleta como con el esquema mental -que disfrute de las pequeñas cosas, del presente, porque por eso está donde está-. Por otro lado, viajar solo no es estar solo; hay mucha gente que tiene cosas que aportar, por lo que hay que tratar de descubrirlas”. Y, si a la hora de la verdad entran las dudas y los miedos, la psicóloga recomienda “ser consciente de la libertad y la flexibilidad de las propias acciones y tener confianza en la propia capacidad para sortear los obstáculos o generar soluciones”.