Nadie en su sano juicio se levantaría una mañana y se diría a sí mismo: “Me apetece… ¡una relación a distancia!”. No, evidentemente no es lo ideal. Pero de pronto uno se encuentra envuelto en este… ¿embrollo?, ¿desafío?, ¿sinsentido?, ¿estímulo?. Según el carácter de cada uno y de la actitud de la pareja, supone cosas diferentes. Pero seguro que los que se han encontrado en esta situación comparten algunos denominadores. Como cuando el que explica que su pareja vive a cientos o miles de kilómetros tiene que soportar que le miren con cara de ‘Oh, pobre. Se la están pegando con otra persona y no lo sabe’. Por si no fuera complicada la coyuntura de por sí, los gestos recelosos a su alrededor no ayudan. Las relaciones a distancia…

1. Nacen

¿Cómo nace una relación a distancia?. Puede ser que de pronto uno de los dos se mude (normalmente por estudios o trabajo), por un periodo de tiempo limitado o incluso sin saber cuánto tiempo va a estar. Puede ser que la dos personas ya vivieran separadas, se conocieran –por ejemplo- durante unas vacaciones en su ciudad natal o en algún lugar del mundo, y luego cada uno tuviera que volver a su lugar de residencia. Muchas fórmulas, pero por lo que sea, deciden no dar un paso atrás (o deciden no decidir) y continuar con su relación.

Lo que suena a priori complicado, al mismo tiempo puede ser un chute de emoción para la pareja: nuevas experiencias, viajes juntos en perspectiva, un futuro poco o nada estándar…
“En cualquier relación, ya sea a distancia o no, es deseable que ambos miembros de la pareja aporten experiencias enriquecedoras que les hagan crecer juntos”, valora la psicóloga Fátima Izquierdo. En el caso de aquellas que están separadas por fronteras, se consigue con muchas dosis de paciencia, ilusión, esperanza, generosidad, humor… Si es así, “suman experiencias positivas en la mayoría de los casos”, añade.

De acuerdo, en el papel suena muy bonito. Pero Alexandra vive en Barcelona y tiene un novio en Cracovia (Polonia) y… que se lo expliquen a ella: “Al principio lo llevé bastante mal. Cuando tienes una relación de verte día a día, cuesta bastante cambiar el chip y acostumbrarte a no tener contacto físico diario”.  Sin embargo, tras esta bofetada de realidad explica que simplemente cambió la forma en que se relacionaba con él, sentándose una vez por semana frente a Skype y por chats varios continuamente. Fátima Izquierdo opina que, en efecto, la distancia en una relación no se mide en kilómetros, sino en el acercamiento o alejamiento emocional. “La distancia real sería el tiempo que se pasa sin estímulos positivos. Si quieres acortar la distancia, admira a tu pareja como única e irrepetible, actúa con generosidad y crea contactos en positivo”, aconseja la experta.

2. Crecen

Venga, seamos positivos. El hecho de que se sepa que uno se va a distanciar del otro, puede ser incluso motivante, un factor en contra que se vuelve poderoso porque pone en el camino una piedra (o más bien pedrusco) que le da más intríngulis. Es lo que tiene el morbo de lo difícil. Hay una etapa de las relaciones a distancia en la que uno envía al otro canciones por email, fotos de los primeros momentos de todo (en el trabajo, en la casa, en el destino en el que vive…), la primera videollamada.

Todo va bien mientras ambos tengan las cosas claras y las mismas expectativas, y obviamente mientras siga habiendo ilusión por la relación y quede compensada la distancia física.
“Lo bueno es que priorizas y valoras lo importante, no te andas con tonterías. Lo tienes muy claro. De hecho, no funcionaría si no lo tuvieses tan claro”, explica Esperanza, que vive en Kuwait y tiene a su chico en Londres. En esta línea, Pilar, que recientemente se ha reunido con su pareja en Dacca (Bangladesh) apunta: “La segunda vez que estuve a distancia con mi pareja ya no fue complicado por la incertidumbre de si la distancia acabaría con nosotros. Con una relación más afianzada y después de haber vivido cuatro años juntos, la dureza venía de tener que afrontar los retos del día a día en los nuevos países y los nuevos trabajos solos, sin el apoyo del otro”.

En la evolución de la relación a distancia se da el primer reencuentro tras el cruce de fronteras. Es maravilloso, ideal. Parece que ambos vuelven a tener un primer beso, cuesta reconocer al otro y eso es excitante porque  su forma de tocar se siente como nueva. Y… obviamente el reencuentro sexual suele estar a la altura de la emoción. No obstante, después de unos días juntos toca de nuevo despedirse, y uno maldice el vaivén: primero se acostumbra uno a estar solo (o juntos en la distancia, como se quiera ver), luego bastan unos días con el otro para hacerse de nuevo a la vida en pareja para que, de pronto, la contrarreloj llegue a su fin como un espejismo y tengan que volver a desengancharse.

3. Se reproducen

Aquí la relación a distancia llevada al extremo: un plato frente a cada pantalla para cenar juntos por Skype, envíos de paquetes por correo por el cumpleaños, los cálculos de la diferencia horaria se hacen con agilidad asombrosa, se tiene algún encuentro virtual picante y, en definitiva, gracias a las detalladas descripciones por chat o email, uno hace al otro tan partícipe de los acontecimientos de su vida que parece que está medio allí.

Se tira de hemeroteca para encontrar una foto de ambos juntos y enviársela, con el objetivo de recodarle lo bien que estabais, aunque la realidad es dura y cada vez uno se tiene que remontar más en la galería de imágenes para llegar a ese momento.

“Debido a la diferencia de hora yo hay días que me voy a dormir a las 3 de la mañana y luego me despierto pronto… y estoy echa polvo”. Y es que en ocasiones mantener los lazos con alguien implica renunciar a amigos y planes, explica Esperanza. El riesgo es llevar la vida virtual al límite y que nos importen más las pantallas que el mundo real. Hola, fans de Her. Aquí es cuando se debe hacer clic y poner todo en una balanza, para evitar que se nos vaya de las manos y seguir aprovechando el nuevo destino. Marco, que vive a 2.000 kilómetros de su chico, opta por hablar cada día un poco por WhatsApp y así “evitar esas conversaciones para ponernos al día”, que no hacen más que evidenciar la distancia entre uno y otro.

“La clave está en la actitud que una relación proyecte y genere, pues será el catalizador de nuestra energía en el ámbito laboral, físico y psicológico. Es útil hacerse preguntas de vez en cuando, tomar conciencia de dónde estoy, qué me aporta, qué puedo mejorar. Reflexionar nos ayuda a buscar el equilibrio y a reconocer nuestras fortalezas y nuestros puntos débiles”, analiza Izquierdo. Así que, en el caso de que siga compensando, se clava el piolet y ¡a hacer cumbre!.

4. ¿Y mueren?

Puede ser que uno de los dos se canse de la tecnología, se sienta atado o esclavo, se olvide de cómo era estar con el otro y le quede demasiado lejos, le echemos poco a poco de nuestra rutina y cada vez invirtamos menos esfuerzo en contarle cómo es nuestra jornada tan diferente a la suya. ¿Por qué? Pues porque se echa de menos el día a día físico, porque no se sabe estar solo, porque se conoce a otra persona, porque se rompen las perspectivas e ilusiones y no tenemos dinero o tiempo para vernos de vez en cuando.

“Lo peor es que a veces necesitas un abrazo y no te lo puede dar” y “Lo peor es tener una vida tan diferente a la del otro”, opinan sobre sus relaciones Esperanza y Marco, respectivamente. Por su parte, Pilar considera que “la pervivencia de la relación no depende tanto de la distancia, sino de lo convencido que se esté de la relación, aunque está claro que una relación a distancia siempre conlleva cierta inseguridad, miedo a que las vidas de ambos vayan por caminos diferentes o a que algo se interponga entre ellas”.

Lo que todos ellos tienen claro es qué es lo que mantiene viva su relación a distancia: tener una fecha final y la perspectiva un  futuro en común

La psicóloga advierte de que “toda relación está tocada de muerte cuando no se encuentra beneficio por ambas partes. Mientras la otra persona te aporte estabilidad, risas, conversación, amor, sexo, contacto… o cualquier otro beneficio, la relación existirá, basándose en el principio de utilidad“. En este sentido, Esperanza recuerda una relación que tuvo a distancia con un chico que vivía en Panamá: “Estábamos en diferentes niveles. Él quería tenerme ahí y hay que saber decir que no en caso de que no vaya bien. Hay que aceptar que no siempre funciona. Él cambió y de pronto tuvo nuevos amigos, planes, lugares… y yo seguí esperando”. En este sentido, aquí va un spoiler de la película 10.000 km. de Carlos Marqués-Marcet sobre este tema: “Tú no quieres estar conmigo, quieres que yo esté contigo”, le dice el protagonista a su chica en una conversación (por Skype, por descontado).