¿Tiene el amor barreras lingüísticas? ¿Cómo es tener una pareja que habla otro idioma? ¿Sabrías decir te quiero en otra lengua? ¿Es determinante la comunicación verbal a la hora de enamorarse?

“Ella apenas hablaba cuatro palabras de español y yo… tres de inglés. Al terminar el traslado, fuimos a tomar un café y hablábamos por señas y con dibujitos en un papel”. Así se conocieron Florentín e Yvonne hace 28 años en una noche de verano. Él, conductor y, ella, guía. Esa noche trabajaron juntos en un traslado y, pese a sus torpezas para comunicarse, según ellos “fue amor a primera vista”. Decidieron empezar una vida en Inglaterra, donde tuvieron tres hijos y, diez años más tarde, se instalaron en Madrid.

“Cuando estás aprendiendo un idioma, siempre surge alguna cosa extraña o graciosa o rara…”, dice Florentín. “La noche en la que conocí a Yvonne me preguntó si estaba cansado y dije que sí, pero después ya dudaba si me había dicho cansado o casado. Se fijó en que no llevaba anillo y se tranquilizó”.

How do you say “flechazo”?

Itziar, de Pinto (Madrid), decidió irse a Dinamarca para hacer un posgrado de ventas internacionales y marketing. “Conocí a Patrick por un amigo en común, nos preparó una cita a ciegas… y nada, ¡surgió el amor!”. Usan el inglés para comunicarse entre ellos, aunque Patrick esté aprendiendo castellano. “Él me dice te quiero y yo le digo jeg elsker dig”. Siguen estando juntos incluso en la distancia ya que Patrick está ahora estudiando en Londres.

“Mi amiga Laura y yo estábamos en una discoteca con varios amigos”, narra Itziar, rememorando una mítica secuencia. “Un amigo tenía sus llaves. Ella se quería ir y le imperó give me my kiss… El pobre no sabía qué decir. No sabía cómo excusarse educadamente y explicarle que no quería darle un beso. Después de mucho insistir ya se entendieron, y es que lo que realmente intentaba decir era give me my keys”.

Itziar, frustrada, cuenta que hablar en una lengua que no dominas “no te permite hacer tantas bromas, no puedes ser tan sarcástico
Expresiones como venga tú, no se pueden traducir como come on you!”. Y es que ser espontáneo requiere dominio. “Cuando la gente dice thanks, yo contesto many times! y se me quedan mirando raro, porque claro, el muchas veces no se dice”, añade explicando sus aprendizajes.

Lost in translation

Irene también se fue al extranjero por estudios, en concreto para hacer un Erasmus en Bélgica. Allí conoció a Sam, estudiante de derecho. “Ninguno sabía hablar el idioma del otro, además mi inglés era bastante malo pero si dos tienen ganas de conocerse, ¡con paciencia es suficiente!”. Irene añade, satisfecha: “Su  lengua es el holandés y está intentando aprender español. Además, mi inglés ha mejorado mucho”. Aún así, asegura que seguirán hablando inglés entre ellos. Un año después del inicio de su relación, Sam se ha instalado en España en casa de Irene y su familia. “La gente decía que le sería difícil encontrar trabajo sin ni si quiera hablar español. Sin embargo, tras una semana Sam consiguió trabajo. “Yo animo a las parejas de diferentes países a luchar por estar juntas y no fijarse sólo en las dificultades”.

En el caso de Daniela, ella tuvo la suerte de que ya sabía hablar español cuando conoció a Javier pues fue de Rumanía a España con 18 años. Y, por tanto, las diferencias con las que convivieron en el inicio de su relación son más bien culturales. “Yo cuando llegué a España nunca pensé que pudiera salir con un español, por mi religión y mis costumbres”, confiesa Daniela. Pero ahora declara: “¡Lo mejor que he podido hacer es salir con un español!”, expresa en perfecto castellano.

La pasión como lenguaje universal

El amor, el sexo, las discusiones… ¿necesitan una sola lengua?. “Lo mejor de tener una relación en la que el idioma no es común, es el sexo”, admite Itziar. Para ella, cuando tienes una relación en el mismo idioma hablas de más cosas pero al ser en otra lengua, quizás no lo haces tan profundamente. ¿Y en la cama?. “Hay más tensión sexual” y no necesitas hablar tanto porque “es un lenguaje universal”. Ella confiesa: “Es muy gracioso porque hay veces que yo prefiero no hablar, porque si pienso en otro idioma ¡no me concentro en lo bien que me lo estoy pasando!”.

Javier e Itziar están los dos de acuerdo en que las discusiones son más tenues porque no hay tanta divagación, la comunicación es más directa
“Al principio no sabes cómo discutir, no sabes cómo mandarle a la mierda básicamente… Así que muchas veces te callas para no discutir”. Eso sí, asegura que las reconciliaciones se consiguen mucho antes. With the heat of the moment, es difícil reprimir alguna expresión en nuestra propia lengua, según Irene: “Discutimos en inglés, pero me invento palabras que no conozco ¡y aún así nos entendemos!”. Tenemos la intuición de que a Itziar le gustará el humor de Superbritánico, con sus reclamos como You are the milk, I am like a motorbike y I love you an egg, comercializando así la técnica-Itziar.

Y al anecdotario de traducciones literales en el contexto conyugal se añade polluzione, que en italiano significa, aparte de polución, “eyacular o experimentar el orgasmo”, de acuerdo la 44ª acepción del diccionario de la RAE de la palabra correrse, según confiesa un emigrante que ya ha vivido en cuatro países diferentes y que comparte su ameno aprendizaje en la terminología del catre. Este mismo joven quedó conmocionado cuando su ahora exnovia le confesó que estaba “un poco embarazada”; resultó que sólo tenía vergüenza pero por unos segundos dejó al expatriado un poco sobresaltado debido a una mala traducción literal del inglés: embarrassed.

Casi todo son ventajas

“Si alguien se quiere da igual que sea chino, ruso, o lo que sea”, asegura la joven rumana. Todos los entrevistados destacan como benefit number one el aprender y practicar un idioma nuevo. Esto no sólo te permite comunicarte con tu pareja y su familia y amigos, sino que te abre muchas puertas en la vida. Florentín aprendió “otras formas de vida, a poder comunicarme con otras personas del mundo, usar un sentido del humor particular con los ingleses” y, sobre todo, a tener una nueva garantía en el currículum: “¡En mi mundo laboral el inglés lo es todo!”.

Benefit number two de tener pareja de otro país es, según Javier, “valorar cosas que ahora tengo y que antes no valoraba tanto, como la familia, porque ella no la tiene cerca”. Uno de los retos de la relación -cuenta- es el ponerse en el lugar de la otra persona, entender lo que está sintiendo y lo que echa de menos. La clave para mantener la relación fuerte y sana, para él, es el respeto. El idioma es sólo una herramienta más para comunicarse, no deberíamos considerarlo un problema. Incluso alguno llega a bromear diciendo que “¡muchas veces los problemas surgen cuando hay demasiada comunicación!”.

“Sólo puedo decir cosas positivas”, admite Itziar. Aquí aparece el benefit number three: el irse fuera ha hecho que eliminase cualquier matiz discriminatorio por lengua u origen que pudiera haber surgido en ella.

Lo bueno de conocer a personas de otras culturas es que te enseñan diferentes hábitos y costumbres, muchos mediante su lengua, y también a ser más cuidadoso y sensible con las palabras que utilizamos
“Todos comemos, hacemos el amor, bailamos, ligamos, lloramos y reímos”, entre muchas otras cosas. La manera en la que lo expresemos… no tiene que separarnos.

Es bien cierto que en momentos de emoción emerge nuestra lengua materna desde lo más profundo de nuestra rabia o pasión. Y pasa del mismo modo en algunos momentos de pareja, tanto en las peores discusiones como en los momentos más calientes. Se nos escapa un “me cago en la leche” o un “¡oh, sí!” (no un “oh, yeah!”), eso ya, cada uno con sus vocablos estrella. Y aunque hay palabras incluso intraducibles, que eso no sea una barrera sino una riqueza. Además, casi todo los momentos esenciales no entienden de idiomas. El amor es el lenguaje universal, así que abrácenlo aunque sea cometiendo errores gramaticales u ortográficos imperdonables. La tilde ya la pondremos con nuestros gestos y acciones.