El servicio de correos en Francia es una ins-ti-tu-ción. Una especie de Gran Hermano que todo lo vigila, porque cada uno de los documentos imaginables y pruebas irrefutables pasa por sus oficinas. Mientras en el resto de Europa la tendencia es el e-documento, la reducción de las impresiones, la agilidad burocrática y el respeto al medio ambiente, nuestros vecinos galos no dan papel por válido si no está estampado por ese gran organismo que es La Poste, el Correos francés.

Este pleistoceno burocrático tiene sin duda una herencia cartesiana: la prueba física. Desprenderse de la tradición racionalista añade un plus de dificultad a lo que viene siendo la adaptación al medio francés para un emigrante en la República. Cuando se asume que cada paso dado en Francia tiene como núcleo la oficina de correos más cercana, la burocracia -al menos- se localiza. Todo, absolutamente todo, desde la más insignificante de las cartas hasta pruebas médicas se envían por correo (y a ser posible correo certificado, lo que incrementa su coste).

El precio de una carta certificada normal de 20 gramos (una tres o cuatro hojas) es de 3,67 euros más 1,05 euros por el acuse de recibo. Éste es vital ya que las pérdidas y el caos de papeles están a la orden del día a causa de lo arcaico del sistema. Cada hoja de más tiene un coste de 0,05 euros.

La inversión en sellos a fin de mes es, por tanto, importante a tener en cuenta en los gastos generales de la economía familiar. Al desembolso hay que añadir las molestias, puesto que es el emisario el que pesa, timbra y envía el documento

Por correo se envían altas y bajas laborales, ceses de actividad, cheques, nóminas, todo tipo de facturas (únicamente las compañías telefónicas se están lanzando a la e-factura) recibos y pruebas médicas, declaraciones de la renta, tarjetas sanitarias, multas e incluso alimentos. Nuestra relación con un gimnasio, escuela de danza, curso de cocina, también requerirá cartas certificadas para darse de baja de sus servicios. Lo mismo con suministros eléctricos, agua, gas, internet o seguros del hogar: no basta llamar para darse de baja. Junto con la llamada será necesaria una carta certificada para constatar  el cese. ¿Cambios de domicilio?, ¿de números de cuenta bancaria?, ¿de teléfono…?. También tendrán que pasar por el aro de La Poste.

Estar provistos de sellos y sobres agiliza mucho el día a día ya que, por ejemplo, para los reembolsos económicos de cada visita médica dónde el uso del datafono para la tarjeta sanitaria no está aceptado (algo, por cierto, bastante extendido), será necesario enviar el justificante a la seguridad social. Además, si alguna compañía se aventura a permittir a los clientes que agilicen trámites por internet, antes o después les hará llegar una carta adjuntando claves, o pruebas que autentifiquen estar de acuerdo con semejante avanzadilla.

En el ámbito educativo son pocos los centros que optan por el email. La matriculación a nivel universitario se ve incrementada en un coste mayor en timbres: títulos, certificados de notas, carta de motivación, currículos, convalidaciones, y todos y cada uno de los documentos necesarios en el ámbito académico  llegarán bajo acuse de recibo y por correo certificado.

Las extravagancias postales no acaban aquí. Los laboratorios químicos también tiran mucho de la logística postal: analíticas, citologías, recetas, radiografías de pulmones que demuestran que no padeces ni has padecido tuberculosis, restos animales para el análisis veterinario, amputaciones, y demás pruebas biológicas… también tienen cabida en el interior de un sobre blanco.

Sin embargo, y pese a la obligatoriedad del ciudadano a pasar por la oficina de correos para todo trámite, los clientes se quejan a menudo del servicio. Tan habitual es estar en casa esperando un paquete que nunca llega porque el cartero, metiendo el justificante de ausente en el buzón, ni se ha molestado en subir a casa, como ver envoltorios estropeados, completamente espachurrados, metidos a la fuerza y con alevosía en ranuras de mínimas dimensiones.

Dado el poder de los sobres, los sellos y el correo certificado en Francia, es perfectamente deducible que cuando los trabajadores de La Poste están en huelga el país se paraliza. El Quinto Poder en Francia es lo que tiene; que todo lo puede.