Casi 2.000 españoles están en cárceles en el extranjero. La mayoría han sido condenados por tráfico de drogas y la mayor parte se encuentran recluídos en centros penitenciarios en Latinoamérica, donde las condiciones de los reclusos son nefastas. “Malviven como animales. Creo que los animales tienen mejores condiciones de vida que ellos”, explica Javier Casado, director de la Fundación +34.

Esta entidad nació de manera espontánea en 2011, cuando un amigo de Casado, Iván, fue apresado en Australia por un delito de tráfico de drogas. Fruto de la necesidad, la incertidumbre y la preocupación, Casado y su grupo de amigos de toda la vida decidieron poner todos sus medios para ayudar a los padres de Iván, desesperados por tener noticias de su hijo y por comprender su situación a miles de kilómetros de distancia. Desde entonces, empezaron formalemente a ayudar a familias españolas con algún pariente preso en una cárcel extranjera. La experiencia con Iván le proporcionó al equipo de la Fundación toda un red de contactos en el exterior que, desde entonces, han seguido usando y ampliando para apoyar a más reclusos españoles. “Nos dimos cuenta de que no había ninguna organización oficial para apoyarles y de que había muchísimos en esa situación”, cuenta Casado.

Ahora, la Fundación +34, con sede en Valladolid y con una gran red de voluntarios que se extiende por todo el mundo, presta servicios a los familiares con información y asesoramiento y, sobre todo, apoya a los presos.

“A través de nuestra red, los españoles en el extranjero voluntarios les visitan en las cárceles y les dan aquello que puedan necesitar: desde medicinas, hasta revistas, comida o simplemente una conversación o incluso un abrazo”, señala Casado
“Muchas veces basta con que oigan que hablas su idioma para que les cambie la cara totalmente, es sobrecogedor”, añade. Y es que algunos de los presos a los que ha asistido la Fundación se encuentran aislados en centros penitenciarios perdidos en medio de ninguna parte, con dudosas condiciones higiénicas, falta de asistencia médica y seguridad.

Es importante recalcar que esta organización sin ánimo de lucro no busca disculpar la condena que los presos deben cumplir, sino que su objetivo se centra en garantizar el respeto de los derechos humanos y unas mínimas condiciones de vida en los centros de reclusos. “Los presos no interesan a nadie”, afirma Casado. La Fundación +34, que da apoyo a presidiarios sólo por delito de tráfico de drogas, presiona para que se implementen los convenios y acuerdos bilaterales que regulan el traslado de los presos y que puedan cumplir su condena en España: “en ocasiones se cumplen y en otras no”. ¿Cuál es el perfil de los presos españoles en el extranjero? La mayoría son hombres (el 70%) y sin antecedentes penales.

La pesadilla de Latinoamérica

Entre los españoles, la tasa de criminalidad por tráfico de drogas aumentó con la crisis considerablemente. “En una situación de desesperación, en paro, con una hipoteca que no puedes pagar y con hijos… hay personas que están dispuestas a conseguir dinero rápido”, contextualiza Casado. Literalmente, las mafias captan a las mulas, incluso en la cola del paro. “Cuando van al aeropuerto, la mayoría ni saben lo que tienen que entregar y nunca saben dónde van a volar hasta antes de embarcar”, señala. Y entonces empieza la cuenta atrás y, si te pillan en América del Sur, vas a parar a las peores condiciones imaginables.

Mafias, droga, violencia, la ley del más fuerte… “No se dan las condiciones básicas para poder sentirte una persona”, cuenta Pau, que ha pasado los últimos tres años de su vida en una cárcel de Perú. El expresidiario catalán contó con el apoyo inestimable de sus padres y también de la Fundación +34. “Me dieron información sobre cómo cobrar la ayuda que proporciona el Gobierno español a los presos, también comida, periódicos… cosas que me hiciesen sentir un poco arropado”, relata Pau.

Fueron tres años llenos de vivencias aterradoras, según relata Pau, en los que vio morir a siete presos españoles. Comía raciones de arroz diarias repartidas por las mafias penitenciarias, sufrió la violencia de la cárcel y se enganchó al crack
“A los mismos funcionarios les interesa que los presos estén drogados o enfermos para poder reducirlos con mayor facilidad”, cuenta Pau, quien asegura que lo que más violencia genera es el consumo de drogas.

La reinserción en la sociedad una vez se está libre de condena es todo un reto en el que la Fundación también da apoyo. En el caso de Pau, que quedó en libertad en febrero de este año, ha conseguido un trabajo que le gusta, ha dejado las drogas y está ilusionado con la relación sentimental que empezó con su actual pareja el pasado verano. Cuando le preguntamos a qué se dedica ahora, él lo tiene claro: “Ahora me dedico a ser feliz”. Aunque sea por contraposición a su etapa en Perú.

La Fundación, financiada íntegramente por donativos privados, también tiene la voluntad de socorrer a cualquier español que pueda encontrarse en una situación desesperada estando fuera. Y entonces, ¿qué pasa con los consulados y las embajadas de España en el extranjero?. Según Casado, este tipo de instituciones públicas dan asistencia, pero es complicado que resuelvan algunas cuestiones. “Al final, cuando te ves perdido porque te han robado la documentación y las tarjetas en la otra punta del mundo, lo que necesitas es que te ayuden a volver a casa”, señala Casado. Pero por encima de todo, la misión de la Fundación es dar apoyo: “una labor humanitaria entre españoles” -en palabras de Casado- que consigue tejer una red mundial en que unos se ayuden a otros en situaciones extremas. Para la Fundación, las redes sociales son vitales como canales de la solidaridad que conectan a españoles en el extranjero que están dispuestos a ayudar con compatriotas en situaciones difíciles.