Hay un capítulo muy importante en la vida de todo español en el extranjero, y es el de la comida. Irse a vivir a otro país conlleva muchos cambios y, admitámoslo, una nueva dieta es un tema importante. En España se come muy bien y suele haber una buena calidad de producto, por lo que adaptar nuestro estómago y nuestro paladar a una cocina y unos alimentos distintos no es tarea fácil

Cuanto más exótico y más lejano es el país al que nos toca ir a vivir, más nervioso te pones, porque crees que te va a costar aún más adaptarte a la comida local. Una vez estás allí, no tienes otra: te adaptas y punto. Quizás con alguna que otra indigestión o gastroenteritis en el camino, pero lo acabas logrando. Si eres muy especial con el tema de la comida te puede costar un poco más, pero cada uno acaba encontrando una solución a su medida.

Irte a vivir fuera no tiene por qué significar forzosamente despedirte de la comida española. Uno puede tirar de ingenio para encontrar los ingredientes necesarios (más o menos parecidos a los que habría en España) para poder reproducir en el país de destino los grandes platos de la gastronomía local, un clásico en las quedadas de amigos internacionales en el extranjero que no tiene por qué estar reñido con la integración y la adaptación local
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Preparando varias tortillas españolas en Bruselas

Empezaremos por la tortilla de patatas. Se lo merece porque es el clásico por excelencia y muy recurrido fuera de nuestro país. De elaboración relativamente fácil aunque larga, te salva y te hace quedar bien cuando tienes que ir a la clásica cena multicultural en la que cada uno tiene que llevar un plato de su país. “Yo antes de irme a estudiar a Inglaterra quise aprender a hacerla porque sabía que la echaría de menos en el extranjero”, admite Clara, que vive en Londres. Ahora se ha vuelto una experta en este plato, ya que desde la primera vez que la hizo tuvo éxito. “Siempre que tengo que ir a una cena o si organizo algo en mi casa suelo hacer una o dos tortillas de patatas, te aseguras el triunfo”, explica.

Aunque a veces, comprometerte a hacer tortilla de patatas te puede salir caro. Tatiana e Inés son dos jóvenes catalanas que viven y trabajan en Bruselas. “La escena siempre es la misma: en casa, la tarde antes de la cena pelando patatas, nos solemos mirar y nos preguntamos por qué nos habremos liado a hacer la famosa tortilla española”, cuentan. Eso sí, siempre acaban volviéndose a liar, será porque no encuentran mejor alternativa.

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Una paella “made in Indiana”

Los domingos no saben igual si no hay paella. De elaboración compleja (sí, es otro nivel comparado con la tortilla de patatas), y no sólo por su cocina, aquí el reto también es encontrar los ingredientes (o sucedáneos) adecuados estando en el extranjero, y ya no digamos la paellera. Aparte de la controversia de si la haces de mar o montaña o mixta, o si gusta al dente o pasadita, la misión imposible es encontrar el grano de arroz perfecto ya se las trae. Si no, que se lo pregunten a Estela, que desde Indiana (EEUU) cuenta que, para una vez que encontró arroz redondo en el supermercado se puso tan contenta que compró 7 kilos (¡todo lo que quedaba!). “Me dio mucha alegría encontrar el arroz del de casa y pensé que mejor me lo llevaba todo porque ¿y si no lo vuelven a traer?”, relata Estela. “Comer, al fin y al cabo, es juego, diversión, compartir y disfrutar. Y cuando estás fuera es también una gincana”, añade.

Esta asturiana afincada en EEUU reconoce que le gusta probar y ver qué ingredientes son los que más se acercan a sabores conocidos. Además, un arroz de domingo es la excusa “perfecta” para hacer una reunión con amigos, “ya sean españoles o de cualquiera de las otras nacionalidades con las que compartimos aventura”, comenta.

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Reunión de españoles en Saigon (Vietnam)

No podemos dejar de hablar del gazpacho andaluz y de la escalivada tan típica de Cataluña. Ambos platos son de fácil elaboración y no es complicado encontrar los ingredientes, ya que se trata de verduras. Con el gazpacho es importante tener bien en cuenta las proporciones de los ingredientes, tener una licuadora y cogerle el punto, pero este plato es uno de los que da más juego y podemos experimentar con muchos ingredientes, ya que seguramente existen tantas recetas de gazpacho como españoles en el extranjero. Hay quien incluye manzana, pepino, zanahorias… incluso ahora están de moda los de sandía o los de cereza. En fin, viviendo en el extranjero igual hasta se puede probar con alguna verdura o fruta más local que le pueda dar un toque a nuestro gazpacho de toda la vida.

En el caso de la escalivada, es menos conocida en el extranjero así que puede sorprender mucho a nuestros amigos de fuera. “Con la escalivada hay que tener más cuidado, yo alguna vez la he llevado a cena con los del trabajo y no siempre ha triunfado”, explica Javier, que vive en Copenhague. “Pero por lo general a todo el mundo le encanta, y más si le pones queso de cabra y un chorrito de miel”, asegura.

Y no queremos acabar este artículo sobre gastronomía sin hacer mención al jamón ibérico envasado. Es cierto que eso no tiene nada de cocinar, porque en cuanto lo recibes en tu casa en el extranjero lo único que puedes pensar es en abrirlo lo antes posible y degustar su extraordinario sabor (sí, extraordinario) sin pan ni nada. Da lo mismo. Todos los que hemos vivido en el extranjero sabemos y comprendemos la emoción de tener en nuestras manos el jamón envasado. Se convierte en un bien preciado y escoges con cuidado las personas con las que lo vas a compartir, que tomar un buen jamón ibérico en el extranjero no se ve todos los días. Y es que más de uno ha descubierto -a través de la añoranza de su gastronomía- el cariño por su país de origen.