Cuando llegamos a un país nuevo y empezamos nuestro proceso de adaptación a la cultura y la lengua de nuestro nuevo hogar, parece que estamos atravesando una gran tormenta de obstáculos y retos. Sin embargo, el tiempo va pasando y cada vez estamos más cómodos y más “adaptados” a nuestra nueva vida en el extranjero. Muchas de las cosas que al principio te espantaban o te daban miedo ya dejan de hacerlo y acabas normalizando ciertas situaciones que antes te chocaban.

Hay varias cosas que te indican que sí, ahora ya sí estoy bien adaptado o, por lo menos, voy por el buen camino. Aquí va un listado de esos momentos en los que te das cuenta que ya no eres un simple visitante de la ciudad. Ahora ya es tu casa.

  1. Cuando ya no te quejas ni del clima ni de la comida

Parece muy obvio pero adaptar nuestro estómago y nuestro cuerpo tanto a la temperatura como a una nueva dieta es uno de los pasos más duros y que notamos más tanto mental como físicamente. Da igual que te vayas a un país frío o a uno cálido, estamos acostumbrados al clima templado de España, donde además suele hacer sol la mayor parte del año. Si te vas a vivir a Londres, seguramente estarás maldiciendo la lluvia cada día durante el primer mes, o incluso más. Y en Bruselas lo harás durante varios meses cuando salgas cada día de casa y te encuentres las nubes más grises que hayas visto en tu vida. Pero es precisamente en el momento en el que te mimetizas con el clima, en el que ya pasas a no darle importancia a si hace sol, llueve o nieva, cuando tu proceso de adaptación va bien. Lo mismo ocurre con la comida, cuando ya empiezas a cogerle el gustillo a la comida local, es una clara señal de que te estás adaptando.

  1. Cuando ya entiendes y dominas el lenguaje coloquial

Admitámoslo, es una da las cosas que se aprende más rápido. Por supuesto que lo primero será aprender a decir: hola, adiós, gracias y por favor, pero las expresiones coloquiales esas que se oyen en todas partes son cosas que solo aprende el que ya lleva un tiempo viviendo en el país. Hay que hacerse muchas horas en el metro para entender ciertas expresiones y haberse recorrido muchos bares para entender el humor local. Cuando llega un punto en el que te entiendes fácilmente con los locales y ya no te cuesta pillar sus bromas ni sus expresiones más auténticas, es que estás adaptándote muy bien. Además indica que no te estás quedando aislado del mundo en tu burbuja de expatriados o de españoles.

  1. Cuando el camarero del bar ya te conoce

Otro clásico, y este sí, de los buenos. Clara señal de que ese es ya “nuestro” barrio. Cuando has estado tantas veces en un bar que el camarero ya te conoce e incluso sabe lo que vas a pedir. Da igual que sea un bar donde va muchísima gente o donde van muchos extranjeros. El camarero te conoce a ti. Te saluda cuando pasas por delante del establecimiento y además alguna vez te hace un descuentito. Sí amigo, te estás adaptando bien.

  1. Cuando sabes moverte fácilmente por la ciudad

Llegar a una ciudad nueva es estresante sobre todo porque no la conoces y no sabes cómo moverte por ella. Aprenderte las líneas de metro, las conexiones de autobús, los barrios, las maneras más rápidas de llegar a casa o al trabajo, etc, es una de las cosas más pesadas al principio, aunque se hable poco de ello. Sobre todo si estás en una ciudad grande y un poco caótica, y aún más si no conoces el idioma local y es una ciudad de un país no europeo, las primeras semanas pueden ser un poco angustiosas en este sentido. Por eso, cuando de verdad empiezas a sentirla como tú ciudad es cuando empiezas a dominar todo esto. Cuando ya puedes ir solo a todos sitios y tienes la confianza y la seguridad de que sabrás cómo moverte. Cuando ya no necesitas llevarte ningún mapa contigo “por si acaso” ni necesitas tirar de Google maps todo el rato (eso si tienes Internet en el móvil… cosa que los primeros días suele ser raro).

  1. Cuando ya has pasado por una enfermedad allí y te has recuperado

Sí, este es cierto y lo saben todos los que lo han pasado alguna vez. Ponerte enfermo cuando estás en el extranjero es una experiencia que te hace más fuerte. Irremediablemente, cuando te recuperas de la enfermedad, virus o lo que sea que hayas pasado, ya sientes que estás mucho más preparado para enfrentarte a las posibles adversidades que ponga ante ti tu nuevo entorno. Sobre todo en países del sud este asiático, estos procesos pueden ser muy pesados, dolorosos y molestos, y además visitar un hospital en este tipo de países es toda una experiencia, pero una vez superado todo el proceso te sientes un campeón y dices: “ahora sí puedo con todo en esta punta del mundo”.

  1. Cuando ya no te confunden con un turista

Y al final, cuando ya has pasado por todas estas fases, cuando ya te sientes como en casa, cuando sales a la calle y todo te resulta familiar y te has acostumbrado a las pequeñas manías del país, a su clima, su comida, los horarios (nunca son como en España), sus gentes, su manera de hablar… es entonces cuando sabes que estás totalmente adaptado. Ya no te confunden con un turista y tienes la confianza y la seguridad de que estás donde tienes que estar.