Los primeros flirteos con el sistema de videollamada los inciaron las televisiones en los años treinta del siglo pasado. Seguramente, sus confabuladores en ese momento pensaron en todas las posibilidades que esa nueva tecnología abría a nivel de trabajo, comunicaciones, investigaciones… y de hecho no iban desencaminados pues sus primeros usos fueron en la NASA, los telediarios y este tipo de cosas serias.

La videollamada no bajó en un primer momento al nivel usuario, ese que se mueve por instintos primarios, ese que aunque sepa que en Google puede encontrar informes sobre el avance del uso de la robótica en quirófanos, sólo quiere consultar la cartelera (cometido más embrollado de lo que puede parecer en un primer momento, cabe decir) y los ”¿cómo se hace…?” una besamel, por ejemplo. Cuando la videollamada llegó a ellos, a nosotros, a este nivel de -por qué no llamarlo así- realismo y pie de calle, nos dimos cuenta de que aparte de generar avances por ejemplo en la telemedicina podría permitir que dos personas, tan llanas como las que acabamos de citar (o incluso aquellas que se dedican al campo telemédico, por qué no) puedan mantener caliente su relación a distancia.

El tabú

“En general nos cuesta hablar en público sobre sexo y nos cuesta admitir que jugamos con la tecnología”, opina la sexóloga Sylvia de Béjar sobre el uso de la videollamada con propósitos sexuales. Aunque ella está en desacuerdo con esta reprobación: “Es lo más común que te apetezca el sexo con tu pareja, aunque estés en la distancia. ¡Te apetece todo de esa persona y -lógicamente- también el sexo!”. La verdad es que si ya cuando una pareja vive en la misma ciudad cae fácilmente en el sexteo…, “cuando dos viven separados tienen que aprovechar los recursos de la tecnología lo más que puedan porque… ¡no queda otra opción!”, arguye la sexóloga.

Una joven que vive en los Emiratos (bauticémosla como Ana, para proteger su intimidad y la de su pareja) considera que hay un tabú fortísimo respecto al sexskype, ya que es doble: sexual y tecnológico.

“Tengo clarísimo que muchísimas personas lo hacen pero no lo cuentan”
“Yo lo he explicado aunque no a todo el mundo, sólo a mis amigos mas íntimos. También alguna vez si estamos entre chicas y veo que son de mente abierta, porque según a quién se lo cuentes se puede quedar alucinando y ponerte de vuelta y media”. Aparte de por sus confidentes, dice que se ha sentido apoyada por amigos homosexuales, que están más habituados a esta práctica incluso con personas que nunca han visto antes.

Una cosa llevó a la otra

¿Cómo se empieza? ¿Cómo es la primera vez de un sexskype?. Sylvia de Béjar se troncha de risa al explicarlo: “No se puede aspirar el primer día a hacer un estriptis delante de la cámara y en directo. Es un camino que se va haciendo. Primero envías mensajes por chat, luego alguna foto, luego alguna grabación…”. Todo en clave erótica, se entiende.

Ana explica que, en su caso, todo empezó después de unos días de irse a vivir fuera. Poco a poco la pareja fue asumiendo que no estaba físicamente junta, cada uno hacía su vida, se adaptaba a la nueva situación y, de pronto, “inicias una conversación más subida de tono de lo normal”, cuenta. “Vas haciendo algún Skype más caliente hasta que llega un día en que te tiras a la piscina”, explica. “Primero lo veía como algo poco normal, muy sucio y mal visto, pero acabé dándome cuenta que es algo natural y que muchas personas que tienen relaciones a distancia acaban utilizando”, confiesa.

Pues eso, que si desabróchate un botón, que si ahora te haría esto, que si a mí me gusta cuando me haces lo otro… explica la sexóloga De Béjar. “Todo es empezar”

Además, como no hay contacto físico y todo es comunicación visual y verbal, la pareja puede desarrollar una relación sexual mucho más abierta porque “aprende” a expresar lo que quiere si antes no lo hacía. “La parte comunicativa es lo que le falla a muchas parejas que están juntas. Y esta falta de comunicación es lo que ensombrece las relaciones sexuales. Los que viven a distancia y han descubierto este lado comunicativo se sabrán expresar mejor (qué les gusta, qué no…) y les unirá muchísimo”, analiza la experta. “Son pequeños momentos que hacen que me sienta viva, que me recuerdan que hay atracción”, justifica por su parte Ana.

¿Sirve o no sirve?  Calentón versus frustración

Una interrupción de la videollamada por culpa del mundo físico (-¿Llaman a la puerta? -Deja, da igual) o un corte de conexión a internet podrían suponer un coitus interruptus, ocasionar un gatillazo tecnológico (“ahora ya me he distraído…”) con la consecuencia fatal de una caída del sistema. Eso y la evidente distancia física (querer más que una pantalla) pueden poner de muy mala leche.

Por otro lado está el momento del post-sexo, que para muchos es un poco duro por su frialdad
En este sentido, otro testimonio que practica sexskype confiesa que al principio es divertido pero luego le “genera frustración”, una especie de enfado por no poder estar ahí, un sentirse absurdo después de masturbarse frente a una pantalla. Un golpe de realidad que deja la lívido más bien por los suelos.

Aunque evidentemente sólo es una solución temporal, un pequeño parche para el mono sexual, De Béjar es optimista: “Una de las cosas que más nos gusta es ver cómo se excita la persona que nos gusta. Ver a tu pareja cachonda es un regalo”. La sexóloga considera que poco a poco se puede ir evolucionando añadiendo juguetes sexuales y un largo etcétera, como por ejemplo éste que se puede activar a través de un teléfono inteligente desde la otra punta del mundo, para él o para ella. Bendito I+D.

“La verdad es que no esta mal y en momentos de calentón te saca de apuros y más si es con la persona que deseas. Puedes llegar a hacer muchas cosas básicamente utilizando la vista. ¡Pero no hay nada como el sexo real!”, admite Ana. Aún sí, recomienda el sexskype a sus amigos que mantienen relaciones a distancia porque es “bastante necesario”.

Seguridad virtual. Póntela

De la misma forma que se toman precauciones en el mundo físico para evitar agresiones, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados… debemos también aplicarnos en el mundo virtual, porque existen riesgos. Lo explica Urko Fernández, el director de proyectos de Pantallas Amigas, una iniciativa que promueve la seguridad en el entorno digital: “La realidad es que estar en el extranjero separados de nuestra pareja lleva a tener más necesidad de practicar cibersexo o sexteo”. Cabe recordar lo obvio, que “depende mucho de la honestidad y ética de cada una de las personas” y que “debemos conocer muy bien a nuestra pareja antes de exponernos así”. La palabra clave es “confianza”, pero teniendo en cuenta que no es siempre una ciencia exacta ni perenne, prevengámonos. Por un lado, la persona con la que practicamos el sexskype puede estar grabando la sesión para disfrutarla luego en diferido, sin que necesariamente haya informado de ello.

Nunca sabemos si luego puede utilizar ese material como elemento de amenaza en caso de ruptura, traición y otros escenarios por el estilo… el llamado porno de venganza o sextorsión, según explica el experto de Pantallas Amigas
Por otro lado, si alguien con suficientes conocimientos técnicos sabe de nuestras costumbres frente a la pantalla, puede encontrar la manera de acceder a nuestros ordenadores y hacerse con esa información.

¿Truquillos? Es preferible usar el móvil o la tableta como alternativa al ordenador, porque hacen más complicadas las grabaciones de la pantalla. También es una buena medida intentar ocultar aquello que nos identifica, como el rostro, tatuajes y lunares, ya que “si filtraran la grabación, el impacto sería más leve”, argumenta Fernández. Y ojo con los vídeo y las fotos enviados por chats, incluso si se usa Snapchat (que aparentemente los borra tras ser visionados), porque ese contenido es muy fácilmente almacenable y en seguida se pierde el control del mismo.

En principio, estamos protegidos por ley puesto que existen delitos contra el honor, la libertad, la intimidad y el derecho a la propia imagen, así como los delitos contra el secreto de las comunicaciones. Fernández explica que, además, “se han propuesto modificaciones en el código penal para que aunque la grabación haya sido realizada con consentimiento, se castigue que ese contenido acabe siendo público, aunque sea por despite”. Pese a que el daño muchas veces ya estaría hecho. Fernández añade una advertencia: “Aunque la necesidad nos ciegue, no debemos olvidarnos de tomar las precauciones recomendadas”. A mayor práctica, más probabilidades de que ocurra algo indeseado, dice el experto. Así que, parejas separadas, muévanse entre el hambre y la dieta saludable.