Cuando vives fuera de casa y estás lejos de tu familia y amigos de toda la vida, puedes tener algunos momentos en los que sufras un bajón en tu estado de ánimo. Puede que haya ratos en los que eches de menos todo lo que tenías en España y que incluso te preguntes desesperado “¿qué hago yo en este lado del mundo?”. Está claro que la vida como emigrante no es un camino de rosas, pero vamos a recordar en una lista aquellos pequeños momentos cotidianos en la vida de todo expatriado que reafirman su opción de vida y que hacen que la experiencia valga la pena. Es cuando piensas con una amplia sonrisa: “Por estas cosas estoy aquí”.

  1. Descubrir cada poco tiempo una calle/barrio nuevo en tu ciudad de acogida

Puedes haber caminado por toda la ciudad en la que estés viviendo ahora, creer que te conoces hasta cada esquina, pero, admitámoslo, aún te quedan muchos sitios por ver y muchos rincones que no has descubierto. Y no hay nada más maravilloso que ir a dar un paseo, perderse y de repente descubrir una nueva calle o barrio que nunca antes habías visto, una cafetería estupenda, un edificio en el que no habías recalado, un hábito cultural de la zona en el que no te habías fijado… Sea como sea, vivir lejos te proporciona momentos de sorpresa y de ruptura de la monotonía que te hacen recordar por qué te encanta vivir en otro país.

  1. Ira hacer la compra y que te hablen en un idioma extranjero

A los emigrantes nos gustan los idiomas, los viajes, las culturas distintas, aprender cada día… la curiosidad está en su ADN. Cuando llegas a tu nuevo lugar de residencia fuera de España tienes que empezar desde el minuto uno a comunicarte en un nuevo idioma (o en el caso de los países hispanohablantes, en variantes de tu idioma muy diferentes). De repente, vas a tener que comenzar a hacer tus rutinas en este idioma. Piénsalo, ahora, algo tan simple como ir a comprar el pan cobra una dimensión distinta cuando ya no lo haces en castellano. La rutina ya no es tan rutina porque tiene algo de particular. Es un reto y un placer espontáneos, que acabas asumiendo como habituales pero que en realidad nunca lo son del todo.

  1. Echarte un novi@ de otro país

Confesemos que es divertido tener un novi@ guiri. Hasta el hombre o la mujer más anodino del mundo tiene su encanto cuando te habla en un idioma extranjero y puede enseñarte cosas de su cultura. Una conversación simple de pareja puede ser más interesante si uno habla en castellano y el otro contesta en inglés, o en francés, o en polaco. Y si el novi@ que te echas es nativo del país en el que estás viviendo, entonces tienes asegurada la inmersión a pasos acelerados. Si todo va bien entre vosotros, ¡puede que incluso conozcas a unos suegros que no hablarán español! Por no hablar de que, en pareja y tan integrado, es difícil que no veas las ventajas de estar viviendo en otro país.

 

  1. Aprender a valorar mucho más tu casa y tus raíces

Recuérdalo, cuando vivías en tu casa, en tu barrio de toda la vida, todo te parecía estable, a veces aburrido y poco exótico. Seguramente te quejabas bastante de lo que tenías y creías que cualquier cosa sería mejor que la vida que tenías en esos momentos. Pero cuando ya te has ido y estás en el extranjero, aprendes a valorar mucho más todo lo que tenías en España. De repente, te entra una gran satisfacción cada vez que recuerdas a tu familia, amigos  y todo y todos los que dejaste atrás. Además, descubres cosas fantásticas que no sabías que eran exclusivas de España (véanse persianas, vida de barrio, el carrito de la compra…). Te sientes feliz y agradecido por todo lo que tienes en la que siempre será tu casa y por lo afortunado que eres de poder estar viviendo esta experiencia única e irrepetible en el extranjero.

 

  1. Sentirte orgulloso de venir de donde vienes

Cuando estás viviendo en el extranjero y te preguntan de dónde eres, de repente te sale un especie de orgullo por tus orígenes que nunca antes te habías imaginado. Dices con la boca bien grande la ciudad de la que vienes e incluso se te iluminan los ojos cuando hablas de lo maravillosa que es, de lo bien que se come y del buen clima que tiene. Te entra una gran satisfacción y alegría cada vez que los demás te dicen lo mucho que les gusta España y lo mucho que les gustaría vivir allí. Entonces empiezan a decirte todo lo que les fascina de tu país y tú no puedes evitar sonreír y sacar un poco de orgullo que no creías que hubieses tenido. Esto también te trae un pequeño momento de felicidad viviendo fuera.

 

  1. No dejar de sorprenderte en cada momento

Ésta es una consecuencia directa de vivir en el extranjero. Estás con los ojos mucho más abiertos, conoces a más gente, todo parece ser nuevo y redescubres todo con mucha más frecuencia que cuando estás en España. Los días te parecen más excitantes porque te encuentras con situaciones nuevas a las que tienes que adaptarte y te haces preguntas que no te hacías. Este tipo de vida hace que los expatriados tengan que estar más alerta y desarrollar a la fuerza mucha más creatividad para enfrentarse a los cambios que se producen en su vida de manera constante. Ser capaz de tener esa flexibilidad y esa capacidad creativa es una gran satisfacción para el expatriado, así como la capacidad de superación. Demostrarse a uno mismo que es capaz de hacer las cosas es una fuente clara de felicidad.

 

  1. Poder ser tú mismo

Muchas personas, sobre todo los emigrantes más jóvenes, se quitan mucho peso cuando se van a vivir lejos de casa. De repente mucha de la presión social o familiar desaparecen y se encuentran en una ciudad nueva donde nadie los conoce y donde poder empezar de cero. No hay límites y esta libertad inicial hace que podamos dejar volar nuestra personalidad. Puedes empezar a ser tú mismo y a actuar tal y como a ti realmente te sale. Te ves más capaz de hacer lo que realmente quieres y de arriesgarte por tus verdaderos sueños y metas y eso, a todos los seres humanos, les hace inmensamente felices, porque se sienten realizados y completos, independientemente de si al final el resultado es el que esperaban al principio.