De pronto te dan la buena noticia (que sí, que es un follón pero ¡es buena!) de que te vienen a ver. Tras la emoción, llega el estrés. ¡Alerta roja! Respira, aquí tienes diez pasos  para organizar el viaje de amigos, familia, pareja o conocidos. Porque, efectivamente, la gestión de su viaje te va a tocar a ti.

 

1.        Haz memoria. Tienes tan asumido el país en el que estás que seguro que darás cosas por sentado. Para que esto no ocurra, intenta pensar en todo lo que puedan necesitar los que te vienen a ver recordando lo que te fue útil a ti la primera vez que te marchaste (o lo que te olvidaste y resultó ser importante). Ejem, adaptador de corriente.

2.      Odias el papeleo… ¡qué sorpresa! Para ello, mejor dejarlo clarito y no tener que repetirlo. Prepárales unas buenas instrucciones con los apartados de ¿DNI o pasaporte?, ¿Visado o permiso especial?, ¿Vacunas?… Y añade la previsión con la que hay que tramitar todo eso. Piensa que no es tiempo perdido: si elaboras un email decente, te servirá como modelo para próximas visitas. ¡Larga vida al copia y pega!

3.     Exceso de emoción. Te bombardearán a emails, preguntas, comentarios nerviosos… y usarán muchos signos de exclamación porque estarán ¡¡¡emocionados!!!, pesados e inquietos. Ten paciencia e intenta pensar que ellos están planeando sus vacaciones. Contágiate un poco, aunque sea por empatía y alegría ajena y empieza a llenar la cadena de correos de emoticonos si quieres que te traigan ese bote de Cola Cao.

4.      Maleta o mochila: según el plan que tengáis, recomiéndales qué llevar dentro pero sobre todo, qué evitar: Diles que el gel antibacterial probablemente no lleguen a sacarlo de la mochila, que el paraguas molesta, que no necesitan cuatro pares de botas de montaña, que la ropa de arreglar para la noche ni la tocarán, que no se molesten en poner jerséis “por si acaso” porque hace un calor abrasador a todas horas o que por el contrario no pierdan el tiempo con faldas cortas porque la temperatura en verano es de 15 grados. Sí, como si tus hijos fueran de campamentos. ¡Ah! Y si no están habituados a colgar la mosquitera, que ni la cojan (es muy fácil emocionarse en el Decathlon en el paseo por la tienda insitucionalizado antes de cada viaje).

5.     Nadie nace sabiendo. Ten en cuenta que puede que no tengan tanta experiencia a la hora de viajar como tú, así que ármate de paciencia e intenta resolver cualquier duda que tengan lo antes posible. Pregunta tipo: Aduanas: ¿puedo llevarte embutido y vino en la maleta?. Según el país, el control de aduanas a la llegada es más o menos estricto. Debes advertirles de la ley sobre la entrada de provisiones a tu país, pero bueno, a lo mejor las necesitas tanto que no quieres prevenirles aún a riesgo de que se las confisquen. Eso, ya, es cosa tuya. Pensando en el jamón envasado al vacío, lo has pensado mejor y vas a tener más paciencia, ¿eh?.

6.     Sobre molestar a los amigos y contactos del lugar en el que vives. Concentra las preguntas que les quieras hacer o las sugerencias que busques en un solo correo o en una única actualización de redes sociales. Te ponemos un ejemplo: “Vienen mis amigos/mi familia. Podéis recomendarme algún hotel por la zona X, tour en X, restaurante típico en X… Todo en uno, por favor, ellos no tienen la culpa de que quieras ser el cicerone perfecto.

7.     Todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra. Para el que va de turista, ir a tu casa es una experiencia muy genuina: ver cómo vives, qué tienes, cómo te mueves… en definitiva: tu rutina. Eres como una escena viva en un museo costumbrista, serás observado y analizado y todo lo que vean o lo que les digas lo comunicarán a su vuelta: harán de altavoz de tu experiencia en el extranjero en tu localidad de origen. Lo comprobarás cuando regreses de visita y te des cuenta de que la gente no sabe cómo te va por lo que compartes en las redes sociales, nada de eso: seguirá pesando el cotilleo en persona y lo que le contó de ti tu amigo o familiar después de visitarte. Así que más te vale sonreír a las visitas si no quieres que al volver los vecinos te miren con pena y te suelten un “qué mal lo has pasado, ¿no?”.

8.     El plan es… Qué tienen que hacer al llegar al aeropuerto, dónde van a dormir, cuál es el plan de la visita, si tienen que cambiar dinero…   No hace falta que elabores una tabla de Excel, pero sí estaría bien que les orientaras. Logística a tope. Sí, pueden buscar toda esta información en Google, foros, blogs de viajes… pero quieren la que salga de ti, a la que otorgarán un valor único. Serás su predicador durante el viaje. Piensa que estarás por encima de dioses de pacotilla como la Lonely Planet y la Trotamundos. Aprovecha, porque difícilmente vayan a tener tanta fe en ti como ahora. El grado de detalle del plan depende de su paranoia por el control multiplicado por su tendencia a la improvisación dividido entre el grado de implicación que quieras adquirir en su planificación.

9.     Cuando lleguen, quizá lleves todo el día trabajando y ni habrás tenido tiempo de arreglar la casa ni preparar el sofá-cama. No te preocupes, mantén la calma. Vienen a verte a ti y a disfrutar de unos días de vacaciones. Prohibido perder la ilusión con el estrés de los preparativos. Recuerda que ellos están de va-ca-cio-nes. Sólo asegúrate de que te ayuden un poco y puedas compatibilizar tu trabajo o tus días en tu ciudad con su viaje. No generes falsas expectativas: si no vas a poder pasar todo el día con tu visita, díselo. Preséntales a amigos tuyos de ahí para que tengan con quién moverse, proponles cosas para hacer mientras no estés con ellos y… cuando estés con ellos, DALO TODO.

10.      Como un local. Aprovecha la ocasión para visitar los imprescindibles en los que nunca te has parado y también para llevarles a rincones más alternativos. Si estás en Europa, puedes apoyarte en los mapas ‘USE-IT’ elaborados por locales de cada ciudad y lo mismo hasta descubres algo de tu ciudad. O también está Trip4real para realizar actividades con locales. Inspirándote en ellos, proponles planes antiguiris, lo típico que hacen los locales o que forma parte de tu día a día. Les en-can-ta-rá. Ir a visitar a alguien que vive en un país extranjero es genial porque se lo conoce mejor que el turista, se sabe todos los trucos, lugares de comida local que nunca han salido en guías de viaje, qué hacer… Tienes el poder de descubrir una ciudad y enseñársela. Si lo aprovechas, te darás cuenta de que ya caminarás con paso más firme porque te sentirás un poco más integrado, aunque sólo sea al compararte con tus visitas.