Adaptarse a un nuevo entorno laboral ya es complicado de por sí, pero seguramente los retos se disparan cuando nuestros compañeros y nuestros jefes son de otra nacionalidad. En este proceso, pondremos a prueba nuestra capacidad para ser flexibles, para adaptarnos y para saber encontrar nuestro sitio en una oficina completamente diferente. La vida en el extranjero va muy determinada al trabajo que tenemos: hay que ser consciente de que muchas de nuestras amistades, aprendizaje e integración se desarrollarán allí, por lo que es importante que entedamos que debemos hacer un esfuerzo añadido para conseguir que tanto profesional como personalmente estemos contentos en el trabajo (y también lo estén con nosotros).

Aunque parezca algo de menor importancia o que ya se da por sentado, no lo es. El idioma es el primer aspecto que va a afectarnos a la hora de trabajar en una oficina internacional. Aunque tu nivel de inglés o del idioma del país de acogida sea alto, tener que comunicarte en una lengua que no es la materna ya puede suponer un primer desafío, especialmente al principio. “Tener que trabajar en un idioma distinto al propio puede generar inseguridad y malentendidos. Es necesario un esfuerzo colectivo”, explica Rebeca Jardon, manager de Recursos Humanos de Page Group. Para este aspecto, Jardon propone que la empresa organice formación lingüística y eventos que favorezcan la práctica del idioma para “integrar de la forma más rápida y efectiva al recién llegado”, aclara la directiva. “El trabajador desplazado tendrá que hacer el máximo esfuerzo para lograr un buen dominio del nuevo idioma”, añade. Alcanzar un nivel casi nativo puede ser una gran ventaja a la hora de sentirse más cómodo trabajando en el nuevo entorno laboral y también a la hora de relacionarse con los compañeros.

Otros aspecto muy importante en el proceso de integración es nuestra predisposición a adaptarnos. La flexibilidad de ‘el nuevo’ será clave , ya que una dificultad añadida radica en los prejuicios y en la suposición de que la manera de trabajar propia es la mejor. “Hay que leer lo que pasa a tu alrededor sin una perspectiva de juzgar”, cuenta Ester Vilajoana, coach profesional. “No podemos pretender que los demás se adapten a nosotros, ni aunque seas el jefe; tienes que pactar y ser flexible”, añade.

En una oficina con personas de varias nacionalidades, las diferencias étnicas, religiosas o incluso de edad pueden influir en el ambiente y ritmo de trabajo. Nos sorprenderá ver “cómo se reacciona de manera tan distinta ante un mismo hecho por parte de personas de diferentes nacionalidades o creencias”, dice Jardon.  “Veremos cómo nuestro concepto de normalidad variará totalmente”, analiza

Al principio, es normal que se pueda dar un sentimiento de “frustración o de inseguridad”, explica Vilajoana. Vienes de un ambiente en el que tienes claro lo que hay que hacer para lograr tus objetivos, por lo que, cuando de pronto aparecen otras maneras de trabajar, “tu expectativa no casa con lo que te encuentras”. Esto suele durar “hasta que logras adaptarte y conocer los mecanismos con los que te tienes que mover en la nueva situación”, dice Vilajoana.

Ritmos distintos

En España los horarios suelen ser más prolongados, con una “cultura presencial muy arraigada”, indican desde Page Group. En otros países del entorno europeo las jornadas de trabajo suelen ser más cortas y hay más conciliación. En general, hay diferencias en los niveles de productividad y de intensidad de trabajo y “lograr ser productivo trabajando de 8h a 16h no es tan sencillo”, aclara Jardon. “Se requiere mucha concentración y organización, pero también se pierden las ocasiones de pausas que pueden proporcionar un momento de relajación entre compañeros”, añade.

Vilajoana expone las diferencias entre españoles y culturas como la inglesa, donde el ambiente laboral suele ser distinto y donde los límites entre lo personal y lo profesional “están más marcados”. En este sentido, Ander Ereño explica que, cuando vivió en Suecia, le costó mucho crear un lazo con sus compañeros de trabajo. “En cuanto la conversación empezaba a ser algo más personal, como por ejemplo ¿qué tal el fin de semana?, ¿qué has hecho?, la cortaban.

En el otro lado de la moneda, hay países donde los horarios son más relajados, con mayores pausas para comida, reuniones alargadas, etc. “Lo fundamental es encontrar una postura equilibrada que se adapte a nuestra personalidad y a la nueva situación”, dice Jardon, así como “pedir consejos a los nuevos compañeros si encontramos en dificultad para lograr un nuevo ritmo”, añade.

Tanto Jardon como Vilajoana coinciden en que se trata de una experiencia laboral “muy enriquecedora”, que permitirá a la persona medir su capacidad de adaptación y de observación ante nuevas situaciones. “Descubriremos nuevas perspectivas y también podremos apreciar la forma en la que nosotros mismos tenemos de afrontar los retos”, cuenta Jardon
Para Vilajoana es importante “tener capacidad para cambiar la perspectiva de lo que pasa a tu alrededor y no verlo solo bajo mis creencias”, advierte. Así, ambas animan a abandonar posturas de rechazo o nostalgia y de constante comparación con lo propio.

Según estas experas, para adaptarse a una oficina multicultural hace falta:

  • Apertura mental
  • Flexibilidad
  • Ganas de aprender
  • Humildad (no pensar que mi manera de hacer las cosas es la mejor)
  • Escucha activa
  • Capacidad de observación