Un equipo femenino de rugby es el centro de su último trabajo fotográfico. Medios internacionales lo han aclamado por explorar la identidad femenina y por su uso de la cámara como herramienta de investigación sociológica, aunque en España apenas se ha hablado de su talento. Jovencísima, dice que en EEUU su edad no ha sido un impedimento y que en las aulas ha esquivado a alumnos que parecen mayores que ella a golpe de flashes de humor y profesionalidad. Tiene a su familia repartida entre Dubái, México y España. Cuando alguien dice que vive en “los Estados Unidos”… es que lleva demasiado tiempo allí, así que en breve se mudará a Londres. Se mueve bien en ambientes que no son el suyo porque le permiten mirar de nuevo. Y confía en proyectos de largo recorrido cuando impera la inmediatez.

 

Eres… ¡muy joven! ¿Cómo empezaste como profesora de fotografía en EEUU?

R: Cuando envío una solicitud para un puesto de profesor en una universidad no ven mi edad, sólo mi trayectoria y mi trabajo. Eso para mí es una ventaja. Cuando me dicen si me pueden hacer una entrevista les sugiero tenerla por teléfono, porque me da apuro que mi edad pueda suponer un problema.

¿Y lo ha sido?

R: En EEUU es bastante diferente a España: aquí tú puedes ser joven pero si tienes energía y creen que tienes la capacidad de desarrollar tu trabajo, no es ningún problema. El ámbito académico es un poco menos abierto en este sentido, pero en concreto yo me dirijo al departamento de arte y allí ya les gusta romper un poco las reglas. Me falta experiencia, pero en fotografía también son muy importantes las exposiciones que has hecho y las publicaciones, como para un científico.

Y tú relación con los alumnos, ¿cómo es?

R: Con los estudiantes he notado un poco mas de dificultad. Soy joven, pero es que en EEUU… ¡se me ve muy joven!, incluso más que mis propias alumnas. Las mujeres suelen estar muy desarrolladas, en comparación conmigo. Intento mantener mi vida personal separada de la clase.

Tu juventud seguro que también puede ser muy útil…

R: Cuando te entrevistan las universidades, uno de los temas que más les preocupa es la educación a distancia: “Cómo la ves?, ¿Qué te parece?, ¿Crees que es viable?”.  La parte crítica del arte es muy presencial y es un reto llevarla al espacio virtual, porque los alumnos necesitan esa conversación constante (entre ellos y con el profesor). A mí siempre me ha parecido muy interesante.

Con la cantidad de fotografía digital, se tiene que potenciar la crítica digital también, claro…

R: Muchos entran en clases de fotografía habiendo hecho más de mil fotos al año. Y están constantemente en contacto y expuestos a la fotografía. Trasladar la crítica al espacio virtual tiene sentido.

¿Y cómo lo has resuelto?

R: La Universidad de New Hampshire, donde doy clase, tiene sus plataformas de educación online y cada profesor puede usarlas a su manera y adaptarlas. Yo decidí conectar la parte de crítica a Facebook, a un grupo privado. Es mucho más dinámico que las plataformas habituales, en las que tienes que entrar a una página web, casi siempre desde un ordenador de mesa… De este modo, puedes conectarte desde el móvil, recibir notificaciones si alguien ha comentado tu foto etcétera. La conversación pasa a ser constante. Incluso diría que hay más que en la clase porque con este método todos están obligados a comentar. Los tímidos lo tienen más fácil.

No te has movido de la universidad para tu último trabajo personal… ¿no?

R: Mi anterior trabajo fue con cadetes militares universitarios. Ya entonces empecé a interesarme más por las mujeres; me preguntaba cómo debía ser estar en un campo mayoritariamente masculino. Al mudarme de Boston a Providence, descubrí el equipo de rugby de la universidad e inmediatamente me enamoré. Sabía que tenía que fotografiarlo. A nivel estético y visual me interesaba, y también a nivel conceptual para explorar quiénes son estas mujeres que deciden jugar a rugby: centrarme en la construcción de la identidad femenina en un campo tradicionalmente masculino.

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¿Cómo empezaste?

R: Entrenaban tres veces a la semana y empecé a ir sus entrenamientos y a fotografiarlas. No era el deporte lo que me interesaba en “The Bears”, me centraba en el individuo y cómo la sociedad crea una construcción sobre lo que una mujer es en base a las comunidades y a los grupos de los que decide formar parte. Cuando una mujer dice “soy jugadora de rugby”, se le asocia una identidad masculina, una orientación sexual, una estética…

¿Y has confirmado estos estereotipos o te han sorprendido?

R: Me ha sorprendido la variedad de identidades que hay. Muchas de estas mujeres jamás habían jugado a rugby hasta entonces, porque en la mayoría de institutos no ofrecen este deporte.

Y se unen al equipo porque…

R: Porque es una comunidad con una identidad muy fuerte y un ambiente en el que se van a sentir protegidas. Sienten que en él van a poder definir su identidad como individuo. Muchas tienen sólo 17-18 años… todavía no han definido quiénes son. Es un grupo muy fuerte que no les va a juzgar y pueden explorar cómo quieren ser.

Eso suena más allá de la fotografía…

R: Yo estudié sociología en la Universidad de Barcelona, pero al final de la carrera empecé a interesarme en la fotografía como mi lenguaje principal. La sociología me gustaba pero el método de investigación me empezó a desencantar. Pedí a mis profesores que me dejaran utilizar la fotografía como modo de expresión y de investigación. Ahí ya empecé a cambiar mi rumbo.

Se ha hablado de tu trabajo en Cosmopolitan, BuzzFeed, Huffington Post… Son medios de comunciación muy variados. ¿Tus trabajos de foto son para todos los públicos?

R: Me vino por sorpresa tanta repercusión. Después de que lo publicara Feature Shoot (centrada en fotografía contemporánea), me contactaron de Cosmopolitan. A mí me encantó que una revista que suele mostrar un estereotipo de mujer (tratando un tipo de temas femeninos y estableceiendo qué son temas femeninos) quisiera publicar un trabajo que precisamente intenta cuestionar la identidad de la femenina. A partir de entonces se publicó en otros medios generalistas.

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¿Y las chicas se han gustado?

R: Ellas están tan o más sorprendidas que yo por toda la repercusión. Verse como heroínas ha sido increíble, una manera de celebrar esta lucha constante para tener reconocimiento como mujeres y también como deportistas.

¿No les intimidaba tu objetivo?

R: El motivo por el que hago fotos a un grupo durante al menos un año es para conseguir llegar a ese punto en que la cámara sea invisible, si es que eso puede ser. Empecé a fotografiar con una cámara de gran formato, de las que te escondes debajo de una sábana negra. Me encantó pero creaba una barrera con os fotografiados: tanto por el hecho de esconderme tras la sábana como porque tenía que pedir la colaboración del fotografiado. Una cámara así tiene mucha presencia y en mi trabajo personal me he dado cuenta de que no me funciona.

¿Cuál será tu próximo trabajo?

R: En septiembre me mudo a Londres, viene un cambio bastante importante. Si no, seré una de esas personas que lleva 30 años en EEUU. Echo de menos Europa. En EEUU se trabaja 24 horas al día. No digo que en Europa no se trabaje, pero aquí les cuesta mucho entender que hay tiempo para el trabajo y para el ocio. Parece que tengan sentimiento de culpa: siempre parece que puedes hacer más. Hay mucha competencia. Después de cinco años aquí… ya lo noto. Aquí no saben lo que es desconectar, no se pregunta “¿qué haces el fin de semana?”.

¿A tu trabajo como fotógrafa le va bien esa movilidad?

R: Sí, para desarrollar trabajos a nivel personal, me gusta moverme constantemente. Fotografío grupos de los que yo no formo parte. Así que, cuanto más expuesta estoy a comunidades que no conozco, más interesante resulta para mí. Como profesora, será cuestión de ver cómo funciona el sistema académico en Inglaterra. Al principio da un poco de miedo porque parece que empiezas de cero, pero la experiencia te ayuda a moverte un poco más rápido.

 

Todos los derechos de las fotografías publicadas en este artículo son de Alejandra Carles-Tolrà