…Y eso es fantástico. Alicia ha vivido en varias ciudades en España y, en el extranjero, ha “brincado” -como dice ella- entre Milán (Italia), Edimburgo y Bristol (Reino Unido) y ahora México. Este presente lo delata su rico vocabulario. Allá donde ha estado ha sabido mirar con ojos de extranjera pero con la cintura y soltura de una local, dibujando en su libreta aquello que le sorprende y anotando lo que le emociona. Cuando dejó atrás su infancia se dio cuenta que seguía disfrutando con los dibujos animados y así fue como supo que quería dedicarse a la animación. Dice que una cosa es dónde piensa que sería mejor asentarse con su futuro marido cubano y, otra, dónde acabarán llevándola sus proyectos profesionales. Y, sobre todo, qué es lo que pesará más en la balanza.

 

¿Cómo supiste que lo tuyo era la animación?

R: Siempre me he dedicado a la animación. Mi madre siempre me decía: “Con lo mayor que tú eres ya, y sigues viendo dibujitos animados… ¿No crees que es hora de ver otra cosa?”. A mí la verdad es que la animación es algo que siempre me ha gustado y busqué conscientemente poder dedicarme a ello. Y tuve la suerte de que los planetas se alinearon.

En concreto, ¿cuál es tu trabajo?

R: Empecé en guión, porque es en lo que me especialicé y para lo que estudié, pero la vida te acaba llevando por donde te lleva. El jefe que tuve en la empresa Aardman Animations, en Bristol (Reino Unido), me provocó y me dijo que mi lengua materna nunca sería la inglesa por mucho que tuviera buen nivel de inglés, y si necesitaba escribir como el vendedor de perritos calientes de la esquina… no iba a tener las herramientas. Y tenía razón… En un entorno tan internacional como la animación, me di cuenta de que lo tenía difícil, así que pasé a enfocarme a la producción para poder prosperar.

¿Con qué estás ahora mismo?

R: Ahora mismo, en la empresa en la que trabajo, Anima Estudio, estamos coproduciendo una película con un equipo de la India, entonces tengo que lidiar con mi equipo aquí [en México] y con el de allí para controlar los tiempos y la calidad. Por otro lado, ya casi hemos acabado un proyecto, la película “Guardianes de Oz“, que se estrenará en abril. También estamos con “Don Gato y su pandilla”, un clásico al nivel de Dartacán en España.

¿Cómo te estableciste en México?

R: En un mes de excedencia de mi trabajo en Barcelona me fui a México a visitar a mi hermana, airearme y pensar qué pasos quería dar. Aproveché para contactar con algunas empresas y profesionales, aunque sin demasiado agobio, y al volver a España me llamaron y me mudé a México.

¿Por qué escogiste desarrollarte en el extranjero?

R: En España somos mucha gente muy bien preparada. Y no hay suficiente pastel para todo el mundo. Yo allí tenía mi trabajo y mi hueco hecho: así que en mi caso no es que no hubiera pastel sino que el trozo que me tocaba no me gustaba tanto. Pensando en cómo crecer y dar más pasos y desarrollarme como profesional y como persona,… uno al final se da cuenta de que si te quedas allí hay tan poquitas cosas que hacer para tanta gente tan bien preparada que al final tu perfil tiene que encajar en puestos de menor rango y tu crecimiento se da contra un muro.

¿Cómo está el sector en México?

R: Aquí la industria de la animación es más pequeña y lleva menos tiempo… así que hay muchísimo por hacer. La animación en muchos sentidos está como en España hace 20 años, pero tienen muchos menos miedos y hay menos apatía. Además, la empresa en la que estoy, Anima Estudios, es impresionante porque llevan 12 años ininterrumpidos haciendo animación. Y eso, para ser el país que sea, es impresionante, porque suele ser un sector mucho más informal e inestable (montan una empresa, hacen una peli, y la deshacen o entran en concurso…). En esta empresa saben hacer negocios, mantienen ininterrumpidamente los puestos de trabajo y el flujo de creatividad para que se puedan dar cosas diferentes y sigan explorando, y eso es muy bueno.

¿Te sientes más valorada?

R: En España los cimientos están ya tan oxidados, que aunque propongas algo y te escuchen, eso no hay quien lo mueva. Aquí [en México] opinas, dices… y la posibilidad de que eso se haga realidad es mayor.

¿Qué implica para ti estar contratada como local?

R: Eso es igual sea cual sea el país en el que estés: Si estás expatriado, te pagan de todo (tienes vuelos, tienes seguridad social, tienes buenas condiciones…). Como local, la seguridad social que puedes tener aquí no es demasiado buena… Pero no es sólo eso: son la educación pública si algún día quieres tener hijos y muchas otras prestaciones sociales que creo que no nos damos cuenta de que las tenemos hasta que vivimos fuera… Todo eso, sin venir de expatriado, lo pierdes. Pero bueno, tienes que valorar si te compensa aún así estar fuera.

Después de dos años y medio en México, ¿te sientes integrada en el país?

R: Yo no noto que esté igual de integrada como lo he estado en otros países. Tengo trato con locales pero sobre todo en el trabajo. A mí [México] me cuesta mucho culturalmente, creo que soy demasiado europea. Al final, es allí donde me he criado. Por mucho que tenga a algunos amigos de aquí, no es a lo que yo estoy acostumbrada. Yo sigo notando cada día que yo no soy de aquí.

Has vivido en muchas ciudades, ¿Cada vez reivindicas más tus orígenes o a la inversa?

R: Tienes que llevar mucho tiempo para que los matices de una cultura permeen en tu forma de ser. Uno se construye poco a poco. Yo obviamente si ahora volviera a España, echaría de menos muchísimas cosas de México de las que no soy consciente, porque te haces a ellas sin querer. En tu día a día, sólo notas lo que es diferente a ti, pero en el fondo uno sigue construyéndose para adaptarse a ese entorno. Por eso, en el momento que me saquen de aquí, un trocito mío ya se habrá mexicanizado; obviamente es casi imposible que eso pase por completo, porque tenemos unas raíces muy fuertes de donde venimos o llevamos demasiado tiempo viviendo en cualquier otra parte. Incluso cuando me fui [de su Jerez natal] a Pamplona a estudiar, sin darme cuenta cambie muchísimo. Aunque tú te creas que no, miras para atrás y dices: soy lo que soy y cómo soy por toda esa construcción de pequeñas partes adquiridas en ciudades diferentes con sus impactos culturales.

La pregunta del millón: ¿por cuánto tiempo en México?

R: Uno se pregunta dónde sería ideal acabar viviendo o cómo. Hay cosas que cuando estás sola estás dispuesta a sacrificar… pero cuando te pones a pensar en una familia (si algún día pase que queramos tener hijos…) tengo que pensar yo dónde querría estar, a quién querría tener cerca. Si viviera en España tendría cerca a mi padres, a mis amigos… Mi cabeza y la de mi pareja dicen que sí, que preferiríamos estar entonces en algún sitio que no esté tan lejos de mi casa (él es cubano) y nuestra gente, y que tuviera buenas prestaciones sociales. Aunque eso no quiere decir que pase… puesto que las oportunidades [laborales] que vienen aquí, por ahora no vienen allí. Y las apuestas que hace la gente por ti aquí, no las hacen allí.