Es de Madrid. Ha vivido en ciudades como Londres o Nueva York pero se ha encontrado cómoda creativamente en México DF. Asiste a clases de danza contemporánea, trabaja en publicidad, tiene su marca de ropa y se mueve por mercadillos de diseño de la capital. Le encanta “la segunda capa” que disfruta viajando no como turista sino como residente. Dice que le gusta poder “aprender algo nuevo cada día” y su experiencia acredita que el proyecto personal de un emigrante en otro país puede seguir teniendo sentido pese a que hayan cambiado las circunstancias personales o profesiones con las que llegó.

 

 

¿Cuál era tu situación cuando te fuiste a México?

R: Era un momento en que España ya estaba bastante mal. Trabajaba en publicidad y, lejos de mejorar, mi situación empeoraba cada vez más. Ya había vivido algunos años fuera y decidí volver a hacerlo. Salttrabajando en publicidsme.era.puso la oportunidad otra vez…sde España.  ojos cerrados.rece que te dternacionales en el extranjé del barco en un buen momento, antes de que se hundiera. No tenía mucho que perder. Mi pareja en aquel momento tuvo una oferta de trabajo para irse a México y yo, si me iba, quería que fuera con trabajo y tuve mucha suerte de encontrarlo desde España. Tenía la posibilidad y no podía arrepentirme de no irme.

¿Y ahora?

R: Han pasado tres años. Todo ha cambiado: no hay pareja, cambio de trabajo… mi situación aquí es totalmente diferente.

¿A qué te dedicabas?

R: Vine trabajando en una agencia de publicidad, que es a lo que me había dedicado durante años. Estuve un año y pico y luego decidí dejarlo. Tenía una marca propia así que aproveché ese parón para darle un empujón. Luego entré en mi actual trabajo, un despacho de diseño industrial en que también realizo funciones de publicidad y comerciales.

¿De qué era tu marca?

R: Nació de forma circunstancial, como un juego: hice una falda para mí y de repente estaba haciendo treinta faldas porque gustó mucho. Después seguí probando: hice unas sudaderas, ahora unas gorras… Me cuesta reconocer que soy diseñadora de ropa. No soy diseñadora, no soy empresaria; pero al final estoy jugando a eso y resulta que a la gente le gusta. Estoy haciendo algo mío y eso da mucha satisfacción. Se llama Chipotle (el nombre es una variedad de chile mexicano).

¿Habías cosido antes?

R: No… ¡pero yo no coso las faldas!. Cualquier idea que se te ocurra aquí es muy fácil de hacer, porque tienes a los artesanos muy accesibles que te lo pueden coser muy barato y muy bien hecho, y eso me permite jugar y probar. ¡Es una cosa muy de México!. Yo tengo la idea, compro las telas y el material, hago el diseño (son cosas muy sencilitas), trato con los proveedores y el taller, superviso la producción, hago las fotos, hablo con todo el mundo, llevo las prendas a los bazares… hago todo. Tiene mucha tarea porque aunque es un proyecto microscópico, lo hago casi todo yo.

¿Y las faldas gustan a mexicanos o a españoles?

R: Las telas las compro en el DF pero casi todas son guajaqueñas, de una región de Mexico, famosa por sus artesanías. Hay millones de diseños y están hechas en telares de pedal. Son muy tradicionales y un mexicano las ve hasta vulgares porque son como ‘de trabajo’, pero la persona que viene de fuera las ve con otros ojos, preciosas. El diseño es moderno, así que son ‘llevables’.

Chipotle 1

¿Dónde las vendes?

R: En los bazares de la ciudad; ¡hay muchos de diseño de moda, joyería, artesanía…!. Participa mucha gente con ganas e ideas que se están intentando hacer un hueco. Cuando voy a España me llevo prendas porque al final la gente de allí me pide y también por encargo vía Facebook.

 ¿El despegue de tu marca en México se ha debido a que el país te ha inspirado particularmente? ¿O ha sido sólo por la accesibilidad a artesanos?

R: Creo que es México, porque he vivido en otros sitios que también eran muy inspiradores como Londres y Nueva York, donde sales a la calle y son todo estímulos, pero no me han provocado lo mismo que aquí. Obviamente, se han dado una serie de circunstancias como la facilidad para materializarlo, pero sobre todo se te contagia las ganas de hacer y de inventar. Es un país muy creativo, la gente tiene muchas ganas de hacer.

¿Estás en verdadero contacto con mexicanos?

R: Mis grupos de amigos son: españoles, mexicanos de trabajos en los que he ido cayendo, y mexicanos con los que comparto aficiones… y eso me encanta porque me permite meterme de verdad en el país. Quien no tiene amigos locales es totalmente hermético a lo que ocurre.

¿Cómo es tu relación con los españoles?

R: Aunque lo evites, te juntas con muchos españoles. La comunidad española es muy grande aquí, pero los hay de muchos tipos. A México vienen algunos expatriados con unas condiciones muy (¡muy, muy!) favorables y viven un nivel de vida muy alto. Eso es un poco irreal porque es sólo circunstancial por el hecho de estar desplazado en México. Esta situación me aleja un poco de ellos porque mis estándares son diferentes… Imagínate: viene un chico de mi edad que maneja un cochazo, chofer, etcétera. Ya no hay tanta conexión entre nosotros para crear un vinculo. Y cada uno tiene sus inquietudes.

Esta diferencia de nivel adquisitivo también se produce entre los mexicanos, ¿no? Da pena pero el poder económico condiciona bastante las amistades…

R: Sí, sobre todo en México esta brecha es muy evidente. Al principio te parece feísimo reconocerlo, pero es así. En España somos una mayoritaria clase media y no te planteas jamás quién tiene dinero o no, te da igual. Pero en México las clases sociales son muy extremas. Hay gente con muchísimo dinero, con un ritmo de vida que yo no sigo ni comparto, pero este mexicano sí te ve a ti como de su mismo nivel por ser europeo. Luego hay una clase muy baja con la que no tienes nada en común y con la que no consigues encontrar nexos. A mí me ha costado relacionarme con personas con las que compartir cosas por edad o por afición, y que no importe ni de dónde venga ni el dinero que tenga.

¿Cómo fue el inicio de tu etapa en México?

R: Al llegar… me costó. ¡Y mira que he vivido en ciudades hostiles!. La polución, el tráfico… quizá fueron lo más duro. Y creo que influyó mucho la imagen que tenemos del DF en España; el cambio cultural en realidad es bestial. No terminaba de encontrar mi hueco. Por suerte hace mucho que lo encontré y todo eso se ha superado. Hay cosas muy buenas que hacen que te olvides de lo malo.

Y, ¿ahora?

R: He conseguido estar muy cómoda y el tiempo me pasa rapidísimo: hace un año decía “me voy a quedar un año más y ya está”. Pero de repente llevo dos años y medio y siento que pueden pasar otros dos. No me gustaría que fueran muchos más, porque tengo claro que quiero volver a España. ¡Esto está muy lejos y los precios de los vuelos son altísimos! No me gustaría que pasara demasiado tiempo y que luego no fuera capaz de volver.