Ha vivido siete años en la India. Acaba de regresar a Madrid y aunque dice que la vuelta le ha sido fácil y está cargado de energía tras “la locura” de Delhi, se emociona al hablar de ello. David se casó allí con su mujer, chilena. También allí fueron padres recientemente, tras un proceso de fecundación in vitro. Vivieron una adaptación total, sí, pero es que se la ganó a pulso: empezó a estudiar la lengua hindi por interés propio, antes de encontrar trabajo como expatriado en la India. Hizo pocos amigos autóctonos (“es muy difícil”), pero uno de ellos fue incluso su compañero de vacaciones y… de etapas, porque juntos hicieron el Camino de Santiago. Gracias a él, vio a una persona ver el mar por primera vez. Ahora, en España, admite luchar por conservar algo del aislamiento que tenía cuando vivía lejos. Su cuerpo le pide “otro ritmo” y no es de extrañar: en poco tiempo ha cambiado de país, ha pasado de trabajar para una empresa a emprender un proyecto y ha sido padre.

 

 

R: Mi gran sueño era ir a la india. Sé que es una cosa rara, porque en los siete años que he vivido allí nunca he conocido a alguien que tuviera ese sueño.

¿Cómo empezó tú interés por la India?

R: Mientras hacía el máster [en España] me eché un muy buen amigo de la India y me empezó a atraer mucho su cultura. Y pensé: -¿cómo puedo mostrar yo a la gente que no es una cosa pasajera y que estoy realmente interesado?. Pues empecé a estudiar hindi en Madrid. A todos mis contactos profesionales les comuniqué que quería irme a la India. Finalmente, me enteré por un amigo que, en Cobra [empresa de infraestructuras], estaban buscando a gente, me dio el numeró, llamé y… me dijeron que los puestos para la India estaban cubiertos pero que tenían para otras partes del mundo. Y les dije que gracias pero no, que yo quería sólo para la India y que contaran conmigo si en algún momento salía un puesto. A la semana, me llamaron, fui y en 4 horas estaba contratado.

Es difícil que coincidan el interés de la empresa que expatría con el del profesional.

R: ¡Yo tenía muy claro que quería irme! A mi entonces novia, Quena, que es chilena, le dije que quería vivir lo mismo que ella estaba viviendo en España: ser un extranjero. Fue súper doloroso separarnos porque yo quería las dos cosas: quería la India y quería estar con ella. Empezamos a ver como podía venir ella a la india. Quena contactó a la Embajada de Chile en la India para saber si había empresas chilenas con intereses en la India, para poder trabajar con ellas pero… no había ninguna. Cero. Al final, la contrataron en la embajada. ¡La historia es alucinante!.

¡Menuda suerte!

R: Por todas estas cosas que han ido saliendo tan bien es por lo que yo creo que nos hemos quedado tanto tiempo en la India, ¡siete años!. Es algo inusual, porque la mayoría de extranjeros están unos dos años.

¿Cómo ha ido evolucionando tu estancia en Delhi durante estos siete años?

R: No tiene nada que ver el principio con el final. Al principio seguí la típica curva de motivación: al llegar fue como una luna de miel, emocionado, todo el día haciendo fotos, pensando que era una experiencia increíble. Pero al tercer mes llegó un momento en que empecé a bajar y a tener menos energía; es el típico momento en que te dices a ti mismo ¿qué he hecho?, ¿qué coño hago yo aquí?. De repente todos tus lazos se rompen: familia, amigos… te los arrancan. Hasta que me dije “esto no puede ser así”. Fue cuestión de automotivación y superación personal, empecé a ir hacia arriba, también con la ayuda de Quena. Conseguí una estabilidad que más o menos me duró, aunque obviamente luego también puedes tener algún momento de bajón.

¿Lograste integrarte?

R: El ser humano se adapta. Pero incluso después de haber estado siete años, me ha costado mucho hacer amigos. ¡Tengo dos amigos indios….! Yo creo que cuanto más difícil es el país de acogida, más se juntan entre ellos los expatriados del mismo país, ¡es normal…! La crítica que hago es cuando no se hace un esfuerzo por conocer la cultura local. ¡Hay gente que ha pasado por la India sin saber ni lo que es un chai (té indio)! Depende de cada persona.

¡Siete años dan para mucho…!

R: Nos casamos en la Embajada de España y después decidimos tener hijos. Nos pusimos manos a la obra (o “en campaña”, como dicen en Chile) pero a los pocos meses… Quena tuvo un problema.

¿Qué paso?

R: Un embarazo ectópico, que es un embarazo fuera del útero y pone en riesgo la vida de la mujer. La ingresaron rápidamente en un hospital de Delhi y todo fue bien. Aunque -de pronto- me salió la doctora con la trompa de Quena en la mano. ¡Me asusté! Pero, al parecer, en la India es típico que al quitarte un órgano se lo enseñen a la familia, para probar que han hecho su trabajo y despejar dudas. Quena se recuperó muy bien, pero al quedarse solamente con una trompa disminuían las posibilidades de que se quedara embarazada. Nos metimos en un proceso de reproducción asistida (pero no hubo éxito) y luego de fecundación in vitro.

¿En la India?

R: Sí, sí. En la India es muy común la in vitro, se ven un montón de clínicas. Viene gente del extranjero porque están muy bien, tienen estándares internacionales, con la diferencia de que es un 50% más barato porque hay muchísima población, porque los medicamentos son mucho más baratos…

¡Y funcionó!

R: Sí, pero fueron tres años un poco duros. Ahora tenemos a nuestra hija, Josefina Bharat (en honor a la India) y estamos encantados. Y tenemos cinco embriones congelados allá, así que… veremos qué pasa en el futuro. Quizá lo negativo de hacer la in vitro en la India fue que no hay demasiada proximidad entre el equipo médico y el paciente. Y si a eso le unes que tu círculo familiar está lejos… las cosas se complican un poco más.

¿Y el parto?

R: En realidad, estábamos lejos de nuestras familias pero al llevar tanto tiempo fuera ya teníamos nuestro círculo en la India. Además, después de haber estado tres años en el mismo hospital, todo el mundo nos conocía y recibimos mucho cariño. Eso sí, como siempre que pasan cosas importantes, tuvimos que conectar con España y con Chile, así que ¡una locura!

Y ahora acabas de volver a Madrid. ¿Tenías ganas? ¿Te está costando readaptarte?

R: La verdad es que no me ha costado volver. Yo he pasado mucho tiempo en la India y echaba mucho de menos cosas como caminar por las aceras. Eso sí: todavía me siento turista en mi ciudad. Me doy cuenta de que analizo todo mucho más y veo cosas que me llaman la atención como que las parejas se besen en la calle, o ver a gente llorar en la calle… en la India no lo vi nunca. Delhi es una ciudad muy absorbente, te quita la energía. Por eso ahora, a la vuelta, me siento con muchísima fuerza.

¿Tienes algún proyecto en España?

R: Estoy montando una empresa para conectar a viajeros que tienen espacio libre en sus maletas con personas que estén en el destino y que necesitan que les lleven algo: Hand 2 Hand. Yo he tenido muchas carencias viviendo fuera y pedía que me trajeran cosas a través de blog de viajes etc.

¡Qué buena idea para la gente que vive fuera! ¡Ya se nos podría haber ocurrido a nosotros…!

R: Es una combinación de economía colaborativa y logística internacional, y fomenta la reducción de CO2. Se trata de que quien tenga espacio en la maleta, le ponga un precio. Y ese viajero decide si le dan en mano el paquete que tiene que transportar, si lo compra él, si lo recibe por mensajería… Hay algunas barreras pero creemos que las vamos a solventar. ¡En eso estamos!