Se dedica a la perfumería personalizada en París. Habla de su trabajo pero no puede hacerlo demasiado: porque sus clientes son exclusivos y piden confidencialidad, y porque no quiere revelar la fórmula de su solícito servicio. Más que perfumes, acaba elaborando piezas de arte. Para ello trabaja con artesanos, a los que admira y defiende; cree que su estigmatización hará que tengamos que lamentar su desaparición. Dice que, aunque una persona haya usado diferentes perfumes a lo largo de su vida, todos ellos tienen una coherencia. Explora con qué perfume uno se siente cómodo y cuánto quiere arriesgar en la nueva creación, elaborada colectivamente mediante un método de lo más introspectivo.

 

¿Qué significa ser artesano perfumista?

R: Nos posicionamos en la cumbre de la pirámide de la perfumería de hoy en día, ofreciendo una perfumería hecha a medida desde un punto de vista olfativo, pero también en todo lo que se refiere al continente: los frascos, las maletas, las cajas…  Para realizar estos objetos sólo trabajamos con artesanos franceses. Y vamos de la pieza única a pequeñas series. También trabajamos la identidad olfativa de una manera mas amplia, no sólo para una persona sino para un sitio o una marca.

¿Quién consume esta perfumería?

R: Nuestros clientes son realmente especiales, gente de esferas económicas, políticas, del mundo del espectáculo…

¿Puedes dar algún ejemplo?

R: Con el tema de confidencialidad llegamos a extremos un poco obsesivos, forma parte de nuestra oferta y de lo que aprecian nuestros clientes. Tenemos dos casas presidenciales (trabajando para diferentes miembros de la familia), un cliente en la esfera económica mundial bastante conocido, un gran diseñador de moda francés… Ellos no quieren que se sepa.

¿Así que vuestra estrategia de marketing es el silencio?

R: Si buscas en internet ArteSens, verás que nuestra web está cerrada. Porque tenemos una convicción (que cada año revisamos) de no publicar nada. Nuestro idea es ser un poco selectivos y de círculo cerrado. El cliente llega por alguien que nos conoce. Eso es un riesgo enorme, sobre todo cuando empezamos el negocio. A veces se cree que para un negocio funcione debe tener el máximo impacto, pero no para nosotros.

Una vez os contactan, ¿cuál es el siguiente paso con vuestros clientes?

R: Para nosotros el hecho a medida, el sur-mesure que decimos en francés, empieza en el sitio donde trabajamos con ellos: ir a verles allá donde quieran. Ellos pasan mucho por París o Londres y les vamos a ver al hotel o el palacete donde se hospedan.

¿Y qué pasa en esa reunión?

R: Nosotros evaluamos a nuestro cliente, pero no puede ser algo técnico. El arte no funciona así, porque no olvidemos que la perfumería es un arte. Tenemos una metodología para hacer la evaluación del perfil, que consta  de una parte psicológica muy importante. Es lo mismo que en cualquier creación, por ejemplo cuando un arquitecto tiene que hacer una casa para alguien; para proponerte cosas tiene que saber de ti. Cuanto más abras tu persona al creador, más pertinente va a ser su creación.

Y esta parte psicológica, ¿cómo se realiza?

R: Hay mucha empatía dentro de este proceso, muchísima. Hablamos de la vida, de gustos gastronómicos, de todo lo que tiene esta persona a su alrededor, sus pasiones….

¿Y con eso ya sabéis el olor que crearéis?

R: Todo buen perfume tiene un vector muy importante intrínseco a la persona, muy ligado a su patrimonio y memoria olfativa, y que va del nacimiento a los 15 años. Nuestro trabajo es identificar esa parte intrínseca a la persona atada a sus memorias olfativas de placer.

¿Algún otro factor para definir su nuevo perfume?

R: Como en toda creación artística, debemos saber cuán lejos en la creación quiere ir ese cliente. Averiguamos cuál es su zona de confort olfativo: lo que le hace sentir bien. Pero eso no es suficiente porque sólo sería su perfume racional, y eso es aburrido. Como en una pintura o música nueva que vas a escuchar, tiene que haber un vector que te sorprenda y eso es lo que hace que esa obra, esa música o ese perfume te atraiga. Tenemos que explorar cuán lejos de esa zona de confort quiere ir ese cliente y en qué dirección. Hay algunos que son más conservadores olfativamente hablando y hay otros que están muy preparados para ser creativos.

Y entonces empezáis a crear…

R: Trabajamos en cada aspecto con los mejores artesanos. Por ejemplo, según el perfume que queramos crear, trabajaremos con nuestro perfumista más adecuado puesto que cada uno tiene su estilo y su firma. Es como si a Pollock le encargaras un cuadro de Mondrian y viceversa; ambos podrían hacer lo que el otro, pero el alma o el ADN de uno no estaría en la otra pintura. Técnicamente cualquier perfumista puede crear cualquier tipo de perfume, pero quizás no en la excelencia. Nos divertimos contando el número de manos que tocan nuestras piezas. A veces son 40 personas: el artesano que ha hecho la estructura de madera, el que la ha forrado en piel, el que se ha encargado de la costura, el que soplado el cristal, el que ha pulido un metal, el que lo ha gravado a mano…  Llegamos a hacer joyas.

¿Y el cliente tiene derecho a réplica?

R: Hay una fase de llevar ese perfume y comentarlo con él. Es importante que el cliente, aunque no sepa hablar de perfume (no tiene que por qué saber), pueda expresarse. Es nuestro rol acompañarle para hacerle las buenas preguntas para que nos diga los que nos tiene que decir y poder ajustar el perfume hasta que sea perfecto; como un vestido que se tiene que probar. Hasta que la cliente diga: “Esto es lo que quiero”.

Entonces no es sólo un perfume… ¡hay toda una liturgia!

R: Un cliente me dijo que no sabría cómo definirlo. No es una maleta, no es una caja, es un objeto –dijo-, una pieza de arte.

Es elitista…

R: En los años 70-80 en todo el mundo se lanzaban unos 300 perfumes al año, hoy estamos en unas 1.300 creaciones olfativas. ¡Es una locura! El mercado del perfume se ha expandido gracias a economías emergentes como Brasil, que desde el año pasado es el mayor mercado del mundo. Pero el número de lanzamientos es desproporcionado, estamos en una banalización del perfume más que democratización… Justamente nosotros queremos ir a contracorriente de todo esto y reencontrar las bases del perfume. Es nuestra convicción.

¿Por qué ubicarse en Francia?

R: Desde el punto de vista institucional, hay muchas ayudas para crear una empresa; teniendo una buena idea es difícil que no te ayuden. También por la costumbre de esta industria: parece que teníamos que estar aquí [en París], porque eso vehicula un mensaje intrínseco. Es curioso: los franceses tienen expresiones en el lenguaje, como je ne me sens pas bien ici (“no huelo bien este sitio” es la traducción literal para querer expresar que “no me siento bien en este sitio”). Y, desde un punto de vista cultural, la base de artesanos que hay en Francia no se encontraría en ningún otro país. Esa conciencia de la excelencia que tiene el artesano es…

¿Cómo son los artesanos con los que trabajas?

R: Me paso el año viajando por toda Francia buscando nuevos artesanos. Me encuentro con gente mayor sola en el taller. Esas manos un día ya no estarán y no habrán transmitido a nadie su saber. Los artesanos utilizan técnicas ancestrales… Las economías emergentes lo podrán copiar pero nunca tendrán la herencia, el heritage, el haber estado haciendo una cosa como se hacía hace 400 años. Aunque nos parezca imposible estando en una sociedad con tanto acceso a la información, ese know-how se va con las personas.

Pero para que subsistan tienen que tener clientes…

R: El cliente de los artesanos franceses ya no es necesariamente francés, ahí es donde está su desafío del país: ayudar a estos artesanos, que no tienen los medios de marketing, comunicación ni comerciales… para encontrar a ese cliente que ya está más allá de sus fronteras, porque es cada vez menos francés.