Del Dream Team de Cruyff a trabajar en el extranjero. El exfutbolista y entrenador siente que se le minusvaloró  por su decisión de marcharse, como si el único motivo para ir a trabajar a otros países tuviera que ser el de haber fracasado en España. Le duele ese murmullo pero nunca ha dejado de tomar las decisiones que sentía en cada momento, lo cual le sabe a victoria. Siempre ha sentido que era un privilegiado al poder viajar, desde que era jugador en una época en que era un lujo reservado a unos pocos. Su vida en México, Polonia, Perú… le han hecho crecer y los cuenta entre su palmarés profesional y personal.

 

¿En qué países has…

R: He vivido en España, luego me fui a México como jugador, luego otro año allí como entrenador, tres años en Polonia y un año en Perú. Ahora vivo en España pero colaboro puntualmente en la retransmisión de partidos en BeIN Sports (anteriormente Al Jazeera) en Qatar (Doha) y Miami (EEUU), y asesoro a un equipo de Venezuela.

¿Cómo elijes tus destinos?

R: Yo busco sitios donde aparte del tema económico (necesario para moverse) pueda hacer un cambio desde el punto de vista personal. Si me fui a Polonia era porque a los dos años era el campeonato de Europa; en Perú nunca un español había entrenado y la cultura es muy diferente… Siempre buscas unos retos.

Parece que te justifiques…

R: Me fui a Polonia hace 8-10 años, cuando empezaba la crisis fuerte, y la reacción del sector futbolístico fue: “Ah, no triunfas en España y te tienes que ir fuera”. Yo había tenido dos reveses profesionales, se me ofreció un trabajo interesante, lo analicé y me fui. A los dos años se celebraría el europeo y me dije que podía ser una buena oportunidad, tal vez un buen trampolín ya que no me habían salido las cosas en España como yo esperaba y me dije “pues me muevo”. En cambio, la gente, criticaba que me fuera… cuando en realidad no pasa nada, no todo el mundo podemos acertar a la primera ni ser Mourinhos ni Guardiolas.

Como si estuvieras huyendo…

R: Para mí viajar es ver, viajar es vivir, viajar es aprender. Me sorprendí al llegar a Polonia, con unas ciudades espectaculares de las que había oído hablar pero a las que nunca había prestado atención, y eso que conocía mucho Rumanía y Bulgaria… pero allí no habría ido con mi familia. Polonia, en cambio, no tenía nada que ver.

¿Te recibieron bien?

R: La verdad es que cuando llegué a Polonia yo creo que la gente pensaba: “¿Cómo puede venir aquí, a -15 o -20 grados? Seguramente es porque no ha triunfado en otro sitio”. Cada país tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Todo depende del espíritu con el que afrontes esa situación. Eso es lo que mas he aprendido de haber viajado, el ponerme siempre en el sitio de ellos [los locales].

Fuiste un precursor… porque ¡ahora es muy común marcharse fuera!

R: Antes era impensable, queríamos triunfar en España, y ahora hay un bum, resulta que muchos quieren salir porque hay más oportunidades, el mundo se ha abierto mucho al fútbol. Es algo natural. Los técnicos y los futbolistas españoles están muy valorados en el extranjero.

¿En España no?

R: A los entrenadores no los valoran lo que deberían. Parece que todo el mundo pueda hacer eso.

¿En qué estás, ahora?

R: Me estoy concentrando en estructuras deportivas. Me siento capaz, por mi experiencia en diferentes países y como entrenador, de hacer auditoría externa de un equipo en, por ejemplo, Tailandia: analizar la calidad de los entrenadores, del equipo, el plan, su estructura deportiva…  y en base a eso construir un proyecto. O por ejemplo, con un equipo de Venezuela. Al haber estado en México y Perú, sé los problemas que tuve y veo las carencias que ellos tienen… y tal vez, con un proyecto y una dirección externos y una ejecución suya, pueden avanzar. Busco sitios donde pueda aportar cosas diferentes, y que puedan ir de menos a más.

¿Cuáles suelen ser sus fallos?

R: En Perú es la falta de cultura del deporte. Para jugar al fútbol primero tienes que ser un atleta y poder competir cada tres o cuatro días, y a partir de ahí se suman el componente técnico, táctico y psicológico. Ellos creen que por ser buenos ya está; y no. Y otra carencia es que no hay una base ni una evolución. En Europa se suele empezar sobre los seis años, pero en Latinoamérica quizá los hacen a los 12 y por lo tanto pierden una etapa formativa. Es como los idiomas: es diferente un idioma materno que aprenderlo más adelante. Por eso allá los futbolistas se terminan de hacer a los 23-24 años, mientras que, en Europa, en general, se consigue un chaval de élite a los 19-20.

Tu hijo Jon juega en EEUU, ¿no? ¿Has inculcado a tus hijos la pasión por viajar?

R: Sí, juega en Carolina del Norte (EEUU). Yo creo que sí tienen el espíritu viajero, se lo he intentado inculcar. Siempre les digo lo mismo: viajar es aprender. Me los he llevado allí donde he ido porque me a mí se me murió mi padre muy joven y no lo pude disfrutar, también le pasó a mi mujer con sus padres… así que consciente o inconscientemente siempre ha sido algo que hemos tenido claro: intentar estar el máximo de tiempo juntos porque, de pronto un día… ¡bum!. A Jon, por ejemplo, ahora que está fuera, una cosa le va a llevar a otra y ya entra en una rueda, en su propio mundo.

Y tú… ¿siempre has querido viajar?

R: Me he ido haciendo viajero a medida que ha pasado el tiempo. Tuve la posibilidad, siendo jugador en España, de permitirme vacaciones y viajar; eso es un privilegio. También me lo permitió el propio fútbol: En el año 80, con 18 años, viajaba a Rusia, Islandia… El fútbol es una plataforma; no puedes ver muchas cosas cuando viajas con el equipo, pero… algo sí. Yo vi toda la evolución año tras año de la Rusia imperial a la decadencia, cuando de los medios de comunicación no nos llegaban tanta información. En esa época en España una persona normal no podía hacerlo. No sólo he tenido el privilegio de viajar, sino que siempre he sentido que lo tenía.

Pues hoy en día, los jugadores parece que no ven mucho en los desplazamientos con el equipo…

R: Los jugadores de primer nivel ahora se aíslan de todo lo externo y hasta cierto punto es comprensible, porque lo que les rodea es exagerado. Aunque yo creo que en mi día a día seguramente era más feliz que ellos ahora. En la época nuestra del Dream Team, Koeman y yo tomábamos café todos los días de partido en la recepción del hotel con absoluta normalidad, quizá venían dos-tres de una peña… pero había mucho respeto. Esto ahora parece que no es posible. Es un precio caro el que pagan, pero como tampoco han vivido lo nuestro… quizá no ven la diferencia.

¿Te has adaptado bien allá donde has ido? ¿Te has apoyado en otros emigrantes?

R: Me he juntado más con locales, no tengo una necesidad de buscar gente española. Hay gente en todas partes del mundo que es parecida a ti y que está como tú. Cuando ya estás en el sitio, o te adaptas y vives como se hace ahí o no tiende sentido. He conocido a  mucha gente que decía cosas como “en mi país sí que las patatas fritas son buenas”. A mí nunca se me ha ocurrido hacer eso.

¿Y en los vestuarios?

R: Siendo entrenador, el mundo del fútbol te permite conocer muy bien la mentalidad de ese país. En las ruedas de prensa, a la que llevas dos resultados buenos y dos malos, te enteras rápidamente y te adaptas a cómo comunicar, qué transmitir y expresarte según como ellos interpretan. Como persona es muy interesante, es un reto que va más allá del trabajo. Tienes que intentar adaptarte para que ellos sientan lo que tú quieres que sientan.

No parece fácil… ¿Se te dio bien?

R: Cuando estuve en Polonia se notaba que los jugadores más maduros y de zonas más rurales eran más rígidos, más serios, más rusos, no entendían ni una broma. Aprendí a no hablar tanto en grupo, a hacerlo individualmente o en grupos pequeños, y que la persona a la que quieres trasnmitir un mensaje quizá tenga cerca a un amigo suyo y un buen jugador, para buscar que haya una complicidad entre ellos y que se ayuden mutuamente. También hice mucho más uso del vídeo. Tienes que ser más creativo para pensar cómo voy a decir lo que quiero decir y estimularle. Me gusta porque es una constante reflexión.

Gracias por la entrevista…

R: ¿Puedo decir algo?. Hay una frase que siempre les digo a mis hijos, sobre viajar: “Cuando viajas te das cuenta que es diferente estar solo que sentirse solo”. Ahora por ejemplo aquí estoy solo, pero no por la tecnología. Me siento cerca de los míos, porque… lo siento así. Cuando estás fuera, vas a estar solo inevitablemente, pero tienes que saber que tu familia y amigos están ahí (si es que los tienes y no te has enfadado con ellos etc.). Así que no tienes derecho a sentirte solo porque no estás solo. Creo que estando fuera y solo aprendes a contrarrestar la soledad, a desdramatizar situaciones y a quedarte con lo más sólido.