Después de trabajar en Twitter México, emprendió su proyecto. Se dedica a controlar las relaciones públicas en las redes, es decir, a los influencers, y conseguir que gente clave comparta determinados contenidos y se convierta en su prescriptor. La profesión de publicista -para él- tiene fecha de caducidad porque absorbe mucho. Vivió de lleno el bum de las redes sociales y quizá su futuro lo redirija muy lejos de las pantallas, flirteando con la idea de todo lo contrario: lo analógico.

 

¿Tuiteas en español o en mexicano?

R: Depende de la hora en la que esté. Cuando estoy tuiteando y sé que en España ya están dormidos, tuiteo en mexicano. Y cuando sé que todavía están despiertos en España, pongo entre paréntesis la palabra mexicana que se utiliza para el término en concreto, para que todo el mundo me entienda. Cuando vuelvo a España se me escapan palabras, me dicen que ya hablo como un mexicano… pero en México sigo siendo un gachupín [un español establecido en América], por muchas palabras mexicanas que emplees. Sí que… ni de un sitio ni de otro.

¿Por qué es necesario un trabajo con influencers como el que hace tu empresa?

R: Los influencers son relaciones públicas dentro de las redes sociales: se trata de hablar con blogueros, tuiteros, perfiles en diferentes plataformas para que amplificaran los mensajes de las marcas. Antes se pensaba que el contenido era el rey y si tenías un buen contenido la gente ya lo movía y se hacía viral. Pero hoy en día hay tanto contenido digital que si no tienes una estrategia de amplificación, sea la que sea, tu contenido se pierde en la red.

¿Cómo empezaste después de trabajar en Twitter México, con tu empresa?

R: Por Minerita, en los Premios Goya 2014. Era un cortometraje de la productora de unos amigos de la universidad, que no tenía demasiado medios y les ayudamos a darse a conocer. Vi el corto, que hablaba de la situación de la mujer en un cerro minero de Bolivia. Me impactó, estaba muy bien hecho. Les dije medio en broma medio en serio: “Yo os hecho una mano y si ganáis el Goya nos hacéis una mención [a su empresa, DeQuéBuzz]. ¡Ganaron el Goya! Hicimos mucho ruido en las redes, mucha gente empezó a difundir el corto, conseguimos mas de 20.000 visualizaciones antes de los premios.

¿Cómo hicisteis ese ruido?

R: Enviamos una newsletter por correo electrónico a una base de datos de todo tipo de gente, tanto del mundo del cine como de fuera, con el tráiler del corto y con el ‘gato’ de Minerita, (-¿cómo se dice… en México es el “gato”… –¿”Almohadilla”? ¿”Hashtag”? –¡Eso! Se me olvidan palabras españolas…). Y además agarramos a influencers de Twitter: amigos nuestros, actores, productores, artistas, deportistas…  para que lo compartieran. Se creó la espiral que queríamos.Vimos que funcionaba el modelo, además tanto en España como en Latinoamérica, y fue una buena prueba para nosotros. A ellos les ayudó, y a nosotros también para que otra gente del mundo del cine nos contactara.

¿Y el trabajo en las redes sociales es en todo el mundo?

R: Empezamos en España, luego también en México y ahora sí que damos un servicio integral y global. Hemos hecho campañas en Brasil, Indonesia, Inglaterra, EEUU, España, México, Francia… El concepto es: ¿por qué, si internet no tiene fronteras, las ponemos?. Con cuatro portátiles repartidos por EEUU, República Checa, España y México… tenemos una multinacional.

¿Y cómo lo haces para coordinarte con tu equipo desperdigado?

R: Tiramos mucho de Skype, WhatsApp, email… utilizamos las herramientas precisas para estar en contacto. El tema de la diferencia horaria es un hándicap. Pero también se le puede sacar la ventaja: si a última hora de la tarde de un martes me piden una propuesta, reenvío lo que necesitamos a Nacho (él es el que elabora las propuestas porque es el cerebro estratégico de la empresa), que está en Madrid, lo trabaja durante toda su mañana y para cuando yo me levanto, el miércoles, ya está la propuesta hecha para enviársela al cliente a primera hora. Aunque… a veces es al revés.

¿Y cómo es trabajar en el mercado mexicano?

R: El español cuando llega a México lo hace con la mentalidad de que va a la colonia y eso es así aunque sea subconscientemente. Piensas que hablan español, que va a ser muy fácil. De primeras llegas y es gente muy amable, todo el mundo te dice que sí y parece que te vas a comer el mundo. Luego te vas dando cuenta de que el y el ahorita no son tan reales, que es un mercado complicado y que el idioma es muy distinto. Aquí se dice que compartimos idioma pero no lenguaje, y es verdad. Su forma de hablar es muy educada, me han dado grandes lecciones de humildad. De hecho cuando vuelvo a España muchas veces me suena muy agresivo, nuestro español. No decimos por favor ni gracias todo lo que deberíamos. Ellos sí. Pero, por el contrario, como no saben decir que no, muchas veces te mienten.

¿Has amoldado tu forma de trabajar?

R: Para mí en general México es una experiencia increíble, tanto por la gente que es muy acogedora, el país, el DF… y trabajar con mexicanos es muy gratificante, aprendes muchísimo. Me ha servido para humanizarme. Yo era el típico vasco, muy rudo a veces, y ahora soy bastante más relajado. Y eso me gusta.

¿Sigues muy vinculado a tu ciudad de origen?

R: Yo creo que antes la gente emigraba y perdía todo el contacto, porque era muy difícil. Pero hoy en día con Facebook, WhastApp y todas las redes sociales… Al final, aunque estés fuera, te enteras de todo y sí que mantienes un vínculo. Además, mi novia y yo tenemos amigos que nos han venido a ver. Basta que venga uno, para que vuelva, lo cuente, y vengan en tropel. Hemos cogido tal dominio de las visitas que ya tenemos un mail tipo en el que les explicamos cosas del avión, de la moneda… Luego ya tenemos sitios fijos a los que llevarles. Por ejemplo, si vienen en el avión de Iberia de la mañana vamos a desayunar al lado del parque de Mexico… y cosas así. La gente tiene un poco de temor porque sigue asociando México a violencia, pero en cuanto alguien vuelve y les da una buena referencia, se empiezan a animar.

Ahora que has montado tu empresa, ¿es difícil pensar en el próximo reto?

R: Es la típica pregunta existencial que me hago en el avión; cuando vuelas te haces las preguntas que de verdad importan. Yo empiezo a estar cansado del sector de la publicidad. Es muy intenso, tengo 34 años y ya son diez en este mundo y… pasa factura. De hecho, no hay mucha gente de más de 40 años que siga trabajando en publicidad, más allá de directivos. Es una profesión que quema muchísimo. De hecho nos pasa a muchas personas, que ya empezamos a estar cansados de las redes sociales  y buscamos todo lo contrario, como la gente que vuelve al pueblo de la ciudad.