Llegó a Estados Unidos en septiembre de 2007 para hacer un doctorado en la Universidad de Stanford, en San Francisco y, aunque no lo acabó, se quedó para montar una empresa que ahora emplea a 15 trabajadores y tiene clientes como Paypal, eBay… Está destacando en un mundo -el de los ingenieros y el de los emprendedores- que no siempre respeta por igual a mujeres y hombres (y Silicon Valley no es una excepción).  Por lo que cuenta, para saber moverse por las tierras de Google es vital el que equilibrio entre tener carácter y talento, y modestia para crecer y aprender.

 

Cuando dejaste el doctorado en matemáticas computacionales para montar tu empresa… ¿fue un motivo de alegría o de frustración?

R: En Stanford los profesores te animan a que lo hagas. [Mi tutor] me motivó a que montara mi empresa y me dijo “si no va bien, vuelves y acabas el doctorado”. Creo que está más orgulloso de mí ahora que tengo mi negocio, Jetlore, que si hubiera acabado el doctorado.

¿Qué te llevó a montar la empresa?

R: En concreto en Stanford, los estudiantes de doctorado en esos campos llevan la empresa en la sangre, y si no la acaban adquiriendo porque allí todo el mundo habla de empresas. Los edificios de la universidad [de Stanford] tienen nombres de creadores de empresas. Vas al edificio de Packard, al de Bill Gates… esta es el aula de Google, esta es la de Intel. Oyes todas estas historias y piensas que quieres ser uno de ellos. Un profesor mío fue cofundador de Pixar y tiene dos Oscar; otro, cofundador de Tableau, que hace poco salió a bolsa.

¿Cuál fue el origen de Jetlore?

R: En 2010 empresas como Facebook y Twitter no habían salido aún a bolsa y se hablaba de cómo monetizarían sus proyectos y harían dinero. Todos pensaban que podían hacer lo mismo que Google, con su cuento de hadas con los anuncios… Nosotros pensamos que podía ser interesante crear un buscador dentro de esas plataformas. Desarrollamos una tecnología para procesar texto corto y tener así un sistema muy inteligente que podía hacer búsquedas a través de texto corto. Cuando explicábamos lo que teníamos la gente se emocionaba, pero nos dimos cuenta de que no funcionaba. Estábamos intentando aplicar esta tecnología a las redes sociales, pero… ¡la gente no va a Facebook y Twitter a buscar cosas!.

¿Entonces…?

R: Pensamos: “¿cómo podemos aplicar esta tecnología?, ¿dónde podría brillar esta tecnología?”. Y decidimos aplicarla a productos para empresas. Nos dimos cuenta de que, para las empresas de venta online, lo que genera más dinero son las ventas a través de email. Y aplicamos la tecnología a ese campo.

Así que primero fue la tecnología y luego… el negocio

R: Este orden no es el recomendable. Porque no toda tecnología puede tener una empresa o negocio detrás. En nuestro caso hemos tenido suerte de poder encontrar un producto; nos ha llevado unos años.

¿Por qué os contratan vuestros clientes?

R: Las empresas de venta online se gastan mucho dinero en anuncios en internet, televisión… sólo para conseguir que vayas a su página y les des tu dirección de email. A partir de ese momento te suscribes a sus listas y te enviarán mensajes para venderte productos. Entre el 20% y 50% de ingresos de las ventas de los comercios online vienen por ahí, del email. Groupon fue el primero en poner en estos correos su mercancía, con un bodegón de productos. Es decir: emails diseñados para facturar más dinero. Para ello, todas las empresas que como Groupon envían estos emails tienen a un grupo de tecnología e ingenieros para fabricarlos. En cambio, con nuestra tecnología hemos demostrado que podemos procesar texto de los productos, generar más ventas haciendo emails más eficientes y automatizar la creación de estos correos, para que cualquier persona en la empresa pueda configurarlos.

Y ya lo hacéis para…

R: Ebay, Paypal, onekingslane, Linio… Estamos  en un punto en que tenemos que explicar lo que hacemos y lo que hemos conseguido, y expandirnos a otras empresas.

¿Y era necesario que lo hicieras desde Silicon Valley?

R: Ya es difícil trabajar para estos gigantes estando aquí, porque sólo si les proporcionas algo interesante pueden querer comprarte y, antes de eso, trabajar contigo. Estando en Europa o en Latinoamérica… no te pueden comprar y entonces no les interesa. Y trabajar para empresas grandes te abre muchas puertas.

Eso de que en EEUU es tan fácil para el emprendedor… ¿es un mito o no?

R: Montar una empresa aquí es cuestión de rellenar un formulario. Es facilísimo. No pagas impuestos por tenerla, ni tampoco mientras tengas pérdidas. Y no sólo eso, sino que además te dan un crédito para esos años de pérdidas. El peso no recae sobre ti, sobre la persona: si la empresa falla se declara en banca rota y los fundadores no pierden su dinero. ¡Esto es enorme!. Aquí contratas a una persona y la despides en el mismo día. Es bueno para los dos, porque el empleado también tiene la libertad de moverse.

R: ¡Esto es un mercado del empleado!. Puedes pensar “qué mal tener un empleo y pensar que en cualquier momento me puede echar sin indemnización”. Pero hay mucho trabajo. Aquí va al revés: se dan todo tipo de beneficios a los empleados para conseguir mantenerlos. El miedo que tengo es a que me vaya la gente, necesito contratar y tengo que pensar cómo hago para mantenerlos. Las empresas dan a sus trabajadores comida gratis, seguros médicos, flexibilidad, vacaciones… En EEUU es muy común que todos los empleados tengan acciones de la empresa, no sólo los fundadores; el emprendedor es el primer interesado en que se impliquen; es un incentivo más y… vale la pena. Mientras, en España, la situación es “no quiero contratar por si luego la empresa me va mal no tengo dinero para pagar el despido”.

Vives en un ambiente en el que hay mucha gente intentando hacer negocios y relaciones públicas. ¿Se vuelven interesados? ¿Hay trepas? ¿Se tiran al cuello de otros?

R: Sí, sí que hay gente así… pero creo que no pasa tanto con la gente que vive aquí, ya que formamos parte de la red: todos nos conocemos y estamos conectados… Todo el mundo conoce a todo el mundo. Para llegar a alguien, pides ayuda. Los trepas se ven de lejos, quizás hay más entre los que vienen de fuera sólo por una temporada. Pero hablando con las personas, sabes quién ha montado algo, es interesante y domina, o si simplemente quiere meterse en el ambiente de Sillicon.

¿Sois muy herméticos?

R: La mejor manera de meterse en este mundo si vienes de fuera es trabajar para una empresa joven, start-up, y que ellos te presenten gente etc. Nosotros fuimos a través de la red de Stanford, que es muy fuerte, y fue más sencillo.

Viniendo de la ingeniería… ¿cómo te has movido en el mundo de la empresa?

R: Adquirí los conocimientos sobre la marcha. Ha sido un curso duro a través de la práctica: Escuchar los consejos que te dan, saber filtrar lo que es bueno y lo que no es bueno, probar, aplicarlos, ver los resultados y aprender.

Como empresaria mujer, ¿qué tal es Silicon?. ¿Es un territorio muy masculino?

R: Hay muchas menos mujeres, desde luego. Es un mundo bastante masculino; aquí hay mucha intención por luchar por la igualdad, pero de tanto que lo repiten acaba siendo negativo. Creo que es mas difícil que te tomen en serio si eres mujer. Cuando te diriges a clientes es igual: para un cliente lo que importa es tu producto, da igual quien fundó la empresa. Pero cuando llega la hora de ir a pedir financiación… envío a mi socio a que lo haga él. Creo que es más efectivo porque lo toman más en serio que a mí. Cuando los inversores ven a una mujer y del campo técnico, tienes que luchar contra los estereotipos. Suelen pensar que eres la del marketing. Yo, con Jetlore, estoy probándome y después ya me van a ver de otra manera, seré una senior entrepreneur (emprendedora senior), y eso ya se ve con distintos ojos sea mujer u hombre. Pero, siendo mujer, que confíen en ti desde el principio es un poco mas difícil.

¿Qué diferencia hay entre vivir en Silicon Valley o un poco alejada, como tú?

R: Nosotros estamos en Sunnyvale, porque no queremos salir y que todo lo que oigamos por la calle es “startup” como en Palo Alto. Es… ¡demasiado! Nos gusta estar más apartados. Ahora queremos hacer crecer la empresa y para eso me es igual estar al día de lo que hacen otros; no queremos estar en todo el meollo de emprendedores. Además, los precios ahí están desorbitados para el alquiler de oficina. Silicon Valley no es el sitio, es la red de conexiones. Nosotros tenemos nuestra red y no importa que estemos 5 km. al sur.

¿Es fácil para las startups contratar a extranjeros?

R: Ahora mismo traer gente de fuera no es una opción porque la cosa de inmigración se ha puesto bastante difícil. Todos los grandes (Facebook, Google…) están empleando a tanta gente que están agotando el cupo. En EEUU cada año se permiten 85.000 nuevos visados de trabajo. El periodo se abre el 1 de abril. Cuando yo empecé a trabajar, el cupo se agotó en enero del año siguiente. Este año, en los primeros  cinco días se han recibido más de 200.000 solicitudes. Está muy difícil venir a EEUU ahora mismo. Estamos pensando en abrir oficina en Rusia, para poder emplear a ingenieros rusos (el director técnico de Jetlore es ruso), y también en Alemania y España.

¿Hay burbuja?

R: Son tiempos buenos. Esto seguirá creciendo porque la burbuja no está en la bolsa. La economía en EEUU está muy bien. A estas empresas grandes a las que les va tan bien necesitan invertir su dinero en alguien. Los inversores ahora están teniendo mas cuidado. Hay mucho dinero pero no lo invierten en cualquier empresa, se la estudian mucho. Eso sí: cuando deciden que quieren invertir en ti, les es igual cuánto. Tienen mucho capital y prefieren invertir mucho en ti porque hay muy pocas empresas en las que quieren invertir. Es cierto que las valoraciones son muy altas para algunas empresas, pero Silicon Valley no se va a hundir. Lo que puede pasar es que estos inversores reciban el capital de vuelta sin ninguna ganancia.