Mientras recorría camino, este nómada se dio cuenta de que quería recuperar una pasión enterrada: las marionetas. Hizo calle, probó muchas cosas mientras viajaba, se formó y cofundó “Marionetes Nòmades”. Su compromiso social ha hecho que encuentre el equilibrio entre hacer bolos por todo el mundo que le den ingresos y los viajes con fines sociales para llevar el teatro a lugares desfavorecidos.

No alardea de todo lo que ha vivido pero no hace falta, ya lo decimos nosotros: ha vivido mucho. Entre otras cosas, cruzó el Atlántico en una vieja embarcación de pesca. Grandes peripecias para conseguir pequeñas grandes cosas, como actuar con un espectáculo de piratas frente un público tan particular como el de Burkina Faso, donde la mayoría no han visto el mar y ni si quiera tienen una palabra para designarlo. Suerte que el lenguaje de las marionetas es universal.

 

¿Por qué viajas?

R: Soy titiritero y viajo por motivos profesionales, afortunadamente porque nos sale trabajo en el extranjero, ya sea para hacer funciones de nuestros espectáculos de títeres u otro tipo de colaboraciones, como para participar en rodajes.

¿Y tus marionetas ya nacieron con vocación de ver mundo?

R: El proyecto que nos juntó al equipo fue el de una gira artísitca con los títeres por África. Nos acabamos centrando en Burkina Faso. Allí nació Marionetas Nómadas, con esta inquietud por viajar por otras latitudes.

¿Y en qué consistía esta gira?

R: Ofrecíamos uno de nuestros espectáculos, “El tesoro del pirata”, una historia de aventuras protagonizadas por un pirata, una sirena… Tienen un tesoro que encontrar y superan peligros. Es una historia muy sencilla a nivel argumental, es teatro de tipo popular hecho con marionetas de hilo.

¿Tiene mensaje el espectáculo? ¿Lo representabais con voluntad de concienciar sobre algún tema?

R: Es básicamente diversión. Aunque el espectáculo tiene un mensaje subyacente: los amigos y el amor son mayor tesoro que un cofre lleno de monedas de oro. No me atrevería a decir que con nuestros espectáculos intentemos sensibilizar o concienciar, más allá de lo que un artista puede aportar con su obra. Sólo queremos llevar el teatro de títeres allá donde no llega. Nuestro objetivo es ir a sitios donde los niños y adultos tienen una vida bastante dura, y llevar este espacio de magia que es el teatro.

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¿Cómo os hacíais entender?

R: Es un espectáculo que es tan sencillo a nivel argumental que lo hemos realizado en muchos países (y muy distintos) y en muchas ocasiones sin dominar la lengua. Salimos del paso memorizando unas cuantas frases en la lengua local y logramos que el público siga la historia. Creo que las marionetas tienen un poder de fascinación universal: el hecho de que un objeto inanimado cobre vida impresiona por igual a cualquier cultura y en cualquier país.

Sí que hay diferencias de código. Hemos estado en países que nuestro público era la primera vez que veía -ya no un espectáculo de títeres- sino un espectáculo teatral. El código de que al acabar el espectáculo se aplaude, no lo siguen.

¡Tiene que ser muy curioso!

R: Otro ejemplo es el hecho de explicar una historia de piratas en un país como Burkina Faso, que no tiene mar… ¡No existe ni la palabra mar en el idioma local, sino que lo llaman “gran agua”!. Cualquier espectador que tenga una televisión o cultura audiovisual, cuando vea un mar y una aleta que se asoma entre las olas, interpretará que hay un tiburón. En cambio en un país como Haití o Cabo Verde, donde la mayoría de la población no es que no tenga televisión sino que seguramente no tenga ni electricidad en casa, no interpreta que el triangulito gris moviéndose en la superficie sea una aleta de tiburón. En esos casos, lo primero que hacemos es sacar la cabeza del tiburón, para que lo identifiquen.

¿Y hay algún código común en todos los países donde habéis actuado?

R: Una cosa curiosa es que hemos descubierto que la sirena -como idea- existe en todos los países. ¡En Burkina Faso no tienen mar pero existe la sirena!

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¿Cómo son vuestros títeres y cómo los transportáis?

R: Las marionetas miden unos 50 cm, las construimos nosotros con madera y las operamos desde arriba a través de hilos. Para “El tesoro del pirata”, nos movemos con dos cofres con ruedas y ahí nos cabe todo el espectáculo.

 ¿En qué otros proyectos habéis trabajado?

R: Hemos trabajado en un rodaje de un anuncio en la India, en Corea actuamos con una orquesta de cámara rusa… Este tipo de bolos son los que realmente nos dan de comer y luego nos buscamos la vida para encontrar financiación para los proyectos sociales o vamos en calidad de voluntarios. Por ejemplo, estos días iremos a Beirut a actuar en campos de refugiados sirios, iraquíes y palestinos, en colaboración con Payasos sin Fronteras y con Unima (Unión Internacional de la Marioneta).

Parece un buen equilibrio para hacer sostenible el proyecto.

R: Sí… Y ya estamos ultimando un nuevo espectáculo para adultos inspirado en nuestras experiencias tanto en África como Haití. Es sobre un conflicto de violencia doméstica en el seno de una familia africana. Son títeres de tamaño humano y ha sido ambicioso. Para nosotros ha supuesto un paso adelante como compañía.

¿De dónde te surgió esta vocación?

R: En la universidad hice un curso de cuentacuentos y pensé que sería muy potente añadir un elemento visual a la narración. En Barcelona, un maestro me enseñó a construir y manipular marionetas. Aunque durante muchos años me dediqué a otras cosas, las recuperé en un largo viaje por Latinoamérica (sobre todo en Perú y Colombia), por Centroamérica (Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala…). No se podía decir aún que me ganaba la vida con las marionetas, pero hacía actuaciones, calle… Luego estuve en México y en EEUU, donde lo de hacer marionetas fue un fracaso, no me comí un rosco y acabé en la cosecha de la marihuana. De allí salté en una isla del Caribe, Guadalupe, y acabé trabajando de cocinero. Al volver a Europa, me estuve formando y se consolidó Marionetas Nómadas.

¿Y cómo llevas eso de seguir viajando pero ahora con un campamento base?

R: Antes, lo de volver a Barcelona lo llevaba muy mal, my única aspiración era seguir rulando. Pero con el tiempo he empezado a valorar las cosas guapas de vivir en esta ciudad: estamos de puta madre, tengo colegas, un ambiente de trabajo buenísimo en el taller con gente la mar de maja… y si encima de vez en cuando me voy de paseo haciendo lo que me gusta pues… es fantástico.

Ahora mismo es otro tipo de viaje, no es un viaje tan  iniciático… pero en esta situación estoy aprendiendo otras cosas, creciendo como artista, viviendo experiencias muy enriquecedoras… y el hecho de ir y venir, de tener un pie aquí y un pie fuera, la verdad es que me satisface bastante.

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