Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos

Pablo Neruda

 

Aunque parezca mentira, para muchos a veces es más fácil irse que volver, quizá porque no se esperaban que la vuelta les iba a traer si quiera complicaciones. En el recién publicado libro de Noemí López Trujillo y Estefanía S. Vasconcellos, Volveremos, que recoge testimonios de emigrantes españoles, se advierte de que a la vuelta puedes sufrir el “Síndrome del teatro vacío“: reconoces el sitio y el escenario, pero el público y los actores no son los mismos o ya no están. ¿Te suena?

Esto es lo que siente Sonia, de 21 años y originaria de Tenerife. Se fue de Erasmus a la conocida como “la ciudad más fea de Polonia”: Łódź. Los inicios no fueron fáciles: otro país, otro idioma, una cultura muy fría y no especialmente amable con el extranjero… Pero, al poco tiempo, sintió que se había hecho al lugar y que esa experiencia estaba siendo muy gratificante. “Volví por vacaciones, en Navidad, y fue durísimo. Nadie era consciente de que yo había vivido cosas diferentes allí, me había relacionado con otros y, a la vez, yo me había perdido tres meses de mis amigos y todo lo que les había pasado a ellos”, explica.

Sonia estaba tan contenta en Polonia que amplió su estancia hasta final de curso, intentando alargar el regreso. “La vuelta en junio fue chocante, aunque ya supiera que sería así”, cuenta la universitaria. De hecho, tanto se imaginaba las complicaciones a su vuelta que decidió –previamente- preparar el terreno: publicó en Facebook una carta en la que pedía a sus amigos y familiares “que por favor tuvieran paciencia” con ella a su vuelta. “Les advertía de que no me iba a adaptar fácilmente a vivir otra vez en una isla pequeña, después de haberme recorrido toda Europa y de haber tenido total independencia”, relata. “También pedía que entendieran que mi concepción del mundo era diferente, que había conocido a otros amigos y que -por primera vez- ¡eran amigos a los que yo había elegido!, y que tuvieran paciencia cuando me pusiera muy pesada comparando cosas con otros países europeos”, cuenta la joven canaria.

Pero por mucho que se lo oliera, no pudo evitar el shock: “No sentí alegría cuando llegué, porque no estaba preparada para volver y porque, a pesar de que iba a ver a personas que había querido toda mi vida, sabía que había otras a la que quería incluso más y no las iba a volver a ver”, admite Sonia

Y es que siempre cuesta decir adiós.

¿Por qué volvemos?

“La mayoría de veces, la gente que se va al extranjero no dice ‘me voy y no voy a volver nunca’. Pero es cierto que según van pasando los años, las posibilidades disminuyen y acaban siendo emigrados por más tiempo de lo que nunca llegaron a imaginar”, explican las autoras de Volveremos. A no ser que sea porque nuestro proyecto profesional o académico acabe (como en el caso de Sonia), ¿qué nos lleva a querer volver?

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Se suele decir que hay un punto de inflexión en torno a los 5 años de vida en el extranjero; una especie de crisis existencial en la que, como emigrante, te planteas o bien seguir adelante con tu vida fuera, o bien regresar a tu lugar de origen. En otras palabras: O bien te compras un sillón orejero (símbolo inequívoco del asentamiento en un lugar), o bien haces las maletas.

Debe recalcarse que el lustro en el extranjero marca un punto de no retorno que no sólo tiene que ver con el tiempo transcurrido, sino con la edad en la que te pilla (¿crisis de los 30?, ¿de los 40?), con tu situación familiar (¿se hacen mayores tus padres y querrías cuidar de ellos?) o con los planes de futuro (¿quieres tener a tus hijos en España? ¿Quieres volver con ellos a España antes de que entren en la adolescencia y pueda suponerles un trauma tanto cambio?).

Y es que a veces la vuelta, aunque sea buscada, puede generar sentimientos encontrados, porque en parte una parte de ti también querría quedarse en el extranjero. Esta teoría se ha bautizado como el chocolomo por uno de los protagonistas de Volveremos, destacada en la primera página.

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En cualquier caso, cuando se decide volver, tenemos que tener presente que no va a ser un camino de rosas porque -seguramente- las cosas no estarán como las dejamos, ni nosotros somos los mismos que cuando nos fuimos. Desde el punto de vista de Noemí y Estefanía, los españoles en el extranjero “son conscientes de que la vuelta es difícil y de que si vuelven no todo va a ser mágico”. Además, “normalmente, si vuelven, es porque han encontrado ya un trabajo con unas condiciones que se ajustan a lo que buscan”, opinan las periodistas.

¿Cómo volvemos?

Raúl Gil, uno de los socios de Volvemos.org, ayuda precisamente a personas que quieren regresar a España buscándoles opciones laborales en el país. Creó esta plataforma para sensibilizar sobre la temática y dar acompañamiento para que emigrantes que desean regresar puedan encontrar su camino profesional en España. “Conectamos a emigrantes que están fuera y tienen experiencia internacional con empresas en España que buscan ese talento. No sólo han adquirido habilidades en cuanto a idiomas, sino capacidad de adaptación, flexibilidad etc.”. Por eso, desde Volvemos.org no valoran tanto los currículos de las personas como las historias personales, porque hablan mucho del carácter de los candidatos y “luego, eso sirve”.

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Su premisa es “si te fuiste, vuelves mejor”, por lo que buscan que los emigrantes aprovechen las cualidades adquiridas habiendo trabajado en el extranjero o en entornos multiculturales y les entrenan para que sepan vender esas cualidades en sus entrevistas de trabajo para puestos en España.

Además, es importante -según él- que el nuevo trabajo cumpla las expectativas del emigrante y no se sienta defraudado o frustrado en su retorno a España. Raúl habla desde la propia experiencia. “No quiero ni imaginarme si yo hubiera vuelto de Berlín a Santoña (Cantabria) y sin ningún plan laboral”, explica el emprendedor, haciendo referencia al shock de la vuelta con un ejemplo “extremo”. (Y que no se entienda como soberbia).

La aventura de la vuelta

Víctor Colmenarejo, que ha vuelto recientemente después de 5 años en Moscú, admite estar un poco estresado con su vuelta, sobre todo por la incertidumbre a nivel laboral: “no es fácil”. Pero hace una advertencia justamente en la dirección contraria: “Mi consejo es no centrarse solo en el trabajo, sino dedicar tiempo y hacer un esfuerzo por recuperar amigos, crear o afianzar círculos sociales… así te vacunarás contra el sentirte un extranjero en tu propio país“.

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Y es que tal es la aventura de la vuelta, que al revés de las personas que abren blogs que para contar sus hazañas en el extranjero, Víctor ha decidido hacer lo mismo pero sobre el regreso a España con su blog Repatriado.  

“A la ida te preparas en cierto modo para lo desconocido, para lo diferente y lejano. Recuerdo que, cuando me mudé a Rusia, mis sentimientos eran una mezcla de miedo, adrenalina y euforia. El regreso, en cambio, se percibe en teoría como un regreso a lo conocido”, reflexiona Víctor. Nada más lejos

Psicología de la vuelta

Y es que hay que tener en cuenta que, también desde el punto psicológico, la vuelta es todo un reto. Pocos hacen una “preparación emocional”, como la llama Celia Arroyo, psicóloga especialista en migraciones en Augesis y que también colabora con Volvemos.org.

La gente no se prepara porque cree que no hay nada que preparar, piensan que -al fin y al cabo- es volver a casa, que lo saben todo sobre su país y que allí les esperan familia y amigos. No se dan cuenta de que ellos han cambiado profundamente y también las personas a las que dejaron atrás y que van a experimentar lo que en psicología se denomina choque cultural inverso“, explica la experta.

¿Cuáles son los problemas que se afrontan? Según explica Celia, son de tres tipos: “Relacionales, identitarios y los que yo llamo de asuntos no resueltos“.

Los “problemas relacionales” se dan cuando los que vuelven esperan recuperar sus relaciones familiares y de amistad tal y como las dejaron al irse y se sorprenden de que no es tan fácil reconectar emocionalmente
“Ellos han vivido experiencias que han transformado su manera de ver el mundo, sus valores y su forma de relacionarse con las personas”, argumenta la psicóloga. Complicidad rota, reconstruir su mundo relacional… ya nos imaginamos la situación. “Tras la decepción inicial por ambas partes, es probable que la relación cambie, no tiene porqué ser peor, sólo distinta. Este proceso puede ser doloroso para los que vuelven y para los que les esperaban en España”.

Los “problemas identitarios” tienen que ver con la famosa pregunta de ¿quién soy? Cuando una persona ha vivido en el extranjero, ha incorporado muchas cosas de ambas culturas. Y a veces surge el sentimiento de no pertenecer a nada. De la misma manera que en el extranjero tenían la sensación de no ser lo suficientemente alemán, británico, danés, etc., a la vuelta no se sienten del todo españoles, ni cómodos con todas las pautas de conducta de su cultura de origen. Quieren cambiar muchas cosas a su alrededor y a veces no se dan cuenta de que son ellos los que tienen que adaptarse.

Según la experta, los problemas relacionales e identitarios forman parte del choque cultural inverso y -en mayor o menor medida- los sufren todos los que regresan. ¿Consejo? “Intentar ir integrando sus experiencia de España con la experiencia migratoria de una manera armoniosa, y entendiendo que las dos forman parte de él/ella”. ¿Y si no se se consigue? “Cuando los que vuelven no son capaces de hacer ese trabajo emocional, pueden quedarse atrapados en lo que se conoce como Síndrome de Ulises o del eterno viajero: personas que están constantemente mudándose porque sienten que no pertenecen a ningún sitio y buscan constantemente encontrar un lugar que les haga sentir en casa”, advierte Celia.

De los “asuntos no resueltos” se habla muy poco, pese a que es una situación muy frecuente. “Se trata de personas que emigraron con la fantasía de que los problemas emocionales o familiares que tenían se desvanecieran”. O viceversa: “problemas personales que surgen en el extranjero y que la persona cree que desaparecerán al volver a casa”. Desde el extranjero, uno hace el esfuerzo de regresar a España con un plan, un trabajo etc. “aplazando inconscientemente otros problemas” y, cuando por fin están en España y no son felices, “se dan cuenta de que tienen que hacer otros cambios que no tienen que ver con el lugar“.

Celia pone ejemplos concretos para evitar que les ocurra a los nuevos retornados: “Un caso frecuente a la vuelta es la ruptura de la pareja. Volver es una prueba de fuego. Muchas se separan poco después de llegar, sobre todo cuando la pareja representaba todo el apoyo emocional. Al llegar a España, si la pareja sólo cumplía la función de salvavidas emocional, esto tendrá que cambiar o se romperá. En otros casos, la pareja traía asuntos no resueltos que se iban posponiendo porque la prioridad era… volver a casa“.

Aunque cada persona es un mundo, si transcurrido un año de la llegada el retornado no se ha adaptado, conviene consultar a un profesional. Pero ¿cómo se pueden prevenir los problemas de volver?

“Lo más importante es controlar las expectativas. No estar pensando que volver a casa va a ser coser y cantar y la solución a todos los problemas, no delegar en la vuelta toda la felicidad personal
Volver es un proceso y habrá que lidiar con las dificultades que se presenten. También es importante tener una actitud flexible, ser conscientes de que de nuevo deben adaptarse”, aconseja Celia Arroyo. Además, puede serles “muy útil” estar en contacto con personas que también han regresado.

Paradójicamente, los que vuelvan tendrán que aplicar las mismas herramientas que adquirieron al integrarse en otra cultura en el extranjero. “Sólo tendrán que poner en práctica de nuevo esa capacidad” y mentalizarse de que es casi como ir a un nuevo país.